[Publicado el 07/03/2010] - Grondona, Van Der Kooy, Castro, Blank y Morales Solá desgranan los principales temas de la agenda política de la semana en los diarios nacionales.
Por Mariano Grondona, para La Nación
Los Kirchner, ¿"temen" caer o "quieren" caer?
Gestos contra actos. Halcones contra palomas. Las palomas están desautorizadas por el peso de los hechos consumados. Los halcones nunca fueron menoscabados durante la experiencia de poder del kirchnerismo. Esa es la historia. En esa lucha desigual se desliza en estas horas también una Argentina desdeñosa y ofensiva.
Lo cierto es que el Congreso se prepara para rechazar el decreto de necesidad y urgencia que le permitió a Cristina Kirchner poner a su disposición una parte importante de las reservas nacionales. El Senado está dispuesto también a negarle el acuerdo a Mercedes Marcó del Pont para ejercer la presidencia del Banco Central. Otras decisiones duras y sorpresivas están siendo preparadas por la oposición.
Senadores y diputados oficialistas comenzaron en la tarde de anteayer a proclamar de viva voz la necesidad de emprender una negociación con la oposición. En conversaciones más privadas, invitaron a los líderes radicales del Congreso a "comer juntos un bife". Comer un bife es fácil. Una negociación necesita un clima propicio, que no está. La oposición tomaba con mucho recelo ese supuesto giro del oficialismo.
Paralelamente a esos gestos incipientes, el diputado hiperkirchnerista Carlos Kunkel planteaba ante el Consejo de la Magistratura la necesidad de investigar una vieja y cerrada causa judicial que involucró al actual jefe de los diputados radicales, Oscar Aguad. Llevó también escuchas telefónicas (que brotaron de los servicios de inteligencia) para enredar a un asesor del presidente del radicalismo, el senador Ernesto Sanz, y acusarlo a éste de prejuzgamiento en el caso del juez Faggionatto Márquez. Kunkel es, como su gobierno, un defensor de la estabilidad del juez más cuestionado de la justicia argentina.
Kunkel avanzó aún más: pidió ante el Consejo de la Magistratura que se investigue qué clase de lazos personales existen entre la jueza Claudia Rodríguez Vidal y el juez Ernesto Marinelli. Son las personas a las que la Presidenta vinculó públicamente como "pareja" para desacreditar la sentencia de la jueza sobre las reservas. Marinelli falló en su momento contra Guillermo Moreno por una denuncia de Papel Prensa; nunca opinó sobre las reservas. La Presidenta le tenía bronca a Marinelli, pero se le confundieron las razones.
El recelo de la oposición tiene fundamentos, entonces. ¿Quiénes expresan mejor a los Kirchner? ¿José Pampuro, Miguel Pichetto, Agustín Rossi, Eduardo Fellner o Kunkel? Hasta ahora, en cualquier negociación que hubo (con legisladores, con políticos o sectoriales) el matrimonio presidencial terminó al lado de los más duros. De Kunkel, de Moreno o de Luis D´Elía. Esa repetida tendencia es lo que expulsó del gabinete a muchos ministros dialoguistas.
Sabe a extraño, además, que un gobierno que vapuleó al Parlamento con los dichos y con los hechos, durante cuatro días expeditivos y feroces, haya descubierto de pronto las bondades de los acuerdos. Peor: funcionarios del Gobierno reconocieron en la mañana del viernes que Néstor Kirchner estaba furioso con el presidente provisional del Senado, Pampuro, porque éste había hecho declaraciones de simple sentido común. La oposición y el Gobierno deben encontrar un ámbito de diálogo , había señalado Pampuro. A Kirchner le pareció que el legislador se encaminaba hacia la traición. Dos ministros, según dijeron esos funcionarios, le transmitieron a Pampuro el enorme fastidio de Kirchner.
En el mediodía del viernes, un operador clave del Gobierno aconsejó a los líderes opositores que bajaran los decibeles de sus declaraciones. Necesitamos 24 horas de serenidad para que las palomas podamos ingresar en la cocina de los Kirchner , dramatizó. Algunos peronistas disidentes entraron en ese juego. Breve juego.
Después, todos los opositores se convencieron de que el Gobierno golpea las puertas de ellos buscando sus contradicciones (que existen, desde ya). El Gobierno dirá luego que quiso negociar, que la oposición se fragmentó y que no sirve para construir , dedujo uno de los líderes parlamentarios de la oposición. El rechazo del decreto de necesidad y urgencia sobre las reservas es una decisión irreversible, dicen los opositores. ¿Qué proponen a cambio? Hay un proyecto de ley de la diputada Graciela Camaño, pero dispone dos cosas: garantizar el pago de la deuda y devolverles a las provincias fondos retenidos durante muchos años. A los Kirchner les dio náuseas.
