[Publicado el 01/04/2008] - El diario Perfil en su versión digital publica un crítico comentario de Fernando Iglesias, diputado de la Coalición Cívica y autor de “Kirchner y yo” bajo el título “Bienvenidos a la Argentina Bolivariana”.
El diario Clarín dedica su habitual columna “Del editor al lector” al tema bajo el título “Cambió el tono ¿hay avances?” con la firma de Ricardo Roa, editor general del matutino.
Por su parte, La Nación publica un editorial que pone el centro en el acto que hoy presidirá Cristina Fernández en Plaza de Mayo.
Bienvenidos a la Argentina bolivariana
A ciento diez día de la asunción presidencial de Cristina de Kirchner, el cambio dentro del cambio ha mostrado su rostro verdadero.
Resulta curiosa la forma en que a veces cierto periodismo presenta las noticias. Según parece, en su discurso del Parque Norte la Presidenta de la Argentina llamó –qué considerada- a dialogar humildemente a quienes encabezaban un lock-out patronal para extorsionar a la población, privar de alimentos al pueblo y pedir el retorno de Videla (sic); a quienes andan fanfarroneando en 4x4 por las autopistas que el gobierno K construyó en el campo argentino, en tanto la pobre gente apenas si tiene para comprarle un Morris Mini Cooper a sus hijas para que den vueltas en la quinta de Olivos; a quienes habitan el oligarca Barrio Norte en vez de vivir en la proletaria Recoleta, veranear en la menesterosa Calafate y trabajar en los degradados suburbios industriales de Puerto Madero; a quienes apenas si pagaban 35% de retenciones en vez de colaborar patrióticamente con el país recibiendo subsidios millonarios en dólares por instruir en las leyes del tránsito a sus camioneros, transportar a sus ciudadanos en cómodos trenes bala, apoderarse de su petróleo o extraer uno a uno los peces del mar; a los ruralistas que gozan de una rentabilidad extraordinaria mientras que las heroicas sociedades matrimoniales argentinas apenas si pudieron cuadruplicar su millonario patrimonio en dólares en estos últimos cuatro años a pesar de que tuvieron que ocuparse, en el ínterin, de desempeñar la Presidencia de la Nación; a los chacareros oligarcas que disfrutan ociosos de sus rentas en el campo y no saben de la pesada tarea de extraer dinero de las máquinas tragamonedas del Hipódromo de Palermo, concesión prorrogada hasta 2032; a los salvajes universitarios que golpearon a los chicos de la salita verde de Luis D’Elía y hasta a cierto periodista patovica que le dio un violento pechazo en el zapato a uno de esos gentiles promotores de la pacificación del país, la armonía entre los argentinos y la unidad nacional.
El cambio dentro del cambio
A ciento diez días de la asunción presidencial, el cambio dentro del cambio ha mostrado su rostro verdadero. La Presidenta de todos los argentinos era de todos los argentinos menos de aquellos que no quieren entender ni comprender (sic) porque piensan distinto; el retorno al mundo era el valijazo de Antonini Wilson y el apoyo a las locuras bélicas de Chávez; la inclusión social era un índice de pobreza creciente gracias a la inflación y uno de indigencia mayor que en cualquier momento de la década del Noventa; el desendeudamiento era una deuda pública de 144.729 millones de dólares, mayor que en el fatal diciembre de 2001; la lucha contra la corrupción era la continuidad de Julio de Vido, el diálogo con una pistola en la cabeza no era el del cordial Guillermo Moreno sino el de los ensoberbecidos productores rurales; la prometida policía autónoma de la Ciudad de Buenos Aires era la habitual Policía Federal declaradora de zonas liberadas y escolta de los grupos de choque liberadores; la impunidad para nadie era la ausencia absoluta de diputados del oficialismo en la sesión en que la oposición intentó declarar imprescriptibles los crímenes de la Triple A la tarde del mismo día del apogeo liberador de D’Elía, vaya casualidad; el único gobierno capaz de gobernar la Argentina era el que en su primera crisis se dedica a acusar a los opositores de desestabilizadores y golpistas; la calidad institucional era el retorno de las patotas en su versión recargada; el país en serio era el festejo de los 20 años de secretariado camionero de Hugo Moyano, la nueva política era el resurgimiento del Pejota en Parque Norte y el federalismo y la redistribución del ingreso eran un nuevo manotazo al campo y las provincias para agrandar la insaciable caja K. Y el que no la entienda irá preso, como prometió Aníbal Fernández amenazando aplicar la ley de desabastecimiento pergeñada por el Gobierno de Perón-Isabel Perón. He aquí la racionalidad, la sinceridad, la sensibilidad y la responsabilidad que invocó la Presidenta. Sean todos bienvenidos a la República Bolivariana de Argentina. Después no digan que nadie les avisó.
