Jueves 06
Mayo de 2021
X
Opinión y Actualidad

Entre los ataques de Israel y las sanciones de EEUU: la disuasión nuclear iraní

Tras décadas de violencia, tensión, disputas directas e indirectas y guerras, pareciera que un acercamiento entre Irán y EE.UU. para destensar la cuerda en Oriente Próximo son buenas noticias para la región. Y lo son, pero no para la potencia bélica que marca la política exterior de EE.UU. y que se ha estado beneficiando del lucrativo negocio de la guerra eterna: Israel.

17/04/2021

Por Alberto Rodríguez García

Periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.

Para RT.

La misma semana en la que Washington y Teherán plantean negociar una vuelta al Plan de Acción Integral Conjunto (Acuerdo Nuclear para simplificar) para que los iraníes dejen de enriquecer uranio a cambio de menos sanciones, los israelíes han atacado Natanz, una de las principales centrales nucleares iraníes. La agresión se produce unos días después del ataque contra un barco mercante iraní en el Mar Rojo con el objetivo de intentar impedir que Irán envíe combustible a Siria y sus aliados.

Pero esta vez la estrategia de presión, aislamiento y agresión contra Irán ha salido mal. Ha salido mal porque en la mesa de negociaciones los iraníes ya no tienen nada que perder, y cada agresión es un punto a su favor. La República Islámica está tan sancionada que su situación no puede empeorar; no hay nada nuevo con lo que amenazar. Por el contrario, los argumentos iraníes para enriquecer uranio y protegerse con la disuasión nuclear cada vez son menos irrefutables, y es que este año han bombardeado a sus aliados en Siria y en Irak, han atacado sus infraestructuras dentro de sus fronteras y hasta un buque mercante. Incluso, el año pasado, los israelíes asesinaron dentro de Irán a Mohsen Fakhrizadeh, el científico y arquitecto jefe del programa atómico iraní. Un científico que se suma a la ya larga lista de científicos iraníes asesinados por Israel (más esos intentos de asesinato fallidos como el caso de Fereydoon Abbasi-Davani). Son estas agresiones las que llevan al régimen de los mulás a desarrollar armamento nuclear sin que nadie pueda criticar –desde la decencia y aceptando que todo país tiene derecho a protegerse– el enriquecimiento de uranio por encima del 60 % de pureza (el nivel más alto que jamás hayan enriquecido los iraníes, y es que hasta ahora se habían comprometido a no superar el 20 %).

Estados Unidos llegó a Viena con condiciones y sin la completa disposición a revertir –de entrada– las sanciones contra Irán, incluyendo aquellas impuestas por Trump tras salirse de manera unilateral del Acuerdo Nuclear. Tras los ataques israelíes, sin embargo, Washington ya no tiene ningún razonamiento serio para contra-argumentar las posiciones iraníes; ahora más inflexibles y con mucha más razón que hace una semana. Y es que Irán no ha atacado infraestructuras estadounidenses ni ha asesinado a sus activos los últimos días. Irán tampoco ha destruido la economía estadounidense ni atacado sus buques comerciales. Irán tampoco tiene desplegados a los Cuerpos de la Guardia de la Revolución Islámica en México ni Canadá amenazando las fronteras de Norteamérica.

Que Irán, con la paciencia, el juego de sombras y la perspicacia que caracteriza a los persas cada vez que negocian –lejos de actuar con la impulsividad que se espera del cowboy mundial–, se haya limitado a responder al ataque con "no caeremos en la trampa" y un sospechoso ataque no reivindicado por nadie a un buque israelí frente a las costas emiratíes (al contrario del Estado judío que hace alarde orgulloso de sus operaciones) debería ser la confirmación de que las negociaciones de Viena no van a ser fáciles y que la República Islámica se va a presentar exigente. Y es que al "no caeremos en la trampa" le sigue un "la respuesta será en Israel", obligando a Washington a decidir abiertamente si sus intereses son los de sus ciudadanos o los del Estado de Israel.

Las recientes operaciones israelíes contra Irán han dejado al descubierto la manga del Estado profundo estadounidense. El Estado profundo iraní, sin embargo, todavía cuenta con la amenaza del ascenso de la línea dura de la revolución al poder y con la disuasión de la destrucción nuclear como logren enriquecer el uranio lo suficiente como para crear armas. Presentarse como víctima moviendo las piezas hacia adelante tras las bambalinas hace a los iraníes tan imprevisibles como certeros, porque ¿cuándo es vulnerable yendo de farol y cuándo la amenaza es real? Nunca se termina de saber.

La historia moderna demuestra que nadie ataca a los países que tienen armas nucleares. Demuestra que el mundo se toma en serio a las potencias nucleares aunque su mera existencia moleste a los rivales. Israel busca mantener en jaque constante a Irán para frenar su influencia en Oriente Próximo y ser la potencia regional que da los golpes sobre la mesa. Ser la potencia que puede hacer lo que quiera con Siria, Líbano y Palestina sin consecuencia alguna. Sin embargo, Tel Aviv, que va con todo en la partida, está poniendo a la población iraní en conjunto a favor de su gobierno y la disuasión nuclear. Tel Aviv está haciendo que países como Rusia pierdan la capacidad de presionar a Teherán y que Washington tenga una posición más débil en las negociaciones. Tel Aviv está jugando 'all in', porque Teherán ha sobrevivido a la Administración Trump y su campaña de máxima presión. Teherán ha sobrevivido y ha salido con más fuerza. Y en su desesperación, Tel Aviv está tensando la cuerda de tal modo que si no mide sus acciones solo serán posibles dos escenarios: o un Irán fuerte con armamento nuclear, o pasar de la guerra asimétrica a la guerra total.