Hay otro proyecto de ley casi terminado que el senador Carlos Verna negoció el último fin de semana con el jefe de los senadores oficialista, Pichetto. Pero Pichetto, el jefe de los diputados kirchneristas Rossi, el presidente de la Cámara de Diputados Fellner y el propio Pampuro se enteraron en el recinto de que la Presidenta había tirado al cesto de los papeles inútiles todas esas negociaciones.
Ninguno fue notificado con antelación de que un decreto estaba siendo ejecutado en el Banco Central y de que, como dijo una campante Cristina Kirchner, las reservas ya estaban en las cuentas del gobierno nacional. Típica maniobra de los Kirchner: negocian sobre la plata cuando la plata ya está en el bolsillo de ellos. ¿Cómo abrir un diálogo sin un claro mensaje de los Kirchner, que no existe hasta ahora? ¿Cómo, cuando los propios ministros del Gobierno desprecian públicamente la negociación?
Otra parte de la historia es que la oposición entrevé una velocidad de luz en la crisis y que no quiere ser ella la culpable de la inestabilidad presidencial. Retrocede, imagina iniciativas que pospone, cuida la escritura de la historia. No obstante, los radicales anunciaron en la noche del viernes que ellos no darán marcha atrás con las decisiones que ya tomaron. No podemos cambiar nada ahora , señaló Aguad. Avanzarán, incluso, con la nueva coparticipación del impuesto al cheque, que despluma de recursos al gobierno federal.
Un condicionamiento adicional es la presencia de Elisa Carrió en el liderazgo opositor. No hay que tener miedo para defender la Constitución , bramó el viernes. Los Kirchner le han dado a Carrió un derecho a veto en la oposición que ella no tenía , aceptó un legislador radical.
¿Juicio político a la Presidenta? Ningún legislador opositor presentará ese proyecto por ahora. Pero Cristina Kirchner ya está desobedeciendo a la Justicia, que le ordenó que frenara su manotazo a las reservas. Ella dijo que desconocerá esa resolución y los diarios dieron cuenta de que esta vez cumplió con su palabra: estaría usando esas reservas para pagar deuda.
El inicio de juicios penales contra la jefa del Estado es inminente. Sin embargo, la justicia penal tiene un límite frente a una presidenta de la Nación; después de ese límite está el Congreso, el único que puede juzgar políticamente a la jefa del Estado. La oposición dejará que el trámite discurra normalmente, sin apresurarlo, salvo que las decisiones oficiales terminen enloqueciendo las agujas de cualquier reloj.
Los jueces no eran opositores, pero ahora están cerca de convertirse en adversarios. La alusión de Cristina Kirchner a la vida personal de la jueza Rodríguez Vidal provocó un sismo en los tribunales. El derecho a la intimidad es uno de los principales derechos humanos. Las acusaciones presidenciales a jueces corruptos e innominados provocaron otro terremoto. Si no hay nombres propios, ¿no están acaso todos los jueces bajo sospecha de corrupción?
La Corte Suprema de Justicia podría opinar el martes sobre esos ataques a los jueces. No hay decisión todavía de todo el tribunal, pero algunos de sus miembros están proponiendo una referencia de la Corte a la situación nacional. En rigor, estamos como quien recibió un golpe imprevisto por la espalda y todavía no sabe qué pasó , dijo uno de los jueces del máximo tribunal.
Desconfianza. Esa es la sensación más perceptible de la política argentina. Los senadores oficialistas y opositores (antiguos cultores del juego limpio) casi no se saludan. Algún insulto han intercambiado también en los pasillos senatoriales. La tensión es tan grande que ayer fue noticia una reunión entre Julio Cobos y Pampuro. Ellos hablan todos los días. En el mismo instante de esa reunión, un tren con piqueteros de D´Elía arribó a Mendoza para acosar a Cobos en la Fiesta Nacional de la Vendimia, una infaltable cita para el vicepresidente. Cobos decidió no ir por primera vez en mucho tiempo.
La Argentina parecía encontrarse con su historia y con su destino, porque nunca pudo elaborar el inevitable disenso de su política. Huellas de violencia aparecen ahora, además, en medio de esa vieja anorexia intelectual.
Por Eduardo Van Der Kooy para Clarin
Un Gobierno jaqueado como nunca
Los Kirchner consiguieron las reservas del Banco Central. Pero quedaron debajo de una tormenta política. La pérdida de control del Senado fue un golpe duro. El rechazo a la designación de Marcó del Pont en el BCRA, también. ¿Avanza el conflicto de poderes?
Perplejidad y temor. Esas sensaciones empezaron a campear en el ánimo social después de la escalada política que vivió la semana pasada la Argentina. Una escalada -cuyo espolón principal fueron Néstor y Cristina Kirchner- que hizo extraviar la noción de orden y que forzó demasiados límites.
