
El año terminó cargado de disputas entre los productores agropecuarios y el gobierno nacional. Ministros y secretarios estuvieron respondiendo con algún grado de agresividad verbal a las medidas de fuerza que impulso este año la dirigencia agropecuaria.Hasta la Ministra Micheli en el día de los 50 años del INTA en el teatro Avenida, se refirió más al paro agropecuario que al aniversario de esa institución y retó a los dirigentes agrarios que concurrieron al mismo.
Pero lo más preocupante fue una campaña en los medios de comunicación y en la cartelería callejera lanzada por el ministerio de Economía de la Nación dónde se pretende dejar al descubierto que este es un paro de dirigentes y no de productores con alguna intención aunque no manifiesta explícitamente de poner en contra a la sociedad consumidora de los argentinos.
Esta actitud no condice en un país que viene de tener destruido el aparato productivo nacional durante la década de los noventa y que cuando cambiaron las reglas del juego en materia cambiaría se puso a producir y a generar negocios con el exterior con una fuerza inusitada como nunca y mediante las retenciones que el estado impone se pudo ir recuperando la economía nacional. Los hombres de campo colaboraron y colaboran con las arcas del estado en este sentido.
Pero quizás estos desencuentros con el sector oficial se remonta mucho más atrás en el tiempo tal vez en el inicio de la gestión K por la falta de un interlocutor entre las políticas agropecuarias y el sector, que normalmente se hallan representado por el Secretario de Agricultura y Ganadería de la Nación. Esta situación se fue profundizando con el tiempo hasta llegar a caminos sin retorno en la relación gobierno-productores. En más de una oportunidad le solicitaron al presidente cambios en este sentido y que el mismo jefe de estado desestimó y en muchos casos avaló al funcionario que hoy ocupa la cartera con mucha vehemencia.
¿Qué esperar del 2007?
La tan mentada asociación pública-privada para la generación por consenso de políticas públicas que con éxito se llevan a cabo en otros ámbitos de la vida económica y social de nuestro país en los distintos niveles de gobiernos locales y provinciales, los concejos consultivos que han dado buenos resultados en la práctica, la elaboración de planes estratégicos realizados por estos actores y fundamentalmente el diálogo.
El sector agropecuario merece un tratamiento especial por su importancia económica y por ser motor de la recuperación económica. Se merece un plan estratégico nacional que le brinde reglas claras de juego para poder producir con eficiencia y rentabilidad. Pero en la construcción del mismo quiere ser protagonista y no un mero oyente de decisiones políticas. De esta manera estaría bueno comenzar un nuevo año para todos los hombres de campo de la Argentina.
Ing. Raúl Pérez
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