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Opinión y Actualidad

China y Estados Unidos, empujones en el desfiladero

Nunca como antes las dos potencias capitalistas de esta época estuvieron en niveles de tan alta e imprevisible confrontación.

10/03/2023

Por Marcelo Cantelmi, en diario Clarín
El flamante canciller chino, Qin Gang, con un tono premeditadamente agresivo y dramático, alertó esta semana sobre el camino de colisión inevitable por el que marchan las dos mayores economías de la época. Atribuyó ese peligrosa deriva solo a EE.UU. Sin autocríticas.

Poco antes, el presidente Xi Jinping, en un gesto inusual, nombró a la potencia norteamericana a la que identificó encabezando un puñado de países empeñados, dijo, en “causar desafíos sin precedentes para el desarrollo de nuestra nación”.

No fue una amenaza o solo una amenaza, más bien una constatación, y esto es lo grave, sobre la delgada cornisa en la que se tramita este duelo, que en el otro lado advierten con iguales niveles de riesgo.

Nunca como ahora las dos mayores estructuras capitalistas estuvieron en un ciclo de tan alta e imprevisible confrontación. Es una consecuencia, no la única, de la guerra comercial que lanzó Donald Trump y que escaló a niveles extraordinarios con la gestión del demócrata Joe Biden. La República Popular juega en los mismos tonos con un nacionalismo explícito y un tono de batalla cada vez que alguno de sus diplomáticos abre la boca.

Desde antes de la instauración de Xi como presidente perpetuo del gigante asiático, la República Popular ha venido sacrificando su poder blando y con él su imagen restauradora. Las últimas cuotas de esa capacidad de seducción se consumieron con la alianza que Beijing mantiene con el autócrata ruso Vladimir Putin.

El nivel que ha alcanzado el conflicto entre las dos potencias, piloteado por los halcones de cada lado, vuelve a corporizar el espectro que se creía congelado de la célebre trampa de Tucídides. La noción de que un imperio que nace chocará inevitablemente con el que lo precede. Riesgo que en sus discursos de hace un lustro el propio Xi había esterilizado.

Temor de una guerra planetaria
Hoy, en cambio, la humanidad se abruma con el temor de que esa colisión a la que alude Qin sea la de una conflagración planetaria que emerja al agotarse la política y la diplomacia en la disputa por los mercados y la preeminencia tecnología que es la matriz por la cual se libraron los dos mayores conflictos bélicos del siglo pasado.

Este enfrentamiento, constituye entre otros efectos, el lastre que impide resolver el callejón de la absurda guerra que Rusia lanzó contra Ucrania. La República Popular, que reúne poder real para cancelar este litigio incómodo también para sus intereses, elude hacerlo porque no puede facilitar una victoria de EE.UU. sobre el aliado ruso.

Los asesores de Xi suponen con acierto que un desenlace en esos términos fortalecería la alternativa de un avance occidental sobre la propia China, según advierte en el Financial Times el analista Gideon Rachman.

Pero Beijing necesita apagar este conflicto que potencia a sus adversarios, particularmente la hostilidad proteccionista norteamericana lo que agrava las dificultades económicas propias. Solo nótese que en el presupuesto presentado esta semana, la República Popular pronostica un crecimiento de 5% para 2023, módico y posible.

Pero aún si cumple con esas metas, el gigante asiático estará más de 2% por debajo del nivel en el que se encontraba antes de la epidemia y de su ruinosa política de Covid cero. La economía es el karma principal que determina las políticas.

Cualquier coordinación, aunque solo fuera coyuntural, con el lado norteamericano se disipó en las últimas semanas con la extraña anécdota del globo que liquidó el acercamiento de los dos gobiernos expuesto en el G20 de Indonesia.

De modo que el dilema para el Imperio del Centro es cómo salir de esta trampa con un saldo que le sea favorable. Esa especulación, como ya hemos señalado en esta columna, es la que más debería preocupar a Putin.

Si hay algo claro en esa pesadilla es que, salvo que EE.UU. tome Rusia, alternativa poco realista por decir lo menos, no existen posibilidades de que un eventual relevo en el liderazgo del Kremlin consagre a un dirigente proccidental. Eso no preocupa a Beijing, más bien los jerarcas del PCCH deben contar ya con un racimo de alternativas para el sillón del Kremlin.

