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"Si gano MasterChef, al millón voy a repartirlo y donarlo a dos refugios"

Así lo expresó Martín Fabio, cantante de Kapanga en una entrevista donde habló de su participación en el reality y detalles de su vida íntima.

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18/10/2020 -

La única batería que el Mono de Kapanga (51) veía con cariño casi todos los días era la de Claudio Maffia, el batero de la banda. Sin embargo, una inesperada posibilidad de sumarse a MasterChef Celebrity lo hizo amigarse a la fuerza con la batería... de la cocina.

“Yo me separé hace casi tres años y fue en ese momento, y lo digo de forma risueña, que aprendí a diferenciar el horno del lavarropas. ¡Y aprendí a usar los dos, ja! Porque no sabía ni encender el horno, le tenía pánico a meter el fósforo, eso es un peligro”, cuenta el Mono, Martín Fabio, con fino humor propio en una relajada entrevista con Ciudad.

Con esa misma alegría y simpleza, el artista parafrasea a Sandro para describir el festival al que expone a su paladar cada vez que le toca probar alguna delicia gourmet en el marco del reality: “¡Es un mundo de sensaciones! Textura, sabor, color, la presentación. Yo soy de la milanesa con papas fritas”. Broma que remata con otro chiste: “El programa es un Arca de Noe, y estamos uno de cada especie”.

La charla se extiende y se transforma en un diálogo franco, en el que el ídolo musical demuestra que es un vecino de Quilmes como cualquier otro, y que no se avergüenza de reconocer sus aciertos, errores ni mucho menos agradecer a las personas que lo ayudaron a lo largo de su vida. Sus padres Nilda Pasarelli y Juan Carlos Fabio, ya fallecido; su hermano, Carlos Fernando; Carla, la madre de su hijo Tobías (18) o su amigo Polaco, que nada tiene que ver con su competidor.

En ese selecto listado Andrea Rincón también tiene bien ganado un lugar en su corazón, a pesar de que no prosperó su noviazgo. Y de paso, explicó por qué tampoco volvió a formar pareja formal y estable desde que se separó de Carla, a quien le cuesta rotular como su exmujer.

-Hace décadas que la rompés como músico llenando teatros y vendiendo discos, ¿pero esto lo vivís como un renacer de tu popularidad?

-No sé si esto es un renacer. Soy el cantante de Kapanga hace 25 años y sé de las muestras de cariño que me ha regalado el público durante estos años en esa faceta. Por ahí, ahora con esta exposición hay gente que me está descubriendo. No es que me conoce todo el mundo. Yo vengo de otro palo, y la mayoría de los participantes tienen experiencias televisivas, salvo Cladia Villafañe y yo. Estoy acostumbrado a ir a la tele a hacer notas, tocar en vivo. Pero participar de un programa de cocina donde hay tres jurados que son los número uno en lo que hacen es todo un desafío.

-¿Cómo vivís el desafío?

-Con mucha adrenalina, es muy intenso todo desde hace dos meses y medio. Pero también me vino bien porque es de público conocimiento que los músicos hace siete meses que no tenemos ninguna actividad. Y yo soy una persona que no sabe estar en su casa, hace 25 años que estoy de gira 200 días al año. Y esta pandemia me pegó mal, como a la mayoría.

-¿O sea que ni dudaste cuando te llegó la propuesta de Telefe?

-En ese momento se me bloqueó la cabeza y les dije “loco, déjenme que lo piense”, porque esto es una serendipia (N del R: Un descubrimiento o un hallazgo afortunado, valioso e inesperado que se produce de manera accidental), como el espectáculo de Soy Rada. Me senté a charlarlo con mi círculo de confianza, que son mi hijo Tobías, Carla, la madre de mi hijo y algunas personas más a las que siempre les pido consejo. Y el Polaco, un amigo que vive en Bariloche y a quién conozco hace 35 años, me contestó enviándome una captura de pantalla sobre la Alegoría de la Caverna de Platón. Lo leí y era eso, salir de la zona de confort de la caverna. Ese artículo me hizo aceptar la propuesta, más allá de lo que me dijo mi mamá.

-¿Qué te dijo tu mamá?

-Me dijo: “¿Vas a ir a MasterChef? ¿Y qué vas a cocinar?”. No sé quién habrá corrido la bola de que yo cocino. Yo agradezco la oportunidad, me divierto y estoy aprendiendo un montón de cosas que no tenía ni idea y eso es muy nutritivo.