La Presidenta derogó el DNU del Fondo del Bicentenario para dictar otro igual, o similar, con el cual se apropió de la mayor parte (US$ 4.400 millones) de las reservas que deseaba del Banco Central. El resto (US$ 2.200 millones) lo obtuvo con un decreto simple. Se lo comunicó al Congreso cuando ya se retiraba, el día que dejó inauguradas las sesiones ordinarias.
Esa maniobra tuvo un efecto devastador, casi como un sismo. Hizo volar las esperanzas de alguna salida armónica y consensuada al conflicto en que se metió el Gobierno no bien concluyó la actividad parlamentaria del año pasado. Provocó una cohesión monolítica impensada en una oposición heterogénea, que vive entre tironeos y desconfianzas. Selló, más temprano o más tarde, la suerte política de Mercedes Marcó del Pont, la titular del Banco Central. Desató alrededor de la economista otra tormenta que azota a las instituciones: la oposición en el Senado, con algún arrebato, rechazó el pliego de su designación antes de que Marcó del Pont pudiera decir algo. Cristina ha desconocido esa facultad.
La Presidenta fue aún más lejos. También desconoció el fallo de una jueza, Claudia Rodríguez Vidal, que invalidó el último DNU con el cual el matrimonio madrugó al Congreso. Hubo desconocimiento y hubo un peligroso desafío. Anunció que, más allá de lo que digan los jueces, su Gobierno seguirá pagando los vencimientos externos con fondos de las reservas. Desobediencia, cantó la jueza.
Detrás del enojo con el Senado y de la desconsideración con la Justicia se agazaparía algo de mayor gravedad: el conflicto del matrimonio presidencial con los otros poderes del Estado. Ni siquiera la Corte remozada por ellos les resulta fiable. En el Congreso, Cristina machacó que esa Corte sólo es independiente del Gobierno. A buen entendedor, sobran las palabras.
El Gobierno inauguró una insólita campaña de publicidad en televisión contra jueces que fallan en contra de sus pretensiones. Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete, ya había intentado intimidar con un patrullero a la jueza María José Sarmiento, que aplazó en diciembre el despido de Martín Redrado del Central. Ese gesto activó alarmas en el Poder Judicial. En un acto público, Cristina intentó descalificar a la jueza Rodríguez Vidal por su vínculo marital con Ernesto Marinelli. Se trata de otro juez que tuvo intervención en la medida cautelar que frenó el DNU del Fondo del Bicentenario y que neutralizó, además, una decisión oficial en contra de Papel Prensa.
El Congreso y la Justicia al mismo tiempo, entonces, en el ojo del kirchnerismo. En algunos territorios opositores habría empezado a merodear el fantasma de la fujimorización. Veamos: en abril de 1992 el entonces presidente de Perú, Alberto Fujimori, decretó la disolución del Congreso y una profunda y arbitraria reforma del sistema judicial.
Se aprovechó de la decadencia de ambas instituciones pero, sobre todo, contó con la complicidad funcional de la guerrilla cuyos actos terroristas estiraron hasta el colmo la tolerancia popular con él. Tuvo también el respaldo militar. El ex presidente, de origen japonés, cumple hoy en prisión sus 25 años de condena.
Fujimori cometió esa tropelía -permitió además matar y torturar- en el momento de mayor fortaleza política. Los partidos estaban en estado de total desarticulación.
Los Kirchner están en su tiempo de mayor debilidad. Los partidos no lucen nada bien, pero el peronismo, sobre todo, y también la UCR, logran algún reciclamiento. Existen partidos y coaliciones de menor envergadura que hacen su aporte.
El Congreso y la Justicia no gozan de ningún prestigio ejemplar. Pero el recambio legislativo, donde la oposición se convirtió en mayoría, abrió una expectativa social de equilibrio que se había evaporado en los últimos años bajo la prepotencia kirchnerista. La Corte, en medio de un paisaje político e institucional desarbolado, se transformó en una obligada referencia.
Quizás aquellas sombras sobre una supuesta fujimorización apuntarían a otro flanco. Al mismo que pasó por la cabeza de Carlos Menem cuando, luego de ganar la reelección en 1995, la oposición comenzó a fortalecerse. La administración por decreto, soslayando al Congreso. Si ese fuera el sentido, podría admitirse -con licencia- algún grado de fujimorización en los Kirchner.
La idea de intentar gobernar por decreto empezó a tomar volumen luego de la derrota de junio. Por esa misma razón el matrimonio impuso hasta diciembre, con rigor, su agenda parlamentaria a la oposición y sancionó las leyes que quiso. Cuando el oficialismo se convirtió en minoría en Diputados y el Senado, los Kirchner apelaron a los DNU.
