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Marzo de 2021
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Opinión y Actualidad

Volver a las aulas: los chicos son esenciales

El cierre de las escuelas durante el año pasado va a dejar enormes consecuencias en toda nuestra sociedad.

23/02/2021

Por Franco Moccia, en el diario Clarín
Aislamiento, tapabocas, contacto estrecho, curva y rebrote. Son muchas las palabras que incorporamos a nuestro vocabulario diario durante el 2020. Pero de todas ellas, la que siempre me llamó la atención fue la de esencial.

La pandemia llegó y nuestra vida se dividió entre lo esencial y lo no esencial. Había actividades esenciales, trabajos esenciales, personas esenciales. Y, en consecuencia, actividades no esenciales, trabajos no esenciales y, naturalmente, personas no esenciales.

Por supuesto, no se trata de discutir en absoluto el rol central de los profesionales de la salud y de cada uno de los trabajadores que estuvo –y sigue estando casi un año más tarde- al frente de esta pandemia. Se trata, sino, de detenernos a pensar en el poder de la palabra esencial y la construcción de una realidad en torno a ella.

Lo expresa a la perfección un peluquero que desesperado grita en un móvil de televisión que él es un trabajador esencial, porque su trabajo es esencial para él porque si no, no come.

En toda esa vorágine, me pregunto entonces qué realidad vivieron los millones de chicos de nuestro país. Chicos a los que durante un año les dijimos –literalmente- ustedes no son esenciales. Aun cuando ya muchas de las actividades que considerábamos no esenciales como los casinos volvieron a funcionar, vos no sos esencial. No es esencial que aprendas a leer acompañado de tu maestra, no es esencial que resuelvas esa suma en el pizarrón, no es esencial que veas a tus compañeros.

El cierre de las escuelas durante el año pasado va a dejar enormes consecuencias en toda nuestra sociedad. La pérdida académica es incuestionable, porque si bien sabemos que la comunidad educativa ha hecho un esfuerzo enorme por mantener la educación a distancia, la virtualidad, la televisión, la radio y las fotocopias y cuadernillos tienen un límite. Nada reemplaza a la escuela.

Además, el cierre de las escuelas profundizó las desigualdades y afectó especialmente a los chicos más vulnerables. Según un informe de UNICEF, menos de la mitad de los hogares tienen acceso fijo a Internet de buena calidad y la mitad no cuenta con una computadora disponible para el uso educativo de los chicos.

La brecha se acrecienta aún más cuando entran en juego la falta de acceso a infraestructura o una vivienda adecuada ¿Cómo no dejar a nadie atrás cuando hay chicos que no tienen un espacio físico para estudiar si no es en su escuela?

Se calcula que alrededor de un millón de chicos y chicas no tuvieron prácticamente contacto con la escuela durante el 2020. A estos chicos, perder un año entero de escuela los pone en un serio riesgo de dejarla para siempre.

También las inequidades de género se acentuaron con el cierre de los establecimientos educativos, porque sabemos que son las mujeres las que más tiempo dedican a las tareas de cuidado y a educación de los chicos. Mujeres que tuvieron que dejar de estudiar ellas mismas, o de trabajar para poder atender a las demandas académicas y de contención que tuvieron los chicos en estos meses de encierro.

Y, por supuesto, está el aspecto social y psicológico. Es incalculable lo que perdieron los chicos en términos de sociabilización y de maduración todo este tiempo. Y todo eso es muy difícil de recuperar. Nadie va a discutir que el capítulo 4 del libro de Historia se puede estudiar el año que viene, pero hay ciertas cosas, por ejemplo el desarrollo cognitivo, que se aprenden a determinas edades y la herramienta fundamental para aprenderlas es la experiencia.

Lamentablemente no hay Zoom que pueda recrear la experiencia de estar sentado en un aula entre compañeros. Y lo que se aprende tarde, condiciona al chico para siempre de cara a su futuro.

Por todo esto, es fundamental que durante el 2021 las escuelas estén abiertas. Por supuesto, con todas las medidas y protocolos de cuidado correspondientes para que tanto chicos como docentes estén seguros. Pero tienen que estar abiertas. Necesitamos mostrarles a los chicos que ellos son esenciales.

Y tenemos que buscar especialmente a lo más vulnerables, a los que más les costó o no pudieron seguir con su educación a distancia, porque si ya teníamos una deuda con ellos antes es probable que si no hacemos algo rápido, la pandemia vuelva esa deuda irreversible.

En el mes de los 210 años del natalicio de Domingo Faustino Sarmiento, vale recordar que “todos los problemas son problemas de educación”. Los argentinos tenemos muchos problemas. La presencialidad es el punto de partida para empezar a resolver uno de los más grandes que tenemos que es la desigualdad. La escuela es la herramienta igualadora por excelencia, una herramienta que genera oportunidades y progreso. Una herramienta esencial.

El año pasado aprendimos que hay cosas que no son esenciales. Que no siempre es esencial estar en el mismo lugar para festejar un cumpleaños juntos, o ir a la oficina para tener una reunión de trabajo. Pero hay otras que son irremplazables, como los chicos en la escuela aprendiendo con sus docentes y compañeros.

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