-¡Qué poca fe la de doña Nilda! Pero a tu hijo de chico al menos algo le habrás cocinado, unos fideos…

-Yo creo que más que nada me relacionan con la pizzería que tuve casi 22 años en Quilmes y Lanús, y que mi hermano, Carlos Fernando, tiene otra en Palermo. Todos en MasterChef me decían que seguro la rompía con las pizzas, pero yo les decía que jamás preparé una pizza. Yo siempre atendía los pedidos, hacía los repartos, atendía el mostrador o las mesas del local. Pero nunca estuve con las manos en la masa. Y la verdad es que cociné muy poco en mis últimos 25 años porque 200 días al año estoy de gira. Pero de esos 165 días que me quedaban libres 20 años estuve casado y Carla, mi exmujer, cocinaba muy bien; cada vez que volvía a casa me esperaba con alguna comida rica, unos 50 días. Otros 50 días comía pizza por mi pizzería. Me quedan 65 días, de los cuales son 20 de vacaciones. Con lo cual, me quedaban 35 o 40 días para cocinar, muy poco.

-¿Y cómo es tu alimentación desde que estás soltero?

-Yo me separé hace casi tres años y fue en ese momento, y lo digo de forma risueña, que aprendí a diferenciar el horno del lavarropas. ¡Y aprendí a usar los dos, ja! Porque no sabía ni encender el horno, le tenía pánico a meter el fósforo, eso es un peligro. Ahora hay cocinas mucho más modernas, pero tengo la misma desde que me junté hace 25 años, que tira. No me andan todas las hornallas, me funcionan dos nada más. Encima, las cocinas de MasterChef son de primera, de otra galaxia.

-¿Quedaste en buenos términos con tu expareja?

-Sí, con Carla tengo la mejor onda. Es la mamá de mi hijo. Me cuesta mucho decirle ex, porque no sé qué es ex… Legalmente es mi exesposa, pero no sé cómo llamarla. Ella fue mi compañera durante 22 años. Ella fue la primera persona que vendió un show de Kapanga en 1995, y la conocí en el primer show de Kapanga. Pegamos onda, nos enamoramos y pudimos armar una familia que unida duró 22 años. Hasta que ella tomó la decisión de irse a San Marcos Sierra, en el norte de Córdoba, que es el paraíso en la tierra. Ahí íbamos tres o cuatro veces al año durante 20 años. Yo me quedé en la casa con mi hijo.

-Parece que todavía te dura el amor por ella...

-Hay amor de compañeros. La vida nos premió con tener un hijo maravilloso, buen pibe, y creo que lo mejor para mi familia es esto. Cuando uno la entiende lo mejor es llevarse bien con el ex. Después si uno u otro rehace su vida, primero puede haber un poco de dolor, pero nadie muere de amor. Uno puede experimentar tristeza, pero no me morí de amor. Con ella tengo muy buena relación, nos hablamos todos los días. Por eso la consulté por el tema de MasterChef, y me dijo: “Te perdemos”. Es una gran compañera, una gran mujer, y sigo juntando llaves de bronce para hacerle un monumento por haberme bancado durante tantos años. Es que me vio desde el primer show, hasta el último al que vino cuando con Kapanga festejamos 20 años en el Luna Park. Ella es parte de la familia Kapanga. Más allá de ser la madre de mi hijo, es la que conoce todos mis secretos.

-¿Te limita a la hora de cocinar el hecho de no tomar alcohol hace 27 años?

-Es que yo no pruebo ni un bombón con licor, ni una “torta borracha”. En la cocina muchos les ponen vino a los platos, pero yo trato de ponerle algún caldo, no cocino con vino. Nunca hice publicidades de bebidas alcohólicas, y hasta me negué a hacerle publicidad a la cervecería Quilmes y al Vino Toro. Es una lucha personal.

-¿Te sentís estigmatizado?

-Todos somos prejuiciosos, y por ahí al que hace cierta actividad se lo estigmatiza sin conocerlo. A mí me tiene sin cuidado, pero no dejo de ser lector de comentarios y de fijarme porque estoy en las redes sociales. Uso Instagram, Twitter y me río de las barbaridades que me dicen. Y pienso que si tuviera 30 segundos para mirar a los ojos a los que me dicen eso les diría “no, están confundidos. No todo es lo que parece".

-¿Cómo hacés para practicar en la cocina si el horno de tu casa está tan deteriorado?

-Encima, los comerciantes gastronómico de la zona me malcrían mucho con la comida que me mandan a casa. También tengo poco tiempo de practicar, porque las jornadas de grabación son largas y tengo que ir de Quilmes a Martínez, salgo de mi casa a las 10.30 y vuelvo a las 22. Hay días que cuando llego quiero patear el horno. Para colmo, lo que mejor me sale es el asado, lo dije en todas mis notas, pero hasta ahora no vi aparecer ninguna parrilla en MasterChef y me está agarrando nervios.