Desde diciembre viven de conflicto en conflicto, a los tumbos. Fue gigantesco el error del Fondo del Bicentenario que alumbró la chapucería de Amado Boudou. Fue mucho más tremenda y patética la equivocación del DNU de la última semana, al margen de que se limitaron sus objetivos y se creó una comisión bicameral para controlar el cumplimiento. El problema no radica sólo en el contenido: el problema es la herramienta elegida por el matrimonio para querer gobernar.
Esa herramienta se articula siempre entre cuatro paredes. El último DNU de la discordia fue planeado por los Kirchner en la soledad de Olivos con el asesoramiento jurídico de Carlos Zanini, el secretario Legal y Técnico. Más de un ministro se tomó la cabeza cuando Cristina comunicó la decisión. El rostro de Julio De Vido, el ministro de Planificación, durante el mensaje de la Presidenta en el Congreso fue reflejo crudo de esa realidad.
Los legisladores kirchneristas también se cuidan pero tampoco comprendieron el viraje de los Kirchner cuando en el Senado y en Diputados se negociaba un proyecto de ley con la oposición que tomaba como base el DNU original y polémico. Han vuelto a esa idea con el nuevo DNU de Cristina. Peronistas y radicales, sobre todo, conversan. Pero el resultado está en el aire.
El camino elegido por los Kirchner parece tornarse sinuoso y estrecharse con riesgo. La Corte aconsejó que no se delegaran en la Justicia los pleitos que debía resolver la política. Cristina alegó la excesiva judicialización del DNU del Bicentenario para derogarlo y dictar otro tendiente a barrer escollos y alzarse con las reservas. Los escollos permanecen en el Congreso y en la misma Justicia.
La oposición descubrió en Diputados que todos los proyectos presentados sobre nulidad del DNU habían desembocado en la Comisión de Presupuesto, que controla el kirchnerismo, y ninguno en la de Asuntos Constitucionales, de propiedad opositora. Eso frustró la sesión de la semana pasada, porque para rechazarlo sin dictamen la oposición hubiera requerido la proporción inalcanzable de dos tercios.
Tanta resistencia puede terminar quebrando el dique. Después de que la oposición tomó el control del Senado, la Comisión Bicameral encargada de analizar los DNU sufrió un vuelco: tiene por ahora mayoría opositora por dos votos. Si esos números no se modifican, difícilmente algún decreto de los Kirchner encuentre allí un futuro promisorio.
Seguramente los Kirchner tendrán menos impedimentos con los vetos. Pero la repetición de esos vetos podría empujar al Gobierno a un punto desgastante de fricción e inestabilidad. La oposición pondrá en breve a prueba al matrimonio: esta semana el Senado tratará la reforma a la ley del cheque, que tuvo dictamen favorable en un día. El proyecto forzaría la coparticipación del 100% del impuesto. Las provincias reciben ahora sólo el 15%. Hay en juego $ 7.000 millones. Con el nuevo sistema Buenos Aires recibiría más de $ 2.000 millones y Santa Fe y Córdoba $ 700 millones cada una. Se resentiría demasiado una de las cajas de los Kirchner con la cual mantuvieron, por años, la disciplina política.
La oposición aguarda también el momento para lanzar la ofensiva con retoques al Consejo de la Magistratura. Retoques suficientes para mellar la supremacía kirchnerista. Será una pésima noticia en momentos en que los Kirchner redoblaron su ataque contra el Poder Judicial.
Cristina se defiende con una retahíla de discursos en los cuales abundan las falacias. Acusó a la oposición de querer obligar a su Gobierno a endeudarse por entorpecer el uso de reservas. ¿Acaso no logró que esa oposición le votara en el Presupuesto el derecho a endeudarse? Puso el grito en el cielo por el alto costo del crédito externo para la Argentina. ¿Acaso no recibió por años dinero de Venezuela a tasas de hasta el 16 por ciento?
La Presidenta no está bien. Se le nota en el rostro perturbado y en una disfonía que apena. Cada vez que no está bien vuelve sobre una incierta acción destituyente en el país. Kirchner prepara movilizaciones callejeras para esta semana, tras reasumir en el PJ. Manda a amenazar a cualquiera que proponga una tregua.
En la oposición se entreveran también algunas voces belicosas (Elisa Carrió) con otras que pregonan pacificación (Julio Cobos, Chiche Duhalde). Pero ninguna alcanza a enmudecer los tambores de guerra que parecieran sonar.
Por Joaquín Morales Solá, para La Nación
Entre los gestos y los hechos
Gestos contra actos. Halcones contra palomas. Las palomas están desautorizadas por el peso de los hechos consumados. Los halcones nunca fueron menoscabados durante la experiencia de poder del kirchnerismo. Esa es la historia. En esa lucha desigual se desliza en estas horas también una Argentina desdeñosa y ofensiva.
