Santiago del Estero, Jueves 08
Diciembre de 2022
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Opinión y Actualidad

Patinazos opositores con daño autoinfligido

Facundo Manes y Carolina Losada, socios electorales, compartieron una semana equívoca. Errores no forzados y aclaraciones que lejos de enmendar, complicaron.

06/10/2022

Por Gonzalo Abascal
Para Clarín

La justificación fue aún peor que el hecho. Y es mucho decir. Carolina Losada incorporó a su hermana menor, Georgina, como personal temporario con la máxima categoría -y el sueldo acorde- en el Senado, e intentó explicarlo con un argumento ciertamente débil: dijo que su hermana es licenciada en Relaciones Internacionales y le falta poco para recibirse de abogada.

Si el nombramiento es un error que lesiona (para utilizar el verbo fetiche en los recientes comunicados de la interna radical) una idea vertebral del discurso opositor, la del control del gasto político y del Estado, no lo corrige las razones esgrimidas. Losada, que desde su elección disfruta de una primavera política con una promocionada nueva pareja incluida, seguro entiende que ser “casi abogado” no alcanza para explicar un empleo.

En todo caso, sería saludable que su hermana Georgina pusiera antes el foco en obtener su título en Derecho para luego evaluar el siguiente paso.

Más incomprensible se plantea la decisión cuando hace apenas meses, y ante el blanqueo de empleados en el Congreso, la santafesina alzó su voz para denunciar: “Ellos (por el oficialismo) van a decir que son empleados que ya trabajaban, pero es pasar empleados a planta permanente. No me sorprende esto del kirchnerismo, es una forma de robarle a la gente, agrandando el Estado”.

¿No sería oportuno también que legisladores y funcionarios asumieran que su rol exige ser y parecer, y hasta renunciar a deseos razonables? En definitiva, la discusión de los méritos de Georgina Losada (una militante radical con genuina vocación política) es secundaria: por un tiempo extendido, y al menos hasta que la economía ofrezca otras señales al ciudadano, no deberían designarse familiares en cargos públicos con sueldos pagados por el Estado, ni aunque el candidato llegue con un Premio Nobel bajo el brazo.

“Este es el vuelto de la política rancia y corrupta del kirchnerismo ante gente transparente que quiere hacer un país distinto”, se defendió la senadora. Puede ser, la política no es inocente, pero ese “vuelto” fue posible porque ella abrió la puerta para que ocurriera.

Otro que sorprende a correligionarios y enemigos por estos días es Facundo Manes, quien aparece decidido a diferenciarse a cualquier costo.

No es nuevo que la centralidad de Mauricio Macri, a quienes muchos pronosticaron una prematura muerte política, dispara la ansiedad de los aspirantes a una candidatura presidencial. A propósito, para entender el presente tal vez sea oportuno recordar una iluminadora definición de Rosendo Fraga: “Macri fue un político subestimado y un presidente sobrevalorado”.

Resulta legítima la aspiración, pero el tránsito demanda astucia y sutileza. No es lo mismo criticar a Macri que ubicarlo a la par de Cristina Kirchner. Lo primero puede ser entendido y compartido hasta por quienes lo votaron. Lo segundo cruza un límite tácito que sólo admite el desacuerdo como respuesta. Situar en un mismo plano a Macri y a la vicepresidenta describe más al propio Manes que al ex presidente.

Al igual que Losada, su segundo acto no fue reparador. “No imaginé que iba a armar tanto lío lo que dije”, intentó mostrar sorpresa.

Un candidato a presidente que se precie tolera casi cualquier condición, salvo una: la ingenuidad.