-¿También estás conociendo nuevos condimentos, ingredientes y elementos?

-Sí. Yo cuando voy al Chino más o menos sé dónde están las cosas, pero en la despensa no sólo no sé dónde están las cosas, sino que sobre la marcha empezás a descubrir que hay cosas que nunca en la vida vi. Condimentos, juguitos, miles de especias, leche de coco… Miles de verduras, que para mí la verdura es la papa nada más.

-A muchos les sorprende tu humildad ante el jurado a la luz de tu actitud transgresora como artista.

-Es que yo no estoy como el Mono de Kapanga, sino delante de tres de los mejores chefs del mundo. Es todo un compromiso, un desafío. Me doy cuenta, no tengo paladar negro y ellos saben mucho. Yo me vi y me vi a mí mismo, por ahí es la gente la que se sorprende. Pero en un momento me olvidé de que estaba en TV, de las cámaras. Cuando me agaché después de la primera devolución no es que me emocioné, sino porque no daba más, estaba parado hacía siete horas, con mucha tensión, nervios. Semanas de ir y volver. Piensen que estuve casi 150 días sin salir de mi casa y esto es vertiginoso. Necesitaba una banqueta, un sofá para relajarme y decir “ya está, ya pasó”. Pero no había nada y no me iba a tirar en el piso.

-¿Qué harías con el dinero del premio?

-No pensé en ganar el millón de pesos. Pero ahora que lo pienso, pagaría algunas deudas, una parte la repartiría con el staff que hace ocho meses que no tienen ingreso. Somos más de veinte familias que dependemos de Kapanga. Lo repartiría con ellos y otra parte para dos refugios de para perros rescatados de Quilmes con los que colaboro. Un poco para cada lado.

-Hablando de eso, pronto se viene el Kapanga Night Show II...

-Sí, es el 24 de octubre. Es un formato raro, extraño, nuevo al cuál nadie está acostumbrado. Ni el público ni nosotros, pero es la única forma viable de tocar, sacarnos el polvo que tenemos. Son 25 años ininterrumpidos y nunca paramos más de un mes, no sé cómo es la vida en mi casa. Yo soy bicho de pueblo, ciudad, ruta, de otros países, de viajar en micros, combis. Solo me falta viajar en ovni.

-¿Pudieron aprovechar este parate para componer o editar temas nuevos?

-Cuando nos agarró la pandemia habíamos arrancado a grabar el futuro material, el nuevo disco de Kapanga. Lo arrancamos en diciembre con Todavía, a dúo con Nahuel Penisi. Hicimos gira hasta que decretaron la cuarentena y no nos pudimos juntar más. Tenemos varias canciones para grabar, ensayar, hay bosquejos, demos. Tratamos de que se normalicen las cosas para tratar de generar desde nuestro estudio, ya que no podemos tocar para la gente. Porque nuestro trabajo como banda no es solo ir a tocar, sino que es de todos los días, los ensayos, las reuniones. No es como cuando éramos chicos que nos juntábamos a tocar un rato y cada uno se iba a su casa, porque somos una empresa. Tenemos un montón de cosas para hacer.

-¿Estás en pareja?

-No. Estoy solo y muy bien como estoy. Y a veces tener una pareja o un compromiso requiere que se le dedique mucho tiempo, y a veces “no tengo tiempo”. Después de 22 años en pareja, 20 de casado, es todo un compromiso que asumir el hecho de abrirle el corazón a alguien.

-¿Fue el caso de Andrea Rincón?

-Con Andrea duró, estuvo buenísimo. Fue una de las personas que me abrió la cabeza. Yo la conocí recién separado y fue la primera que me bancó cuando estaba mal. Yo no estaba preparado, pero empezamos a hablar y me aconsejó muy bien. Ella y mi amigo el Polaco fueron los que más me apuntalaron. Andrea para mí es una luchadora, una piba increíble que me contó su experiencia y por ella terminé yendo a terapia cuando siempre fui antipsicólogo. Pero me ayudó mucho, con el psicólogo logré superar todo rápido, en menos de un año. Hasta que un día le dije que no tenía nada más para contarle, que me había ayudado un montón y me dijo que me dé de alta. Tengo un cariño muy especial por Andrea, tiene un pasado un similar al mío, aunque quizá el de ella sea un poco más picante. Tenemos buena relación, hablamos por teléfono, la felicité por su paso por el Cantando, ella me contó de sus proyectos. Me pone muy feliz que cumpla sus sueños, sus objetivos. Le tengo el máximo respeto.

Fuente: Ciudad

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