Lo cierto es que el Congreso se prepara para rechazar el decreto de necesidad y urgencia que le permitió a Cristina Kirchner poner a su disposición una parte importante de las reservas nacionales. El Senado está dispuesto también a negarle el acuerdo a Mercedes Marcó del Pont para ejercer la presidencia del Banco Central. Otras decisiones duras y sorpresivas están siendo preparadas por la oposición.
Senadores y diputados oficialistas comenzaron en la tarde de anteayer a proclamar de viva voz la necesidad de emprender una negociación con la oposición. En conversaciones más privadas, invitaron a los líderes radicales del Congreso a "comer juntos un bife". Comer un bife es fácil. Una negociación necesita un clima propicio, que no está. La oposición tomaba con mucho recelo ese supuesto giro del oficialismo.
Paralelamente a esos gestos incipientes, el diputado hiperkirchnerista Carlos Kunkel planteaba ante el Consejo de la Magistratura la necesidad de investigar una vieja y cerrada causa judicial que involucró al actual jefe de los diputados radicales, Oscar Aguad. Llevó también escuchas telefónicas (que brotaron de los servicios de inteligencia) para enredar a un asesor del presidente del radicalismo, el senador Ernesto Sanz, y acusarlo a éste de prejuzgamiento en el caso del juez Faggionatto Márquez. Kunkel es, como su gobierno, un defensor de la estabilidad del juez más cuestionado de la justicia argentina.
Kunkel avanzó aún más: pidió ante el Consejo de la Magistratura que se investigue qué clase de lazos personales existen entre la jueza Claudia Rodríguez Vidal y el juez Ernesto Marinelli. Son las personas a las que la Presidenta vinculó públicamente como "pareja" para desacreditar la sentencia de la jueza sobre las reservas. Marinelli falló en su momento contra Guillermo Moreno por una denuncia de Papel Prensa; nunca opinó sobre las reservas. La Presidenta le tenía bronca a Marinelli, pero se le confundieron las razones.
El recelo de la oposición tiene fundamentos, entonces. ¿Quiénes expresan mejor a los Kirchner? ¿José Pampuro, Miguel Pichetto, Agustín Rossi, Eduardo Fellner o Kunkel? Hasta ahora, en cualquier negociación que hubo (con legisladores, con políticos o sectoriales) el matrimonio presidencial terminó al lado de los más duros. De Kunkel, de Moreno o de Luis D´Elía. Esa repetida tendencia es lo que expulsó del gabinete a muchos ministros dialoguistas.
Sabe a extraño, además, que un gobierno que vapuleó al Parlamento con los dichos y con los hechos, durante cuatro días expeditivos y feroces, haya descubierto de pronto las bondades de los acuerdos. Peor: funcionarios del Gobierno reconocieron en la mañana del viernes que Néstor Kirchner estaba furioso con el presidente provisional del Senado, Pampuro, porque éste había hecho declaraciones de simple sentido común. La oposición y el Gobierno deben encontrar un ámbito de diálogo , había señalado Pampuro. A Kirchner le pareció que el legislador se encaminaba hacia la traición. Dos ministros, según dijeron esos funcionarios, le transmitieron a Pampuro el enorme fastidio de Kirchner.
En el mediodía del viernes, un operador clave del Gobierno aconsejó a los líderes opositores que bajaran los decibeles de sus declaraciones. Necesitamos 24 horas de serenidad para que las palomas podamos ingresar en la cocina de los Kirchner , dramatizó. Algunos peronistas disidentes entraron en ese juego. Breve juego.
Después, todos los opositores se convencieron de que el Gobierno golpea las puertas de ellos buscando sus contradicciones (que existen, desde ya). El Gobierno dirá luego que quiso negociar, que la oposición se fragmentó y que no sirve para construir , dedujo uno de los líderes parlamentarios de la oposición. El rechazo del decreto de necesidad y urgencia sobre las reservas es una decisión irreversible, dicen los opositores. ¿Qué proponen a cambio? Hay un proyecto de ley de la diputada Graciela Camaño, pero dispone dos cosas: garantizar el pago de la deuda y devolverles a las provincias fondos retenidos durante muchos años. A los Kirchner les dio náuseas.
Hay otro proyecto de ley casi terminado que el senador Carlos Verna negoció el último fin de semana con el jefe de los senadores oficialista, Pichetto. Pero Pichetto, el jefe de los diputados kirchneristas Rossi, el presidente de la Cámara de Diputados Fellner y el propio Pampuro se enteraron en el recinto de que la Presidenta había tirado al cesto de los papeles inútiles todas esas negociaciones.
Ninguno fue notificado con antelación de que un decreto estaba siendo ejecutado en el Banco Central y de que, como dijo una campante Cristina Kirchner, las reservas ya estaban en las cuentas del gobierno nacional. Típica maniobra de los Kirchner: negocian sobre la plata cuando la plata ya está en el bolsillo de ellos. ¿Cómo abrir un diálogo sin un claro mensaje de los Kirchner, que no existe hasta ahora? ¿Cómo, cuando los propios ministros del Gobierno desprecian públicamente la negociación?
