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ESPECIAL MALVINAS
La lucha contra el hambre "Comimos de los tachos de basura"
Juan José Páez del Regimiento 8 de Infantería de Ejército, con asiento en la ciudad de Comodoro Rivadavia, contó su experiencia en la Guerra de Malvinas, desde su partida del continente a las islas. Como así también la batalla que libraron para mantenerse con vida, no solo luchando contra los ingleses sino contra el hambre y el frío.
Juan contó que debido a la proximidad que tenía la base de su regimiento con las islas y con un aeropuerto, por los movimientos que se veían se sabía de un pronto ingreso a un conflicto armado, pero que creían que los enviarían a custodiar la cordillera por la crisis que había con Chile “Veíamos mucho movimiento y se decide el 31 de marzo que vayamos a Las Malvinas”.
Con el rango de Cabo 1º y un grupo de 23 soldados a su cargo, tuvo que partir hacia las islas en un avión Fokker F – 28, según su relato, para arribar el dos de abril a los que sería su lugar en la historia de la guerra de Malvinas. Antes de partir tuvo tiempo de avisar a su mujer con quien tenia una hija, de tan solo tres meses de edad en esa época, además de enviar una carta a su padres, la que aún se conserva enmarcada y con una frase resaltada: “Yo no voy a morir, yo voy a volver”. La lucha contra el hambre Mucho se habló sobre los padecimientos que sufrieron los soldados en las islas, frío, hambre, falta de equipamiento, pero lo que marcó a muchos fue la falta de comida, que ocasionó que mucho de los que volvieron tras la rendición ala continente, tuvieran muchos kilos menos. “Hasta el 15 de mayo comíamos medianamente bien. Después comíamos los que podíamos” cuenta Juan sobre los problemas con las raciones de alimentos. “No había comida, a veces mataban cuatro corderos y éramos 180 en el sector, no alcanzaba para nada. El jugo de los corderos hervidos lo hacían desayuno, pero a dos kilómetros donde estaba el pueblo de mi posición, llegaba grasa de cordero que no se podía comer. Alzábamos nieve del piso y eso comíamos”. En su relato sobre esta parte de la guerra en la isla Juan continúa “Una vez con mis soldados fuimos a buscar en los tachos de basura para comer, esto les puede doler a muchos, pero buscábamos comida en los tachos de basura del pueblo”. También relató como se escondía la comida a los soldados por parte de los oficiales. Una noche se lo envía a realizar la custodia de la casa del gobernador de las islas, el General de Brigada Mario Benjamín Menéndez. Estando en la parte de atrás de la casa ven salir a una persona de la casa y dejar una bolsa tipo consorcio en el tacho de basura. Junto a su compañero de guardia se dirigen los dos a revisar el tacho y allí descubren un pollo casi entero junto con tallarines, comida que recogen y lo guardan, para llevarlo después a su posición para compartirlo junto con sus compañeros. La isla Tras el arribo a la isla, Juan prosigue con su relato “El regimiento nuestro se divide en tres, uno a Puerto Argentino, otro a Darwin y el grueso en Bahía Zorro donde estábamos nosotros y en términos civiles éramos vecinos con la Compañía de Artillería 9 de Sarmiento con el Turco Seineldín”. Allí en los refugios, pozos de zorro, cavados en el frío suelo malvinense, Juan ocupaba el del medio en la posición que les tocaba cubrir “tenía que ser un poco de todo servir de psicólogo también”ya que el trabajo de levantarles el ánimo era continuó. “Todos estamos aquí, pero el primero que va a caer soy yo. Porque yo estoy aquí porque me gusta, ustedes están por obligación” les arengaba a sus soldados “compañeros” y continúa “teníamos una cadena de mando. Si caigo primero, usted Cuello va a tirar, después Álvarez” esa era la orden de sucesión para defender la posición ante el avance enemigo. El animo de la tropa era difícil por las condiciones, por la incapacidad “Nos tiraban desde las fragatas a casi 30 kilómetros. Nosotros teníamos un cañón que llegaba a 11 kilómetros el de mayor alcance” cuenta Juan.
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