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Mayo de 2021
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Opinión y Actualidad

Basta de historias de terror sobre el Brexit

Aparte de una breve interrupción de los flujos comerciales, la salida británica de la UE ha sido un ‘no acontecimiento’ macroeconómico.

19/04/2021

Por Wolfgang Münchau, director de eurointelligence.com

Traducción de News Clips.

El colapso del comercio entre Reino Unido y la Unión Europea tras el 1 de enero hizo correr ríos de tinta. De lo que no se ha informado tanto es de que las exportaciones del primero se han recuperado por completo. En febrero habían aumentado un 46,6% después de haber caído un 42% el mes anterior. Las importaciones todavía no. En febrero habían recuperado un 7,3% tras una caída del 29,7% en enero. Me alegra pronosticar que pronto se recuperarán también. Lo que estas y otras cifras nos dicen es que incluso esta parte de las historias de terror sobre el Brexit va a hacerse realidad. Si nos fijamos en los datos y las proyecciones más recientes del Fondo Monetario Internacional representados en el gráfico al principio de esta columna, en los 10 primeros años posteriores al referéndum no se distingue un efecto macroeconómico visible de la salida de Reino Unido de la UE. El año pasado, la caída del crecimiento británico superó a la de la zona euro, pero esto se compensará con un mayor crecimiento en el año en curso. La futura prosperidad de Reino Unido dependerá en gran medida de las medidas que el Gobierno británico aplique en adelante, con o sin Brexit.

Las predicciones erróneas sobre el Brexit reflejan tres fenómenos independientes que, sin embargo, se solapan. El primero es la captura política de los autores de los pronósticos oficiales. El Tesoro de Reino Unido y el Banco de Inglaterra, por supuesto, no fueron actores neutrales. Las instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos cuentan con el Gobierno británico entre sus financiadores.

Un segundo grupo se equivocó porque permitió que sus preferencias políticas se impusieran a sus juicios económicos. Es lo que le pasó a la mayoría. El Brexit ha sido la disputa política más emotiva de los últimos tiempos. A algunos les hizo perder la cabeza. Conozco muy pocas personas que fueran verdaderamente neutrales. Las previsiones de casi todo el mundo sobre los efectos económicos se correlacionaban al 100% con sus ideas políticas.

La causa de los errores del tercer grupo, formado en gran parte por economistas, fue que tomó como base malos modelos. Entre este grupo y los otros dos hubo un solapamiento, pero merece la pena identificarlo por separado. Los modelos a los que me refiero son los basados en los flujos comerciales a largo plazo. Dado que el Brexit introduce un pequeño grado de fricción en el comercio de mercancías físicas, y bastante más en el de servicios financieros y bienes agrícolas, las simulaciones predijeron una pérdida de bienestar a la larga. Pero eran modelos cortos de vista: solo veían lo que podía perderse.

Bienvenidos a la escuela de economía del artilugio. Lo importante son los objetos y los contenedores, la geografía y las cadenas de suministro industrial, la materia de la economía del siglo XX. Lo que se ignora aquí es que los acontecimientos y las tecnologías se entrometen. En el futuro no comerciaremos solo con diferentes productos, sino que una proporción cada vez mayor del tráfico tendrá forma de datos.

Es un ámbito en el que Reino Unido podría beneficiarse de la divergencia normativa con la Unión Europea. La normativa general de protección de datos de la UE, poco favorable a las empresas, inmuniza al continente contra la inteligencia artificial, que muchos europeos consideran una enfermedad estadounidense. Las aplicaciones para el rastreo de virus, la inteligencia artificial aplicada al tráfico, la tecnología de reconocimiento facial y los drones militares dependen del intercambio de datos. Con el Reglamento General de Protección de Datos, la UE se dotó de un régimen dirigido a un consumidor analógico de la era predigital.

Sabemos que Estados Unidos y China son los mayores inversores del mundo en inteligencia artificial. Pero las cifras generales no cuentan toda la historia. Un informe del Centro para la Innovación de Datos en el que se tuvieron en cuenta criterios cuantitativos muestra que la dinámica favorece a Estados Unidos en particular. Estados Unidos ocupa el primer puesto en todos los criterios clave ‒talento, investigación, desarrollo, equipos, adopción y datos‒, seguido por China. La UE logró algunos buenos resultados en publicación de artículos académicos, pero va por detrás de los otros dos en todas las demás categorías. El informe concluyó que el Brexit reducirá aún más la capacidad de la Unión Europea en materia de inteligencia artificial.

Las teorías comerciales con sus funciones de proximidad geográfica y sus ideas sobre la ventaja competitiva relativa explican el flujo de mercancías físicas, pero son irrelevantes para el intercambio de datos. La importancia de este último ya es considerable. El Instituto de Políticas Progresistas ha insinuado que las estadísticas oficiales no representan adecuadamente el intercambio de datos, que al no constituir una categoría oficial, queda subsumido en la de servicios. En consecuencia, si basamos nuestros macromodelos en las categorías estadísticas existentes, muy probablemente no tendremos en cuenta el área de mayor crecimiento del comercio mundial.

No estoy diciendo que el Brexit vaya a ser un éxito económico. No creo que eso vaya a ocurrir. El mejor argumento económico contra el Brexit es el que nunca se ha esgrimido: es poco probable que el Gobierno de Reino Unido, ya sea laborista o conservador, aproveche las oportunidades de la divergencia normativa.

Sin embargo, los pronósticos catastrofistas eran erróneos y engañosos. Cuando los economistas no predijeron la crisis financiera mundial, no lo hicieron por malicia o sesgo político. Pero sus predicciones sobre el Brexit no fueron un error inocente, ni serán recordadas como tal.