Otra parte de la historia es que la oposición entrevé una velocidad de luz en la crisis y que no quiere ser ella la culpable de la inestabilidad presidencial. Retrocede, imagina iniciativas que pospone, cuida la escritura de la historia. No obstante, los radicales anunciaron en la noche del viernes que ellos no darán marcha atrás con las decisiones que ya tomaron. No podemos cambiar nada ahora , señaló Aguad. Avanzarán, incluso, con la nueva coparticipación del impuesto al cheque, que despluma de recursos al gobierno federal.
Un condicionamiento adicional es la presencia de Elisa Carrió en el liderazgo opositor. No hay que tener miedo para defender la Constitución , bramó el viernes. Los Kirchner le han dado a Carrió un derecho a veto en la oposición que ella no tenía , aceptó un legislador radical.
¿Juicio político a la Presidenta? Ningún legislador opositor presentará ese proyecto por ahora. Pero Cristina Kirchner ya está desobedeciendo a la Justicia, que le ordenó que frenara su manotazo a las reservas. Ella dijo que desconocerá esa resolución y los diarios dieron cuenta de que esta vez cumplió con su palabra: estaría usando esas reservas para pagar deuda.
El inicio de juicios penales contra la jefa del Estado es inminente. Sin embargo, la justicia penal tiene un límite frente a una presidenta de la Nación; después de ese límite está el Congreso, el único que puede juzgar políticamente a la jefa del Estado. La oposición dejará que el trámite discurra normalmente, sin apresurarlo, salvo que las decisiones oficiales terminen enloqueciendo las agujas de cualquier reloj.
Los jueces no eran opositores, pero ahora están cerca de convertirse en adversarios. La alusión de Cristina Kirchner a la vida personal de la jueza Rodríguez Vidal provocó un sismo en los tribunales. El derecho a la intimidad es uno de los principales derechos humanos. Las acusaciones presidenciales a jueces corruptos e innominados provocaron otro terremoto. Si no hay nombres propios, ¿no están acaso todos los jueces bajo sospecha de corrupción?
La Corte Suprema de Justicia podría opinar el martes sobre esos ataques a los jueces. No hay decisión todavía de todo el tribunal, pero algunos de sus miembros están proponiendo una referencia de la Corte a la situación nacional. En rigor, estamos como quien recibió un golpe imprevisto por la espalda y todavía no sabe qué pasó , dijo uno de los jueces del máximo tribunal.
Desconfianza. Esa es la sensación más perceptible de la política argentina. Los senadores oficialistas y opositores (antiguos cultores del juego limpio) casi no se saludan. Algún insulto han intercambiado también en los pasillos senatoriales. La tensión es tan grande que ayer fue noticia una reunión entre Julio Cobos y Pampuro. Ellos hablan todos los días. En el mismo instante de esa reunión, un tren con piqueteros de D´Elía arribó a Mendoza para acosar a Cobos en la Fiesta Nacional de la Vendimia, una infaltable cita para el vicepresidente. Cobos decidió no ir por primera vez en mucho tiempo.
La Argentina parecía encontrarse con su historia y con su destino, porque nunca pudo elaborar el inevitable disenso de su política. Huellas de violencia aparecen ahora, además, en medio de esa vieja anorexia intelectual.
Por Julio Blank, para Clarin
Todo el mes político cabe en las fotos de Kirchner y Menem
Más que las palabras, muchas hasta ser demasiadas, y demasiadas veces insensatas, ofensivas, meramente destructivas, exasperadas, con las que se pobló una vez más el aire enrarecido de la política durante el mes que pasó; más que todas esas palabras, dichas con igual efusión por gobernantes y opositores, la mayoría olvidables casi antes de haberlas terminado de escuchar, al final de cuentas lo que queda de febrero son dos fotos.
Enero fue el mes del freno judicial al manotazo sobre las reservas del Banco Central, del patrullero intimidatorio en la puerta de la casa de la jueza Sarmiento, del jopo que al final le desacomodaron a Martín Redrado. Y de la bonita noticia sobre los dos millones de dólares que se había comprado Kirchner.
Marzo empezó con la Presidenta refregándole sus decretos al Congreso el mismo día que le inauguraba las sesiones. Y siguió con el Senado estampándole su respuesta seca y destemplada, arrebatándole al kirchnerismo el control del Congreso y haciéndole saborear una buena dosis de hiel, tan parecida a la que ellos tuvieron que tragarse sin pestañear durante seis años. Y Dios sabe cómo va a seguir.
En el medio quedó febrero, con sus dos fotos.
