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Febrero de 2024
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Opinión y Actualidad

Un oasis entre la furia y una fusión complicada

El viaje de Milei por Israel y el Vaticano asoman como excepcionales en medio de la endemoniada autopista política local.

12/02/2024

Por Claudio Jacquelin
Para La Nación

as estaciones místico-religiosas del primer viaje internacional de Javier Milei en su condición de Presidente asoman como excepcionales oasis de calma y reflexión en medio de una endemoniada autopista política. Por aquí, en cambio, transita con idéntico fervor y convicción, pero en un continuo imparable, que no repara en contradicciones y tropiezos. Ni ahorra en las más furiosas reacciones.

El hombre conmovido y humilde hasta la sumisión ante los símbolos y autoridades religiosas es el mismo que con apenas minutos de distancia emite rayos y diatribas por los ojos y la boca contra todo aquel que considere traidor, enemigo o infiel (elíjase el anatema preferido). El equilibrio y los acuerdos aún asoman lejanos, pese a los últimos anuncios. Igual que las soluciones a las dificultades que enfrenta en los dos meses iniciales de gobierno.

En el primer encuentro en el Vaticano, que bien puede titularse “Besos, sonrisas y mensajes punzantes”, el papa Bergoglio resumió con claridad, en palabras y gestos, toda esa ambivalencia. La extrema cercanía y la calidez con que el jefe de la Iglesia trató a quien lo había insultado hasta hace nada (lo que Milei sigue haciendo con los destinatarios de su ira política) convivieron con un par de frases en las que se advierten límites y se insinúan admoniciones. Dios y el diablo siempre están en los detalles.

La homilía en la que Francisco habló de “falsa religiosidad”, de “intolerancia” y de “la lepra del alma”, que se expresa “cuando creemos que el problema son siempre y solamente los demás”, tuvo destino urbi et orbi, como siempre con el mensaje papal. Una obviedad.

Sin embargo, conviene no separar la homilía de la evasiva respuesta que Bergoglio le dio a Milei cuando, sobre el final del saludo personal, y luego de haberle aconsejado “tener muñeca”, este dijo: “Sí, hay que tener muñeca, dada la aspereza del otro lado”. El Presidente pareció no haber escuchado bien el sermón previo y el Papa hizo como que si no hubiera oído la descalificación presidencial a los opositores. La frase “Dios es más grande” y el habitual “recen por mí”, con los que Bergoglio cerró el informal diálogo sin referencia alguna a esa deriva política, fueron elocuentes. “A Dios lo que es de Dios”.

El vínculo entre Papa y presidente argentinos es una obra pública y privada en construcción, que parece estar destinada a tener redeterminaciones frecuentes. La furia puede, a veces, encauzarse y los pasos en falso, reconducirse, pero no sin costo ni sin trabajo de reparación. En eso están. Hay intereses superiores concurrentes y asuntos accesorios divergentes. Al menos, por ahora. La fragilidad del país de ambos lo hace posible.

El encuentro de este lunes será otra estación del mismo recorrido. Los pronunciamientos del Episcopado y de Cáritas que pavimentaron estos encuentros con reclamos por la crítica situación social no son expresiones de librepensadores. También lo de hoy debe verse en ese contexto.

Antes y después de la estadía en esos oasis a Milei lo acosan los problemas irresueltos, los tropiezos y las batallas perdidas (aunque se vendan como triunfos), que le han ocupado hasta las horas de descanso de su extenso e intenso viaje . En algunos casos, él mismo los ha profundizado en su estrategia de demolición de lo que se le opone y en el objetivo de lograr la rendición de los que no acompañan. En ese camino, asomó un posible acuerdo con Pro. O “fusión”, como lo llaman en el mileísmo.

La definición científica de esa palabra no podría ser más ajustada a lo que se pretende, descriptiva de sus efectos y advertencia de complejidades. La admisión de una apertura hacia algún tipo de acuerdo formal entre el oficialismo y el macrismo, bajo el concepto de “fusión”, remite inexorablemente al campo de la energía. No solo por la potencia atómica que se busca darle, sino también por los riesgos y amenazas que entraña.

“La fusión nuclear es una reacción en la que dos núcleos de átomos ligeros se unen para formar otro núcleo más pesado, generalmente liberando partículas en el proceso”, dice el glosario especializado.

La complicación que enfrenta por estas horas ese acercamiento, tras el entusiasmo propagandístico que se le dio, muestra que hay problemas técnicos. “Para lograr la fusión es necesario alcanzar altas cotas de energía que permitan que los núcleos se aproximen a distancias muy cortas, en las que la fuerza de atracción nuclear supere las fuerzas de repulsión electrostática”. Eso es lo que estaría pasando. De (y en) ambos lados hay potentes fuerzas de rechazo y de condicionamiento.

“Esto requiere de algo elaborado, orgánico, para que agregue valor y que contenga la mayor cantidad de gente. No pueden ser arrebatos intempestivos o individuales, para lograr que Pro se sienta parte y ayude al gobierno de Milei, porque nunca va a dejar de ser el gobierno de Milei”, advierte una de las personas que más cerca están de Mauricio Macri. Paños fríos que llegan desde el sur. Los mismos que usan para la versión de que pasado mañana habría una reunión entre el Presidente y su predecesor, ahora devenido consejero y eventual socio.