Ganado marcado
Por lo que a mí respecta me siento hoy, para decirlo en términos agropecuarios, como ganado marcado y con destino de matadero a través del habitual procedimiento fascista: primero se señala a la futura víctima y se le atribuyen acciones criminales, no importa cuán disparatadas sean, después se repite en todos lados la infamia, finalmente se le da su merecido y se dice que fue un intento de robo o se argumenta que fue la violenta víctima la que empezó. El martes en la Plaza, mientras intentaba convencer a los manifestantes de mantener la calma y evitar las provocaciones, los pacifistas amigos de D’Elía me gritaban “A vos Iglesias, forro de Lilita, te vamos a matar”. Un día después el amigo Luis me señalaba en todos los diarios como dirigente del ARI (sic) a cargo de su patota de universitarios y decía que había volteado de una trompada a uno de sus compañeros, declaración que amplió el día siguiente emanando proclamas sobre su odio visceral a los oligarcas y el porvenir que le espera en la República Bolivariana de Argentina a los indeseables conchetos patoteros, ricos y blancos como yo. Un día después la acusación me sería repetida personalmente en el programa de Mauro Viale por Emilio Pérsico y el diputado oficialista Dante Gullo, mientras la señorita que siempre lo acompaña me gritaba, fuera de sí y fuera de cámara: “Cuidate Iglesias, y decile que se cuide a Carrió”. Cuánto gusto me dio escuchar las igualaciones de los ministeriales Fernández diciendo que estuvo mal D’Elía y también los diputados de la Coalición Cívica, que golpearon a la gente. Qué enorme tranquilidad me da el sentirme protegido por una Presidenta que recibió a D´Elía en la Casa de Gobierno el día anterior a que saliera a liberar la Plaza y que después lo convocó al palco de Parque Norte; la Presidenta de la racionalidad, la sinceridad, la sensibilidad y la responsabilidad. Y qué decir de sus ministros que afirmaron que D’Elía se había ganado ese lugar en el palco ilustre, por si alguno tenía dudas, y pidieron que no se lo demonizara.
Tiene razón la Presidenta: el conflicto no es ya económico sino eminentemente político. El conflicto es acerca de si todos los argentinos tienen derecho a expresarse, manifestarse y peticionar ante las autoridades o sólo los que cuentan con la bendición del gobierno K. El conflicto es sobre si la Plaza de Mayo, la de la Democracia y los Derechos Humanos, es de todos los argentinos o de las patotas que estos días la han privatizado. El conflicto es, brevemente, acerca de la vigencia de la Constitución Nacional. ¿De qué lado van a estar la Línea Fundadora de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, con quienes compartí esa Plaza en los tempranos Ochenta y de cuyo heroísmo en los Setenta no me olvido? ¿Qué va a decir Horacio Verbitsky, a quien creo aún sinceramente preocupado por la vigencia de la libertad de expresión y los derechos humanos? ¿Están hoy con D’Elía mis pocos amigos que son aún funcionarios kirchneristas, los diputados oficialistas que hace pocos días me felicitaron por mis intentos pacificatorios en la última sesión de la Cámara, los escasos miembros de mi familia que aún apoyan al gobierno K?
Después de todo, tiene razón el obediente cortejo ministerial de los patitos en fila. No hay que demonizar a D’Elía: no lo necesita. Delirantes violentos hay en todos lados, aunque no en todos lados se los hace funcionarios. Tampoco es cierto, como dijo D’Elía, que se le soltó la cadena: la cadena se la soltaron desde el Gobierno. La culpa no la tienen él y Pérsico, sino los que le dieron y les siguen dando de comer.
Por Fernando A. Iglesias. Diputado de la Coalición Cívica y autor de “Kirchner y yo”, para Perfil.com
Cambió el tono ¿hay avance?
Nadie puede saber qué habría pasado si lo que anunció ayer la Presidenta lo hubiera hecho cuando dispuso, 20 días atrás, una nueva y fuerte suba de las retenciones para la soja. Pero es más que probable que de producirse un conflicto con el campo no hubiera alcanzado ni la virulencia ni la masividad que tuvo y tiene.
Los hechos muestran que el Gobierno se equivocó y ahora vuelve para atrás con ese aumento para el 80% de los productores. Y hasta se contemplan subsidios para muchos que ni siquiera son sojeros. Se verá cómo se instrumenta todo. Pero es obvio que esta decisión se pudo haber adoptado mucho antes.