Empecemos por la última, que fue la de Carlos Menem en La Rioja, la semana pasada. Remerita roja y pantalón blanco, atuendo de jugador de golf, sentado muy cómodo bajo el sol implacable, gorrita con escudo de River y la sonrisa enorme, imposible de borrar. Su imprevista ausencia del Senado, que impidió entonces a la oposición tomar el control de esa Cámara, lo había convertido en el centro de todas las intrigas y objetivo de todas las cámaras.
"No soy una cosa", dijo Menem, pícaro como siempre, en ese fugaz y tan saboreado retorno al centro de la escena.
Lo habían querido cosificar algunos senadores de la oposición que en el reparto de la integración de las comisiones, que se verificó más prematuro que anticipado, lo acomodaron como quien acomoda un bulto. Y un tipo que fue dos veces Presidente por el voto popular merece otro trato, más allá del juicio sobre su década de gobierno y de los juicios que sigue afrontando por algunas de las tropelías cometidas en aquella década.
Esa foto de Menem, ese protagonismo inopinadamente reverdecido, habló más de la sociedad de los argentinos que de los vicios, mañas y enjuagues de sus políticos.
Ese es el mismo Menem que, como todos los de su especie, sobrevivió al "que se vayan todos". No sólo no se fue ninguno, sino que hasta aparecieron unos cuantos nuevos.
Es el Menem que sacó más votos que Kirchner en la primera vuelta de 2003, aunque después se fugó del ballottage porque soldado vivo sirve para otra guerra. El mismo Menem al que habían rendido pleitesía y tributo unos cuantos de los que después fueron duhaldistas y ahora son entusiastas kirchneristas, porque en realidad su condición natural es estar al servicio del que firma los cheques.
La otra foto de febrero, impactante, bien pensada y mejor ejecutada, fue la de Kirchner saliendo de la clínica un par de días después de su operación de urgencia y el susto consiguiente. Esa foto lo mostraba con el cuello de la camisa abierto, la herida sin terminar de cerrar, el hilo de sutura todavía colgándole a centímetros de su carótida felizmente reparada.
Kirchner salió y les dijo "estoy diez puntos" a los cronistas, fotógrafos y camarógrafos que lo esperaban, bajando bien la ventanilla para que pudieran verle la costura. Si hasta dicen que subió unos puntos en las encuestas después de haber superado el trance.
Era la construcción del hombre que todo lo puede y puede con todo. Como aquel Menem que, cuando siendo presidente le tocó vivir su propia emergencia con la carótida, reapareció sonriente recordando que "nadie se muere en las vísperas".
Lástima que Kirchner borroneó un poco el efecto benéfico de ese momento riesgoso cuando, en su apurado primer acto público posterior, derrapó al decir: "Estaba allí recuperándome, viendo cómo Cristina salía a luchar con todas sus fuerzas, y me decía Néstor levantate porque tenés que ayudarla para dar todas las batallas". En fin.
Aquella fue la foto de un Kirchner que se mostraba duro, aguerrido, intrépido. El mismo Kirchner que hace algunos años solía ufanarse ante interlocutores porteños, supuestamente más tiernitos, por su resistencia a las inclemencias del clima en la Patagonia. "Ustedes no saben lo que es eso. El viento empieza a soplar y sopla días enteros. Hay gente que enloquece y termina suicidándose porque no lo aguanta", contaba.
Paso. Gracias. No necesitamos más héroes
Por Nelson Castro, para Perfil
El enemigo está en todos lados
El episodio que se describe a continuación es ilustrativo de los momentos que se están viviendo dentro del Gobierno. Ocurrió el viernes último. El asesor de un ministro interrumpió el diálogo que estaba manteniendo con un visitante para levantar el volumen del televisor, sintonizado en TN, en el que hablaba el senador oficialista José Pampuro, presidente Provisional de la Cámara Alta. Allí, Pampuro corregía lo que había expresado más temprano en un reportaje en Radio 10, en el que había señalado que el llamado al diálogo entre los sectores políticos era responsabilidad del Gobierno. Esto molestó profundamente al matrimonio presidencial, que emitió una orden para que ese ministro saliera a desautorizar al senador en caso de que éste, oportunamente anoticiado del malestar reinante en la Babel de Olivos, no hubiera producido la correspondiente rectificación consistente en decir exactamente lo contrario a lo expresado en su primera manifestación. “Qué suerte que lo hizo. Nos evitó tener que salir a desmentirlo.”
