Al hablar en el acto para recordar a los caídos y veteranos de la guerra de Malvinas, Cristina Fernández de Kirchner recordó "la imagen de mi hijo Máximo, tenía cinco años, jugando todo el tiempo sentado frente al televisor en la cocina viviendo la guerra con sus soldaditos de plomo, para él era una juego de chicos, para otros había sido una jugada política".
"En el medio estaban los millones de argentinos que supimos diferenciar una gesta histórica de lo que nunca habíamos aceptado que era la violación de la democracia, y habla de la nobleza de nuestro pueblo y junto a él miles de soldados que fueron a luchar y morir por la Patria junto a oficiales y suboficiales", destacó.
Fernández de Kirchner destacó la necesidad de "seguir construyendo un país fuerte y respetado" para que el reclamo argentino se escuche en todos los foros del mundo.
"Con la fe puesta en Dios y con el trabajo que todos debemos seguir haciendo para construir un país fuerte y respetado, para que nuestra voz sea escuchada en los foros de todo del mundo denunciando un enclave colonial en nuestro territorio", señaló.