POR CASTOR LÓPEZ

Las drogas en Argentina

La situación actual del narcotráfico en nuestro país es muy crítica y está decididamente subestimada en las agendas públicas oficiales. Nuestro país evolucionó de sólo el tránsito de drogas hace algunas décadas, a su consumo interno después y ahora también a su producción. La prueba evidente es la existencia del producto llamado “Paco”.
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[Publicado el 13/10/2011] - La situación actual del narcotráfico en nuestro país es muy crítica y está decididamente subestimada en las agendas públicas oficiales, tanto nacionales como provinciales. Al alcohol, la marihuana y la cocaína se incorporan ahora las peligrosísimas drogas sintéticas de la industria química, ya sin necesidad de plantaciones ni cultivos, de muy fáciles procesos productivos de relativo bajo costo en laboratorios móviles y altos rendimientos. Las innovaciones tecnológicas y la euforia de la bonanza económica también se manifiesta con estos efectos.

El incremento del consumo de drogas, especialmente en personas cada vez más jóvenes, casi niños, ocurre por una mayor capacidad de pago, un permanente incremento de la oferta y una creciente y muy preocupante tolerancia social, alentada por su despenalización. Nuestro país evolucionó de sólo el tránsito de drogas hace algunas décadas, a su consumo interno después y ahora también a su producción. La prueba evidente es la existencia del producto llamado “Paco”.

Es un producto de exclusivo consumo doméstico, derivado de la denominada “pasta base”, ya un pésimo subproducto del proceso de la elaboración de la cocaína, agravado por su mezcla con cualquier sustancia, farmacológica o no. Una dosis de Paco vale solo $5 y produce un cortísimo efecto alucinógeno pero de alta adicción, que obliga a su reiterado consumo diario, provocando daños cerebrales irreversibles en muy corto tiempo. La sobrevida, si así puede llamársele, del niño o joven adicto no supera generalmente los 2 años.

Su abstinencia sume a los jóvenes en profundas depresiones que llevan a los frecuentes suicidios que observamos periódicamente. La relación del consumo de drogas con el delito violento y aberrante es directa y se dirige por 3 vías: a) los robos y los asesinatos bajo los efectos alucinógenos, b) la delincuencia para atender la propia adicción y c) la “guerra de mafias” entre los mismos narcotraficantes, los dealers y hasta los llamados micro dealers (menores no punibles por las leyes) por sus territorios, barrios, escuelas, etc.

Alrededor del 30% de las personas con condena en las cárceles son por delitos relacionados con las drogas. Generalmente se trata de personas jóvenes de muy baja instrucción y, por ende exiguos ingresos, con escasísimas posibilidades de acceder a adecuadas rehabilitaciones. Además, el extraordinario negocio de las drogas (1 kg de cocaína vale u$30 en Bolivia, u$8.000 en nuestro país y hasta u$40.000 en EE.UU. o Europa) por una simple cuestión de economía de escala, tiene estrechas relaciones con otras muchas actividades ilegales.

Tales como el tráfico de armas, sus “herramientas de trabajo”, la trata y la prostitución de mujeres y menores, el comercio ilegal de órganos humanos, de autopartes de vehículos robados, etc. El Estado Nacional y los gobiernos provinciales no pueden ser “ausentes” a este problema, ni de “acciones intermitentes” y menos aun de “funciones contradictorias” entre sus poderes. Se estima que en nuestro país actualmente alrededor de 700.000 personas ya son consumidores circunstanciales o adictos, la mayoría muy jóvenes, el capital humano y social de nuestro futuro común.

Castor López, diputado provincial y Presidente de PRO Santiago del Estero.

 
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