En la semana que pasó, la Presidenta hizo y dijo cosas que han desconcertado a más de un funcionario oficial y que han roto cualquier puente de negociación con la oposición. Haber inaugurado las sesiones ordinarias del Congreso anunciando dos decretos, uno de ellos de necesidad y urgencia, constituyó una verdadera provocación. Por si eso fuera poco, lo expresado el jueves por la jefa de Estado cuando, por Cadena Nacional, al anunciar su propósito de desconocer una orden judicial disponiendo la prohibición de usar reservas del Banco Central para hacer frente a los pagos de los acreedores privados, fue algo de una profunda gravedad institucional. “Apoyo y defiendo a la Presidenta en cada una de sus iniciativas pero, en esta, no. No puedo convalidar esta actitud de desacato de un fallo judicial”, reconocía con pena un legislador del riñón del kirchnerismo. Parecen no sólo lejanos, sino también olvidados los días en que, siendo miembro titular de la estratégica Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, la hoy Presidenta bregaba por el respeto a la independencia de los poderes del Estado. Su mensaje del jueves fue malísimo. La jefa de Estado tiene, como cualquier otro ciudadano, todo el derecho de criticar los fallos judiciales. Ante la disconformidad que tales fallos le produjeron tiene el recurso de apelar ente las instancias superiores. No obstante, mientras todo ello transcurre, su deber es el de acatar las disposiciones de la Justicia. El problema es que la actitud que adoptó la Presidenta no fue la de criticar el fallo, sino la de la descalificación de la jueza. “A la jueza Sarmiento le mandamos la Policía y la maltratamos por las actividades de su padre en las que nada había tenido que ver, y a la Dra. Rodríguez Vidal, desde el atril presidencial, le pegamos por el ‘delito’ de ser la pareja de un juez que al Gobierno no le gusta. Esto, lisa y llanamente, es un escrache”, sostenía un ministro que horas antes había aplaudido “con fervor” a la Presidenta.
Lo que la Presidenta olvidó decir es que con el fallo de la jueza Rodríguez Vidal, el Gobierno ya acumula cuatro dictámenes adversos a la metodología de disponer, por medio de un decreto de necesidad y urgencia, el uso de las reservas del Banco Central para cancelar deuda externa.
Ante esta ofensiva del Gobierno, la preocupación reinante en los ámbitos tribunalicios es enorme. La Corte es objeto de las críticas ácidas del matrimonio presidencial. El mayor encono se focaliza en el presidente del cuerpo, el Dr. Ricardo Lorenzetti, a quien consideran un traidor. De cara a este panorama, los Kirchner están pensando en alguna movida que le quite poder al órgano supremo de la Justicia argentina. Por otra parte, hay que consignar que la realidad judicial del matrimonio presidencial está lejos de ser desahogada. “La causa vinculada al espectacular crecimiento patrimonial de los Kirchner es muy complicada. El presuroso sobreseimiento que dictaminó el juez Norberto Oyarbide es de una endeblez formidable. Una de sus debilidades es que transformó una verdadera megacausa en una causa simple, por lo que hay motivos más que sobrados para invocar una razón de ‘fraude procesal’, que implicaría la posibilidad cierta de una reapertura del caso”, explica una voz que conoce el día a día de Tribunales.
Lo que además quedó plasmado en el discurso del jueves de la Presidenta fue, a su vez, la verdadera situación de precariedad fiscal que vive la Argentina. Además, la posición de la aspirante a ocupar su sillón presidencial del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, pende de un hilo de coser. “Quedate tranquila que yo te apoyo” le dijo la Dra. Fernández de Kirchner, a lo que Marcó del Pont, con descarnado realismo, respondió: “Cristina, si el Congreso no aprueba mi pliego yo no puedo quedarme ni un minuto”.
El miércoles y el jueves fueron días de furia en el Congreso. La oposición hizo sentir su peso y doblegó al oficialismo. En el camino cometió errores y excesos. El jueves, el temple y las convicciones de un senador radical impidieron que varios de sus correligionarios y aliados cometieran un verdadero atropello en los tiempos y las formas concernientes al procedimiento de funcionamiento de la Comisión Bicameral de Seguimiento de los decretos de necesidad y urgencia. La oposición debe saber que la furia es mala consejera.
Algunos tomaron nota de lo riesgoso de esta circunstancia de enfrentamiento de los poderes de la República y decidieron levantar el pie del acelerador. En ese contexto fue que se produjo el episodio que involucró al senador Pampuro. Su pensamiento real es el que expresó en su primera declaración. Por lo tanto, es él quien está llevando adelante una negociación con el jefe del bloque de senadores de la UCR, Gerardo Morales. El lunes, cuando se reúnan, tratarán una iniciativa para congelar la entrada del senador Luis Juez a la Comisión Bicameral de seguimiento de los DNU y otorgar la presidencia de la comisión a la oposición. El nombre que suena para ese cargo es el del diputado radical Rubén Lanceta. Habrá que ver si el matrimonio presidencial acepta esto o no. Y ése es el problema del Gobierno: todo depende del humor de Néstor Kirchner y de su esposa, misterio insondable del que son testigos mudos unos pocos allegados al matrimonio presidencial y las paredes de la Babel de Olivos y de la mansión de ricos que poseen en El Calafate.