El núcleo más cercano a Macri admite las conversaciones con Milei, pero se preocupa por dejar en claro que hasta ahora no se ha hablado de cargos ni de nada en concreto, sino “de sumar esfuerzos en la defensa de nuestras ideas”. Cualquier cosa que digan en contrario activaría (aún más) los reflejos defensivos y de desconfianza de Milei.

Lo que expresa el macrismo más puro no solo está relacionado con las “fuerzas de repulsión” que se activan en el oficialismo ante la posibilidad de un acuerdo, que incluiría la incorporación institucional de macristas al Gobierno. También está vinculado con las diferencias y conflictos de poder que existen dentro de Pro.

Al margen de la distancia o aversión que marcan respecto de un pacto con LLA dirigentes amarillos como Horacio Rodríguez Larreta y varios otros, existe un ala que ya dio el salto, liderada por Patricia Bullrich. Esta resalta sus diferencias con Macri y alimenta los recelos de Milei a un acuerdo con Pro desde un plano de igualdad.

La amenaza identitaria que podría significar para el oficialismo algún tipo de pacto o alianza partidaria con Pro provoca un dilema existencial para los hermanos Milei, Santiago Caputo y Nicolás Posse, guardianes de la pureza del ser anticasta,

El tropiezo en el Congreso y “la traición” de efímeros socios como le atribuyen al cordobesismo peronista, obligan a explorar la admisión de otros, como el macrismo, en terrenos a los que hasta el martes tenía vedado el acceso, por miedo a una ocupación indeseada. El problema se agrava por la ausencia de líderes indiscutidos.

Por eso, quienes interactúan con Bullrich destacan que la ministra habla de “convergencia de ideas, lo cual es un condicionamiento para Mauricio (Macri), que quiere otra cosa, más ligada a conducir un proceso que él cree que puede conducir. Pero este no es su segundo tiempo”, aclaran. Las diferencias están a la vista.

Otras voces cercanas al mismo sector abundan en las diferencias y sobre la receta para lograr la fusión. “Primero hay que encuadrar a Pro en una idea, que es la que ganó las PASO. Luego, entender que esa idea hoy la representa Milei como presidente. Macri, en cambio, parece creer que él tiene la llave sobre cómo gobernar la Argentina. Ese no es el camino. No es con cargos. Es con ideas que se transformen en cargos. Hay muchos de Pro que no comparte las ideas, que lo hacen forzados. Y eso se nota. En eso HRL es más claro, él va por otro camino”, dicen.

Para Milei es mucho más que un dilema cómo ordenar la política, que para algunos es en este momento un problema tan grave o mayor que la economía. “A diferencia de los presidentes anteriores, Javier enfrenta la economía como ninguno, pero si no ordena y reconduce va a chocar por la política. El superávit fiscal del primer bimestre es insostenible en el tiempo por el impacto social, político y en la actividad económica que tiene. Necesita un soporte más amplio, porque aun cuando cierre con Macri no va a asegurar en Diputados más de 76 votos y necesita 129 para sacar las leyes”, advierte un veterano dirigente y actual diputado de la bancada de Pro, fiel ahora a Macri, pero con pensamiento propio.

Ante ese intríngulis tan difícil de resolver para el Gobierno, el Presidente se dispone a acelerar con su empresa de demolición, bajo una premisa que quienes él más escucha le repiten ante cada tropezón.

“A Javier lo votaron para que termine con la casta y lo van a seguir bancando mientras siga por ahí y aunque no logre bajar rápido la inflación”, resume uno de esos confidentes presidenciales con absoluta convicción y notable optimismo.

No les hacen mella a esos militantes del dogma anticasta algunos nombres del gabinete, como el de Daniel Scioli, que expuso con nombre y apellido Bullrich. Eso le valió una queja de su par Guillermo Francos, amigo del turisnauta y quien lo devolvió a una estructura gubernamental, como viene haciendo con pocas interrupciones desde casi 30 años.

Con el objetivo de acelerar la instrumentación del plan mileísta, esta semana se instalarán en la Casa Rosada Federico Sturzenegger y su equipo, autores intelectuales de casi todo el andamiaje desregulador.

Su misión es poner en ejecución el polémico megadecreto de necesidad y urgencia, para lo cual ya tiene elaborados más de 8000 decretos y resoluciones reglamentarias. Si la cifra asusta cabe aclarar que a ese número se llegó luego de que miembros del equipo de Sturzenegger aplicaron inteligencia artificial para reducir a casi 10% el número de normas, que originalmente superaban las 80.000.

Después de la “ira divina” que desató en Milei el fracaso de la ley ómnibus no hay evidencias de que hayan cambiado los objetivos ni disminuido la intransigencia. La creencia en el poder del relato es tan fuerte que sus creadores adoptan la medicina (o el alucinógeno) que ellos mismos administran para los demás.

La idea de que “fue una victoria y no una derrota” se ha vuelto un credo y no tan solo una herramienta de estrategia comunicacional y construcción política.

El objetivo de seguir cerrando el grifo de recursos a todo el que obstaculice el plan oficial, que se aplicó la semana pasada con los gobernadores cuyos diputados votaron en contra de la superley, se extenderá a otros sectores. En varias de esas resoluciones por salir de la Casa Rosada hay nuevos destinatarios, desde sindicalistas hasta autoridades políticas, pasando por algunos empresarios de la casta. No todos,

Los oasis de calma parecen reservados para el plano místico-religioso.