Revista Informe

La increíble teoría de por qué la CIA no pudo prevenir el atentado a las torres gemelas

Afirman que le restaron importancia a las amenazas de Osama bin Laden realizadas en 1996.

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20/09/2019 -

Fue en agosto de 1996 que Osama bin Laden le declaró la guerra a los Estados Unidos. Cinco años antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001, el espigado saudita de 36 años emitió un documento llamado "Declaración de guerra contra los estadounidenses que ocupan la tierra de los dos sitios sagrados", en relación a la permanencia de tropas de Estados Unidos en Arabia Saudita.

En las fotos que acompañaron la declaración (que fue publicada en el diario Al-Quds Al-Arabi, una publicación de Londres dedicada al mundo árabe) se ve a Bin Laden en una cueva en Tora Bora, Afganistán, un rifle Kalashnikov a su lado.

Sabiendo la ola de terror que vendría en los años siguientes a este momento, es inevitable calibrar el peso histórico de ese hecho. Pero en ese momento, la reacción en la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos fue mayormente de incredulidad e indiferencia. Según un alto funcionario de la comunidad de inteligencia estadounidense citado por la BBC, a la CIA le resultaba sencillamente imposible creer que este "saudita alto de barba sentado en torno a una fogata pudiera ser una amenaza para los Estados Unidos".

Han circulado numerosos informes que citan las falencias comunicativas en diversas dependencias del gobierno de Estados Unidos (entre ellas, el FBI y la CIA) como un motivo predominante a la hora de explicar cómo fue que los ataques de 2001 pudieron llevarse a cabo, pero una reciente investigación de la BBC postuló una razón adicional clave que podría ayudar a esclarecer aún más el panorama.

Según esta visión, la tendencia de la CIA a ejercer una suerte de "homofilia" (el amor a los iguales) a la hora de reclutar sus agentes, en su inmensa mayoría hombres blancos heterosexuales y protestantes, resultó en una falta de diversidad que terminó por ser un escollo insalvable a la hora de detectar la amenaza que se venía.

En otras palabras, que la práctica de contratar y formar gente racial, étnica y culturalmente similares resultó en una "ceguera" cognitiva que les impidió comprender en su totalidad el atractivo que el mensaje y la figura de Bin Laden significaba para los sectores más postergados del mundo islámico.

Expresado así, la inhabilidad de las agencias de seguridad a la hora de detectar y prevenir los atentados estuvo en la esencia misma de su formación.


Garante y protector de los valores estadounidenses

Las políticas de contratación de la CIA requieren que sus postulantes atraviesen una batería de pruebas intelectuales, psicológicas y médicas que son de una intensidad brutal.

Desde este punto de vista, quienes logran entrar son realmente una élite en el sentido de sus habilidades profesionales.

"En el año que me postulé, entraba uno de cada 20 mil", confiesa un agente de la CIA a la BBC. Sin embargo, prácticamente desde el mismo momento de su creación, todos los agentes eran similares en cuanto a sus entornos, creencias y experiencias de vida.

En su estudio sobre la CIA, los expertos en inteligencia Milo Jones y Phillipe Silberzahn afirman que una característica común que atraviesa la agencia de inteligencia a lo largo de su historia desde 1947 hasta 2001 es una "homogeneidad en cuánto a raza, género, etnicidad y trasfondo sociocultural".

Un informe interno de la agencia de 1964 hace referencia a una división en la que no había "ni un negro, ni un judío, ni una mujer, y tan sólo algunos católicos". La CIA ni siquiera empezó a contratar minorías étnicas y mujeres de forma consistente hasta la década del 80.

Un informe en los meses previos a los ataques de 2001de la Revista Internacional de Inteligencia y Contrainteligencia, una publicación académica dedicada a estudiar el mundo de la inteligencia, declaró que, desde su creación, "la comunidad de la inteligencia había estado poblada por hombres blancos de la élite protestante, no solo porque eran la clase dominante, sino porque se veían como los garantes y los protectores de los valores y la ética estadounidense".

Pero, ¿por qué es importante eso? Si contrataban a los mejores candidatos, ¿qué importancia tenía que tuvieran cosmovisiones diferentes? Para responder a esa pregunta, hay que volver a la imagen inicial de Bin Laden, austero y decidido en una cueva afgana.


Mensajes en código

Como ya se mencionó más arriba, a la CIA le costaba mostrarse preocupada por un hombre que amenazaba al país más poderoso de la historia desde un paraje desolado en Medio Oriente. Tal como lo manifestó el funcionario de Bill Clinton Richard Holbrooke, "¿cómo va a hacer un hombre en una caverna para comunicarse y eludir al país más poderoso de la sociedad de la comunicación?".

El resultado de este escepticismo derivó en una reticencia de la CIA en invertir recursos para investigar a Bin Laden. Pero si hubiera habido alguien dentro de la agencia que entendiera los rituales, la simbología y el lenguaje del islam, les hubiera podido comunicar qué era lo que el mundo musulmán veía en ese escueto mensaje, y el comportamiento en general de Osama bin Laden.

Para la CIA, el hecho de que el saudita usara ropa tradicional islámica debajo del uniforme militar de combate era una señal de su primitivismo. Pero Bin Laden claramente modelaba su comportamiento y atuendo en referencia a Mahoma: ayunaba en los días en los cuales lo hacía el profeta, y usaba gestos y movimientos típicos de líderes religiosos.

En este sentido, hay que apuntar también al hecho de que la cueva es un motivo central de la religión, ya que todo musulmán sabe que Mahoma buscó refugio en una cueva tras huir de La Meca. Las estalactitas de las cavernas son predominantes en el arte islámico.

El hecho de que Bin Laden usara poesía en sus proclamaciones también fue tomado como una señal de su primitivismo y excentricidad. Sin embargo, la poesía es sagrada para el islam. Los talibán también la usaban en sus discursos.

De la misma forma, a los líderes de la CIA se les antojaba como algo insólito que alguien osara comenzar un conflicto con Estados Unidos, sabiendo que era una aventura imposible de ganar. Eran incapaces de concebir que, para los militantes de la Jihad islámica, la muerte y la entrada al reino de los cielos (donde supuestamente 70 mujeres vírgenes los esperaban) era el triunfo al que aspiraban.

En su libro La torre que se avecina: Al Qaeda y el camino hasta el 911 (publicado en 2006, ganó el Premio Pulitzer al año siguiente), Lawrence Wright afirmó que Bin Laden armó su operación "recurriendo a un imaginario que era profundamente significativo para muchísimos musulmanes, pero incomprensible para quienes no estuviera familiarizados con la religión".

Aún después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, los problemas de diversidad al parecer no han terminado dentro de la CIA. En un informe interno de 2015, el entonces director John Brennan afirmó que "la agencia debe hacer aún más para lograr un entorno y un liderazgo inclusivo requerido para el cumplimiento de nuestras tareas".

No está de más aclarar que los sesgos son algo inevitable, y todo ser humano los tiene. A su vez, todos se sienten más cómodos trabajando con personas similares. Pero, tal como dijo el comediante John Cleese, "todos tenemos teorías acerca de cómo funcionan las cosas, los peligrosos son los que no saben que basan sus decisiones en esas teorías. Es decir, que las teorías que rigen su comportamiento son algo inconsciente".


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