¿Qué porvenir le queremos dejar a las generaciones futuras si vulneramos cada vez más un derecho tan básico?
Por Ezequiel Cisterna para Diario Panorama - El nacionalismo autoritario avanza posiciones en los Gobiernos y Parlamentos de todo el mundo y Argentina no queda exento. En relación con este proceso, están surgiendo múltiples respuestas al cambio climático como política, tal es el caso de nuestro país.
A pesar del amplio apoyo social y científico al reconocimiento de la emergencia climática y la realidad del cambio climático el avance de las formaciones nacionalistas autoritarias supone un riesgo para la implementación de políticas ambiciosas de transición energética y adaptación al cambio climático.
Frente a esto surgieron figuras como Santiago Abascal, presidente del partido español Vox, quien afirmó en 2019 que "con la excusa del cambio climático, lo que están haciendo es restarles libertad, decirnos qué tenemos que comer, que debemos tener menos hijos, que no tenemos que andar en coche", años después, reconstruyó su discurso.
En nuestro país, el candidato a presidente Javier Milei aseguró en su momento que "el cambio climático es una creación del socialismo marxista" y actualmente sostiene su postura. Además agregó que "una empresa puede contaminar un río todo lo que quiera", afirmando que el valor del agua es cero y propuso la apropiación de los cauces por parte de intereses privados".
Aunque prácticamente la totalidad de estas formaciones se oponen a las políticas climáticas, tienen un discurso relativamente heterogéneo. Sus discursos, en muchas ocasiones, son explícitamente negacionistas y cuestionan el consenso científico sobre la existencia del cambio climático antropogénico, pero también existen narrativas negacionistas más ambiguas. Estas se centran en enfatizar la injusticia social y económica que supone la acción climática, cuestionar su utilidad y minusvalorar los riesgos climáticos.
Las formaciones nacionalistas autoritarias también han incorporado el uso de una retórica populista para socavar la percepción social de que el cambio climático es un problema legítimo que exige respuestas. Este negacionismo populista asocia las políticas climáticas a intereses elitistas. Tal es el caso de varios de los candidatos de la lista de Juntos por el Cambio quienes sostienen que el litio era un recurso estratégico para garantizar la transición energética. Pero, ¿transición energética de quienes?obviamente de los países desarrollados a costa del sacrificio de nuestras comunidades y sus territorios.
Estas formaciones están desarrollando un repertorio discursivo y político para afrontar la crisis climática con una postura xenófoba y de exclusión social.
Los discursos negacionistas, más que desaparecer, se adaptaron para ser más aceptables.
Entonces surgieron nuevos negacionismos con estrategias más sofisticadas para desproblematizar la crisis climática global. En su mayoría, estas nuevas posturas reconocen la existencia del cambio climático, su carácter antropogénico y el consenso científico en torno a su constatación, pero aun así son capaces de rebajar el nivel de ambición de las políticas y retrasar la reducción de emisiones.
En un contexto de malestar social y en un mundo globalizado en crisis, existe el riesgo de que estos procesos canalicen los temores, la incertidumbre y el resentimiento producidos por la debilidad relativa del Estado en relación con la inacción climática y la exclusión social. Lo cierto es que, cabe preguntarnos: ¿Qué porvenir le queremos dejar a las generaciones futuras si vulneramos cada vez más un derecho tan básico?
Encaminarnos hacia el desarrollo sostenible implica defender el ambiente en pos de las generaciones que vendrán. Lo cierto es que resulta necesario exigirles a los candidatos a presidentes una agenda política en materia ambiental acorde a la realidad actual, que proclame que justicia ambiental es justicia social.