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Polti llamó a ser pacientes ante los problemas diarios

El Obispo Diocesano de Santiago del Estero presidió la misa en honor al Señor de la Paciencia, en Los Telares, departamento Salavina. “Las sorpresas que nos presenta la vida, esas dificultades y contratiempos inesperados, nos obligan a practicar la paciencia”, destacó Polti durante su homilía.

19/05/2013

Los Telares celebró este domingo la misa central en honor al Señor de la Paciencia. Fue el Obispo Francisco Polti quien presidió la celebración religiosa que contó con una importante cantidad de pobladores que rindieron honor a su patrono.

A continuación, la homilía completa: “Queridos hermanos peregrinos en estas tierras de Los Telares. Esta fiesta del Señor de la Paciencia nos ofrece una vez más, la ocasión para volver nuestros ojos a Jesucristo. Es en esta imagen del Señor, con el manto rojo de su Pasión donde nosotros, abatidos, recibimos una palabra de aliento. Es en Nuestro Señor donde ponemos nuestra fe y nuestra esperanza, y además, porque en Él también tenemos puesto nuestro gozo, con alegría le damos gracias por los favores recibidos.

También hoy, queridos hermanos, celebramos la Solemnidad de Pentescostés. Las tres lecturas que acabamos de escuchar son sumamente expresivas. En ellas se pone de manifiesto claramente que gracias a la acción del Espíritu Santo podemos pasar del miedo al valor y del encierro al testimonio público.

Es también el Espíritu Santo el que nos ayuda a profundizar el mensaje del Evangelio, a ver el mundo con los ojos de Cristo y a diseñar con claridad lo que debe ser la vida de un cristiano, para vivir el amor mutuo, el gozo, la paz, la paciencia, la fidelidad.

Que bueno es saber, queridos hermanos, que hace poco tiempo atrás el Papa Francisco nos habló de la virtud de la paciencia. El Santo Padre -en referencia al evangelio de aquel día- comenta como el apóstol Tomás, no se fía de lo que dicen los otros Apóstoles… Quiere ver, quiere meter su mano en la señal de los clavos y del costado de Jesús. ¿Y cuál es la reacción de Nuestro Señor? La paciencia: Jesús no abandona a Tomás en su incredulidad; le da tiempo, no le cierra la puerta, espera. Y Tomás reconoce su propia pobreza, su poca fe: “Señor mío y Dios mío”: con esta invocación simple, pero llena de fe, responde a la paciencia de Jesús, se deja envolver por la misericordia divina…y recobra la confianza: es un hombre nuevo, ya no es incrédulo sino creyente.

Éste es el estilo de Dios: no es impaciente como nosotros, que frecuentemente queremos todo y enseguida, también con las personas. Dios es paciente con nosotros porque nos ama, y quien ama comprende, espera, da confianza, no abandona, no corta los puentes, sabe perdonar.

Vivimos en un mundo frenético, la tecnología y el progreso de las comunicaciones nos han traído enormes beneficios y comodidades. Sin embargo, nos han hecho olvidar la paciencia y la serenidad. Hoy todo es urgente.

Por estas circunstancias, es importante que se aprenda a formar la virtud de la paciencia desde el seno familiar. Las dificultades cotidianas vividas con amor y paciencia nos ayudan a prepararnos para la venida del Reino de Dios.

Aprender de la paciencia del Señor nos lleva a reconocer que, sin duda, es una virtud indispensable en nuestro caminar. Y la necesitamos cada día, cada hora, siempre. Hay que considerarla como una de las virtudes humanas más importantes, para el dominio de uno mismo y para poder contribuir a tener una familia feliz.

Queridas familias, la paciencia tiene que ser también firmeza de los padres, en los principios no negociables, especialmente en el amplio concepto de la educación y seguimiento de las virtudes y valores humanos.

En cada una de las edades, el tipo de paciencia tiene que ser diferente, siempre con el fin de procurar el bien de los hijos. En la etapa de la adolescencia la paciencia mal ejercitada, puede llevar a que ocurran hechos graves e irreversibles, por haber tenido demasiada paciencia, antes de hablar claro sobre los peligros que estaban corriendo esos hijos.

Es cierto, la paciencia es un fruto del Espíritu Santo y debemos pedirlo constantemente. Esta virtud es la primera perfección de la caridad, como dice san Pablo: “La caridad es paciente, es servicial; no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa, no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra en la injusticia; se alegra en la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta”.

Queridos hermanos y hermanas, las sorpresas que nos presenta la vida, esas dificultades y contratiempos inesperados, nos obligan a practicar la paciencia. Esas molestias que debemos soportar son parte de los elementos para construir nuestra santificación. Y ésa es nuestra vocación.

Reunidos hoy aquí en honor al Señor de la Paciencia pidámosle que no perdamos nunca la confianza en la paciente misericordia de Dios.

También le rogamos que, por intercesión de la Madre de Dios y Madre de la Iglesia, que nos agrande, cada día más, nuestros corazones para que por medio de la virtud de la paciencia aprendamos tolerar las adversidades y contratiempos de la vida con fortaleza, sin lamentarnos y para repetirle, como tantas veces lo hemos hecho: Jesucristo, Señor de la Historia, te necesitamos, Amén”.