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Marzo de 2021
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Opinión y Actualidad

Una reforma del sistema de salud precisa acuerdo político

La reforma sanitaria que necesitamos implica un arduo acuerdo político con participación ciudadana y, desde luego, todos los actores sanitarios.

22/01/2021

Por Ignacio Katz (*), en el diario Ámbito

Bienvenido el reconocimiento público sobre la necesidad de reformar nuestro sistema de salud. Bienvenidos, además, los términos en que se hizo, en función de integrar los tres subsistemas para buscar más eficiencia en el uso de los recursos. Nadie ha planteado la nacionalización, por caso, fantasma que sigue agitándose para provocar confusión. Pero falta comenzar a dar una genuina discusión pública sobre ello.

Pues, como sostengo desde hace décadas, la reforma sanitaria que necesitamos implica un arduo acuerdo político con participación ciudadana y, desde luego, todos los actores sanitarios, para alcanzar una negociación gradual (y no un mágico e instantáneo consenso). Pero la cuestión no debe limitarse a un enfrentamiento corporativo centrado en los recursos (o, en términos llanos, el dinero).

Entiéndase bien, los intereses particulares, económicos y políticos, son parte del problema y deben ser parte de la negociación. Pero por allí no debería pasar el eje central, y mucho menos anteponerse incluso a un planteo oficial todavía inexistente.

El eje de la cuestión, lamentamos tener que recordarlo, es la salud. El acceso eficiente, oportuno y equitativo a la atención de salud de nuestro pueblo. Y cómo modificar algunas cuestiones de nuestra particular estructura sanitaria, con sus vicios y virtudes. No se trata de modificarlo todo ni de imponer nada de la noche a la mañana.

Una reforma posible supone la permanencia de los tres subsistemas (público, privado y obras sociales) pero con una mayor articulación, lo que implica un avance en la coordinación y regulación (que de manera muy parcial y defectuosa ya existe), con el objetivo de potenciar sus recursos. La idea general es un beneficio mutuo, y no una competencia de “suma cero”.

Para dar un simple ejemplo: si un sector tiene un tomógrafo subutilizado y otro sector cuenta con el profesional capacitado para usarlo, ambos se verían beneficiados en su complementación. Pero sobre todo, y esto es lo más importante, se beneficiarían los pacientes.

Por supuesto que el cambio puede implicar la modificación de ciertas prerrogativas, pero el objetivo final siempre debe ser la atención sanitaria del paciente, y no los beneficios (válidos) de ganancia de una empresa, la representatividad política de un sindicato, o incluso las condiciones laborales de los médicos y demás profesionales de la salud.

Todo esto es parte, y debe ser tenido en cuenta. Pero la finalidad es la salud, y tampoco entendida como un difuso objetivo final loable, sino como el complejo proceso de producción de salud, que debe incorporarse de manera permanente en el diseño de la reforma buscada y las consiguientes políticas públicas.

La atención primaria, la prevención, la rehabilitación, la medicación, las intervenciones quirúrgicas, la internación, las especialidades médicas, y un largo etcétera, donde muchas veces la cuestión no pasa por la ausencia de recursos, sino por el correcto uso eficiente de los recursos que ya tenemos, pero desperdigados en una dupla de carencia y derroche.

Para ser claros, podríamos extremar el argumento: sin mover un solo peso de su lugar actual, podrían realizarse muchos cambios en la gestión, logística, control, monitoreo y demás que redunden en una mayor eficiencia.

O dicho al revés: si simplemente se redistribuyeran recursos (e incluso si se acrecentaran) sin modificar la estructura sanitaria, la estrategia de gestión y la cultura laboral, los mismos problemas se reproducirían (y hasta se agravarían).

Debería resultar llamativo que tanto la dirigencia sindical de las obras sociales como los empresarios del sector privado salgan a la defensiva, a reclamar dinero y a defender su manejo de la pandemia, al tiempo que reconocen que el sistema debe ser reformado. Hablemos de Salud Pública, entonces, no (sólo) de economía y política.

(*) Ignacio Katz es doctor en Medicina (UBA)

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