Locales Testimonio

"Mi familia no quería que me opere, y ahora me presume"

Natalia Aguirre comenzó el tratamiento con 112 kilos, se operó en noviembre del año pasado y hoy pesa 65 kg. “La contención psicológica es lo más importante, y entender que el cambio es por mí”, remarca.

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20/08/2019 -

Natalia Aguirre (27) es una joven santiagueña que conoció el tratamiento en otras provincias y en Santiago superó toda dificultad burocrática para cumplir su sueño de tener un cuerpo sano. Discutió con todo médico y obra social que se le cruzó en el camino, intentando impedir que llegara al quirófano, y en ese andar de dos años intensos, conoció al equipo de CAIRO, en su ciudad, sin tener que viajar más.

La cirugía está en el Plan Médico Obligatorio, toda persona obesa tiene derecho a acceder a ella, sin importar qué obra social tengas (o no), es un derecho y es la obligación de todo médico garantizar que podamos realizarla. Muchas veces nos rechazan el pedido y la gente se queda con esa respuesta, pero no deben dejar de luchar, porque hay una ley que la contempla y es un derecho”, comienza la joven a relatar el difícil camino que tuvo que transitar hasta llegar a su anhelada operación.

“Después de haber peleado con muchos médicos en Tucumán, me derivaron a CAIRO y ahí los conocí. Empecé de cero el tratamiento, que por ley te exige sea de dos años. Fui clara, no confiaba más en ninguno, pero desde el primer momento me contuvieron, jamás me volví a sentir sola en esta lucha”, recuerda.

“Mi mayor desafío hoy es mantenerme en este peso”, aseguró Natalia, quien mostró una foto del antes y el después de la cirugía.
“Mi mayor desafío hoy es mantenerme en este peso”, aseguró Natalia, quien mostró una foto del antes y el después de la cirugía.
“En mi caso, la contención psicológica fue fundamental. Uno tiene la mala idea de que para ir al psicólogo hay que estar loco, y es todo lo contrario. Me ayudaron a darme cuenta de que la obesidad es una adicción, y tengo que comer para vivir, no vivir para comer. Eso implica aprender a comer y poder convivir con la comida”, agrega.

“La peor parte fue esperar, por todo el problema burocrático que tuve que afrontar, pero valió la pena”, reconoce la joven que empezó el tratamiento con 112 kilos, se operó en noviembre de 2018 y en menos de un año lleva bajados casi 48 kg.

“Es importante entender que esto no es magia, yo digo que esto es como una mesa con 4 patas: la nutrición, la actividad física, la alimentación y la cirugía; si una de ellas falla, te caes, así de simple; y si dejas el tratamiento, todo ha sido en vano”, reconoce.

“Mi mayor desafío hoy es mantenerme en este peso. Es un entrenamiento constante entre las psicólogas y las nutricionistas, que nunca han dejado de contenerme y eso es importante porque el apoyo en casa no estuvo: mi familia no quería que me opere, y hoy hasta me presumen. Entendí que todo pasa por uno mismo, tienes que sentirlo y quererlo para cambiar tu calidad de vida; y eso es una lucha de todos los días”, finalizó.

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