Santiago del Estero | Diario Panorama
Miercoles 3 de Diciembre de 2008
Santiago del Estero, Argentina
Memorias del líder de la logia P2
Licio Gelli reveló cómo inició a Juan Perón en la logia de los masones
Fue uno de los hombres más poderosos del mundo gracias a los vínculos de Propaganda Due (P2), la oscura organización que encabezó. Se le atribuye participación en atentados, golpes de Estado y en el escándalo del Banco Ambrosiano, pero siempre fue sobreseído. Sus vínculos con Perón, su respaldo a Isabelita y los militares.
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El ex presidente Juan Domingo Perón entabló una estrecha relación con Licio Gelli a partir de su exilio en Madrid. En septiembre de 1973 el hombre de la P2 estuvo en Buenos Aires y fue condecorado por el líder del Justicialismo con la Orden del Libertador San Martín.

Perón se inclinó hacia el Gran Maestre, quien lo esperaba con el martillo de plata, el mandil en la cintura y la banda ceremonial ilustrada con el símbolo masón del compás y la escuadra. Cuando su boca estuvo cerca de la oreja de Licio Gelli, Perón separó suavemente los labios y le susurró al oído. Nadie los escuchó. El pasaje de secretos era la forma de ser aceptado. En Madrid, el jefe del peronismo atravesaba la ceremonia iniciática que le concedería el Grado 33 del Rito Escocés y lo convertiría en integrante del Consejo Supremo de la famosa logia Propaganda Due (P2).

“Perón era masón, yo lo inicié en Madrid.”

La voz de Licio Gelli llega del otro lado de la línea telefónica, desde su residencia de Villa Wanda, en la ciudad de Arezzo, Italia. Suena avejentado, pero todo permanece en su mente como una sucesión de diapositivas: sus recuerdos sobre la Argentina, la forma en que conoció a Perón, el modo en que esparció su influencia sobre el tercer gobierno justicialista a través de la P2, sus acuerdos con la dictadura militar, sus años como prófugo de la justicia europea en el Río de la Plata. Poder y oscuridad combinados en la memoria de un solo hombre.

“Perón era masón, yo lo inicié en Madrid, en Puerta de Hierro, en junio de 1973”, reafirma cuando se le pregunta sobre el acto por el que convirtió al jefe del justicialismo en miembro de la masonería.

—¿Cómo fue la ceremonia?

—Fue una ceremonia simple. No era difícil. Era un rito llamado al orecchio del maestro (al oído del maestro).

Gelli no titubea sobre los recuerdos de cuatro décadas atrás, a pesar de sus 89 años de edad. Pocos personajes en el mundo fueron vinculados a una cantidad semejante de conspiraciones como las atribuidas al capo de la P2. La comisión del Parlamento italiano que lo investigó le endilgó contactos con servicios secretos de 32 países. Se le imputó en 1971 la participación en un intento de golpe de Estado contra el gobierno italiano, en connivencia con los servicios secretos del Ejército.

Además fue identificado como miembro de la agrupación internacional anticomunista Gladio, a la cual se atribuyen atentados en diferentes países. Investigaciones periodísticas lo asociaron también con la misteriosa muerte del papa Juan Pablo I y con el escándalo del Banco Ambrosiano, que terminó con el banquero Roberto Calvi colgado del puente Blackfriars de Londres.

Cuando se ausenta de su casa, una amable ama de llaves responde al teléfono: “Il commendatore non si trova”. Y ofrece el día exacto en que su patrón regresará a la mansión solitaria de Arezzo, que lleva el nombre de su fallecida esposa, Wanda, con quien se casó en 1944.

En los tiempos de su exilio español, y antes de su tercer gobierno, Perón se valió de Gelli para reconstruir su vínculo con el Vaticano y para utilizarlo como nexo cuando intentaba recuperar el cadáver de Evita, que había sido ocultado en un cementerio de Milán con el nombre falso de María Magistris.

A la vez, Gelli desplegó en Argentina sus influencias a través de José López Rega, primero, y luego de sus aliados del Ejército, como el ex presidente de facto Roberto Viola y el jefe de los servicios secretos de la dictadura, Guillermo Suárez Mason. Cuatro décadas después, Gelli custodia en su memoria los secretos sombríos de la historia de Italia y de América latina.

Frases al teléfono. De pronto, tras insistentes llamados desde Buenos Aires que comenzaron un año atrás, Gelli atiende en octubre de 2007 a Perfil, un hecho excepcional habida cuenta de la reserva con que conserva su vida privada y los escasos contactos que ha mantenido con el periodismo. Se muestra dispuesto a dialogar. Pero no ahora.

“¿Se viene a Italia?”, propone inesperadamente unos días después, en otro diálogo. Suena genuino en su ofrecimiento. Es necesario correr. Sacar los pasajes. Arreglar el alojamiento. Y cuando todo comienza a tomar forma, Gelli suspende la entrevista. Argumenta que tiene demasiado trabajo. Es verdad, unos ejecutivos de Sony negocian con “il Venerabile” la cesión de los derechos para filmar una película sobre su vida que, según afirman las agencias internacionales, protagonizaría George Clooney. La oscuridad se banaliza.

Los llamados se repiten desde la Argentina, pero siempre surge una nueva postergación.

En diciembre de 2007, en vísperas de la última Navidad, el Gran Maestre de la P2 vuelve a pedir que se lo llame más adelante para contestar las preguntas y se despide con auspicios: “Felicidad y paz”. El hombre de los buenos deseos es el mismo que, por ejemplo, fue acusado de entorpecer la investigación por la bomba que estalló en la estación de trenes de Bologna el 2 de agosto de 1980, la cual mató a 82 personas e hirió a otras 200.

Aunque la entrevista formal no se concreta, Gelli ofrece en sus respuestas telefónicas retazos de recuerdos sobre sus años de poder, que permiten delinear la magnitud de la influencia que la Logia P2 tuvo en la Argentina, tanto en el gobierno de Perón como en la dictadura.

En otra breve conversación, Gelli corrobora la firma de un documento de tres páginas, rubricado en una reunión secreta con el dictador Roberto Viola, donde se acordó la colaboración entre la P2 y el gobierno militar, tal como se lo había revelado con anterioridad al periodista italiano Sandro Neri. (Por Damian Nabot, Perfil).


 

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