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En una semana vergonzosa del Congreso Argentino, donde la bancada oficialista demostró su servilismo, al punto de parecer un conjunto de reclutas sometidos a una disciplina militar, el discurso del Doctor Lorenzetti en nombre de la Corte Suprema alienta la esperanza de salvar la democracia, nunca tan comprometida desde su restablecimiento en 1983.
Es útil rescatar algunos de los conceptos del discurso pronunciado con motivo de celebrarse los ciento cincuenta años de la constitución de la primera Corte Suprema, nominada por el presidente Mitre, e integrada por sus opositores políticos.
El doctor Lorenzetti dijo con claridad que no hay que temerle al conflicto, que era inherente a la democracia y del mismo salen las mejoras sociales, pero que los mismo deben encausarse dentro de las normas constitucionales.
Graficó bien el tema cuando comparó con un partido de futbol, donde nadie pide que cambien las reglas o el cambio del árbitro en medio del partido.
La Corte no gobierna, no le dice al ejecutivo y al Congreso que debe hacer, Pero tiene la función de verificar la constitucionalidad de los decretos y las leyes emanadas de esos dos poderes. Esa es la función que tenemos otorgadas por la Constitución remarcó el discurso del titular del Poder Judicial.
Fue clara la advertencia que las mayorías suelen equivocarse, cuando Lorenzetti recordó, que el holocausto surgió de un gobierno electo por la mayoría del pueblo alemán.
También fue contundente su respaldo a la libertad de expresión y sus referencias a los incumplimientos de fallos de la Corte como el desconocimiento de las sentencias favorables a los jubilados por parte del gobierno o el desfinanciamiento del saneamiento de la cuenca del Riachuelo.
Un discurso conceptuoso, profundo y oportuno en momentos en que el gobierno quiere someter la justicia, con el disfraz de “la democratización de la justicia”, que es simplemente terminar con la independencia de la misma y por lo tanto con la única defensa de los ciudadanos frente a los atropellos del poder, como pasa en muchas provincias con sus tribunales superiores vergonzosos.
Tengamos en claro que cuando el gobierno ataca al poder Judicial es porque quiere jueces como Oyharbide o Lijo o Bonadió protectores de la corrupción de los gobernantes. Le molestan los que defienden la Constituciòn y el estado de derecho.