Santiago del Estero, Lunes 22
Julio de 2024
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Opinión y Actualidad

Bitácora de rodaje

La travesía de filmar una película. Tipología de viajes y su analogía con los rodajes. El viaje como símbolo de evolución del ser humano. La película como metáfora del crecimiento de la persona.

22/06/2024

Por Pablo Argañarás, Lic. En Cine y Televisión
Embarcarse en un proyecto audiovisual es una experiencia formidable.  Subirse al avión de una futura película es de las mejores vivencias.  A lo largo de mi vida tuve la posibilidad de efectuar muchos viajes, pero créanme que los mejores son los que terminan en la butaca de una sala de cine observando el resultado de un filme.

Como cualquier travesía los rodajes tienen las mismas características.  Expectativas, compañeros de viaje, escalas, paradas, experiencias vividas y un destino.  En el trayecto sucederán algunas cosas lindas y de las otras, conocerás realmente a los individuos y su naturaleza.

Generalmente las personas creen que hacer una película es algo estático.  En cambio, es un proceso dinámico, lleno de vida, de sensaciones y experiencias.  Conoces lugares y personas.  Experimentas vivencias  que te harán crecer.  Debes resolver situaciones complejas.  Aprendes a tomar decisiones.  Te conviertes en el capitán de tu equipo.  Ya no decides en base a vos sino al proyecto.  Comprender que esto último es vital para que el ego quede domado en función de la salud de la obra artística.

Hay viajes físicos en los cuales se va de un sitio a otro.  Los hay espirituales, en dónde al final de una experiencia uno ya no es el mismo, sino que evoluciona.  Los antiguos chamanes experimentaban los viajes astrales con el uso de numerosas combinaciones de hierbas, yuyos y hongos.  El fin de esto era poder abrirse al universo, ser permeable a vivenciar experiencias más allá de nuestros sentidos.  De regreso, volvían más sabios habiendo visto en el futuro la decisión correcta a tomar.  El oráculo para los chamanes era una travesía que se efectuaba en busca de sabiduría en las decisiones.  El viaje en la confección de una película tiene un poco de los tres antes mencionados.  Seguramente se trasladará físicamente a varios sitios, se buscará lograr una pieza artística que nos devolverá modificados a nuestro punto de partida.  Luego de una película un director jamás es el mismo,  evoluciona y muta.

Las bitácoras de los antiguos viajeros eran codiciadas por su cúmulo de experiencias y conocimientos.  Allí se encontraban las vivencias de los marineros expresadas en palabras escritas de los capitanes de las embarcaciones.  Se narraba las experiencias, los lugares y todo lo novedoso descubierto.  Se trazaban nuevos mapas.  Se hacían dibujos de especies animales y vegetales descubiertas.   Todo ese saber quedaba registrado en las bitácoras de los viajes.  Con los rodajes se debería hacer algo parecido.  En realidad,  si alguien se tomara el trabajo de confeccionar diarios de rodajes sería un material invaluable para los noveles realizadores.

En la vida el aprendizaje sucede en el saber aprovechar el viaje paso a paso.  En el rodaje de un film sucede lo mismo.  Jamás una película reflejará todo lo que uno aprendió realizándola.  Uno al rodar se convierte en una mejor versión de quién inició el viaje.