La Presidenta fue cambiando el tono a medida que el paro y los cortes en vez de aflojar, crecían. Y aunque resulte muy discutible su interpretación del fenómeno sojero, esa explicación también pudo haber acompañado el anuncio inicial. Hay un error al atribuirle a la soja una caída en la producción de trigo y maíz, simplemente porque no la hay. Y una exageración al acusarla de provocar el desmonte de bosques y poner en peligro la provisión de alimentos. En todo caso, es función del Gobierno ver cómo se compatibiliza el desarrollo de toda la producción y eso se llama política agropecuaria.
Si hubo un avance fue en el carácter del discurso, menos político y más institucional: lo contrario de Parque Norte. Cuesta entender cómo juega, en este contexto, el acto partidario de hoy en Plaza de Mayo, convocado en nombre de la convivencia y el diálogo. O hay un error en el título de la convocatoria o en quienes serán sus principales protagonistas: los camioneros de Moyano y sus socios en la CGT y los piqueteros oficialistas de D'Elía. Que no son precisamente ejemplo ni de diálogo ni de convivencia.
Por Ricardo Roa, para Clarín
El país y la Plaza de Mayo
Los sectores adictos al oficialismo -con un fuerte protagonismo de sindicalistas e intendentes- han convocado para hoy a una concentración en la Plaza de Mayo a fin de que el pueblo manifieste su apoyo al gobierno que encabeza la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
En momentos en que el país necesita más que nunca fortalecer las vías de la racionalidad, el diálogo y la prudencia para superar el conflicto que las autoridades mantienen con el sector del campo, no era lo más aconsejable promover esta clase de movilizaciones multitudinarias, que entrañan a menudo el riesgo de que se provoquen roces, conflictos y hasta situaciones de violencia. Nos es momento de ahondar diferencias, sino de buscar coincidencias.
El reprobable espectáculo que protagonizaron días atrás Luis D´Elía y otros dirigentes piqueteros cuando agredieron a algunos pacíficos manifestantes de la protesta agropecuaria en la propia Plaza de Mayo debe servir como ejemplo de lo que en ningún caso debe volver a ocurrir. Y debe servir también como advertencia sobre los hechos lamentables que podrían llegar a suscitarse si los incitadores de la marcha prevista para hoy decidieran desplazarse hacia alguna de las zonas en las que continúan apostados los promotores del paro instalado en las rutas.
Corresponde, por lo tanto, formular votos para que el proclamado apoyo al gobierno actual se exprese armoniosa y pacíficamente, y no se traduzca en manifestaciones de rechazo o de amenaza a los sectores enfrentados circunstancialmente al poder.
Debe reclamarse de los organizadores de la concentración el máximo esfuerzo tendiente a evitar que se produzcan encuentros irritativos entre sectores antagónicos o situaciones tensas de enfrentamiento político o ideológico. Es necesario extremar las medidas de prevención para garantizar el orden social y para convocar a la población en su conjunto a mantener actitudes de paz, de serenidad y de absoluto respeto por las ideas de todos los sectores.
De ninguna manera deben reiterarse los choques y las agresiones que los dirigentes piqueteros promovieron en los últimos días contra las personas que expresaron en forma civilizada su desacuerdo con el gobierno mediante marchas y cacerolazos.
Es hora de que el país se eleve por encima de sus disputas y de sus desencuentros. Y es hora de que los argentinos aprendamos a transitar las calles y las plazas de la República con total fidelidad a nuestras convicciones, pero también con entero respeto por las convicciones de los demás.
Las concentraciones multitudinarias en la Plaza de Mayo fueron muchas veces, en el pasado nacional, un claro pretexto para que un sector intentara adueñarse del escenario político nacional con la firme voluntad de excluir a los restantes segmentos de la sociedad. Es tiempo ya de que los argentinos nos veamos los unos a los otros como hijos de una misma nación y de una misma historia, aun cuando discrepemos o abriguemos ideas diferentes.
La Plaza de Mayo debe dejar de ser un espacio que nos separa y debe volver a ser un pedazo de historia que nos une. Los populismos anacrónicos deben ceder su lugar a los sueños e ideales que movilizan a quienes aspiran a convivir en la diversidad. Que todos nos encontremos en ella, aun en la diversidad, a la hora de imaginar un país mejor. En la Plaza de Mayo caben el dolor y la esperanza. Porque la Plaza de Mayo somos todos.
Editorial del diario La Nación