Esta teoría gana espacio debido a que la salida del jerarca ruso podría ser el peaje a negociaciones ciertas y pavimentaría la chance de concesiones del lado ucraniano. Involucra en cierta medida la mentada alternativa coreana, en alusión al cese del fuego sin tratado de paz que concluyó esa guerra el siglo pasado.

Recientemente el corresponsal de Clarín en Roma, Julio Algañaraz, recordó con acierto que el histórico armisticio de julio de 1953 entre las dos Coreas fue posible luego de una mudanza crucial en el liderazgo de la URSS con la muerte de Stalin, poco más de dos meses antes.

Semejante deriva, además, conformaría el antiguo apetito chino sobre Rusia. Alternativa que incomoda a EE.UU. que ha estructurado esta guerra como una vidriera de predominio. En ese sentido, la estrategia de Washington se ha dirigido a impedir que la República Popular pueda apartarse del costo tóxico de su sociedad con el sátrapa ruso.

Incluso, poniendo fecha a un posible ataque a Taiwan o denunciando preparativos para entregar un supuesto arsenal a Moscú y publicitando una insistente narrativa de retos severos de los funcionarios norteamericanos contra sus pares chinos, teatralización de hermano mayor que enfurece al régimen.

Hay infinidad de razones para sospechar que la potencia china esquivaría por todos los medios involucrarse a esos niveles con la aventura de Putin. Para volver a citar a Rachman, una sola pistola china en el lado ruso haría que Beijing “pierda toda posibilidad de construir una cuña entre la Unión Europea y EE.UU. Seria visto como una amenaza directa para la seguridad europea”.

Es por eso que desde la mirada de EE.UU. y sus nacionalistas, el lugar de China en el conflicto ucraniano ha sido una llave de oro que le permitió potenciar su rivalidad con un adversario que le disputa en todos los terrenos.

Para escándalo de medios como The Economist, Washington, “el defensor más resonante del libre comercio y la economía abierta”, acabó justificando en la batalla con Beijing una política proteccionista retrógrada “con subsidios y otras formas de política industrial” intervencionista. Un procedimiento que la revista liberal describe como de “suma cero” y que, por un efecto de imitación, se multiplica por el mundo.

“El resultado es una profusión de obstáculos en el comercio internacional y la inversión, dos rubros de por sí ya estancados”, lamenta. No exagera. Un informe de la ONU indica que más de un centenar de naciones, el 90% del PBI mundial, ha adoptado ya distintas formas de estrategias industriales con barreras y subsidios.

Negligencias y oportunismo
Hay efectos extraordinarios en esos retrocesos. EE.UU. está frenando la venta de microchips y las máquinas para producirlos a China para retrasar su evolución tecnológica y presiona a sus aliados para construir una barrera total en esa línea.

La República Popular es el mayor mercado mundial para los semiconductores, insumo central en la actual revolución científica y todo el arco de inteligencia artificial. Pero empresas líderes en el sector como TSMC, basada en Taiwan, la mayor productora global de microchips, protestan porque sostienen que estas políticas reducen la productividad y la eficiencia. El saldo de “suma cero” que reprocha la revista británica.

Hay otras razones no tan conocidas que alimentan el ímpetu proteccionista occidental. Un informe del Institute for New Economic Thinking, creado entre otros por el financista George Soros, denunció cierta negligencia en el desarrollo tecnológico norteamericano. Incluyó como ejemplos el desempeño de Cisco Systems, una de las estrellas de la revolución de Internet, o el gigante tech Qualcomm.

Según el informe, estas empresas prefirieron recortar las inversiones en desarrollo y destinar montañas de dinero a la recompra de acciones para apuntalar el precio de sus papeles en el mercado. En los veinte años desde 2001 a 2022, Cisco, por ejemplo, gastó 152 mil millones de dólares en esas operaciones desplazando los presupuestos para innovación, centrales en el corazón de esta disputa.

Ese enorme lapso coincide justamente con la lenta escalera que China comenzó a subir para lograr una dinámica propia en tecnología, que es lo que vemos hoy, por ejemplo en 5 y 6G, telecomunicaciones, robótica y supercomputadoras. La  historia por momentos es un boomerang.

Fuente: diario Clarin.