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Julio de 2024
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Opinión y Actualidad

Francia: entre el miedo, la rabia y la esperanza

Cientos de personas cantaron a pleno pulmón 'La Marsellesa' y 'La Internacional' en la plaza Stalingrado de París el pasado 7 de julio.

10/07/2024

Carmen Parejo Rendón
Para RT

Los festejos por el triunfo en las elecciones legislativas del Nuevo Frente Popular recorrieron Francia y se contagiaron por el resto del mundo, ya que, por primera vez en mucho tiempo, además de combatir al Frente Nacional —ahora, Agrupación Nacional—, en estas elecciones se aunaba una nueva victoria: vencer al neoliberalismo de Macron.

Romper la inercia entre extrema derecha o neoliberalismo, es en sí un éxito, sin embargo, pasado el momento de entusiasmo lógico inicial, es necesario aterrizar en la realidad.

El sistema político francés es presidencialista.

El presidente ostenta el Poder Ejecutivo y es elegido por sufragio directo, mientras que el Poder Legislativo lo representa la Asamblea Nacional. Las funciones del presidente son amplias: determina la política exterior, europea y de defensa del país. Además, es el responsable de proponer al primer ministro para conformar un gobierno.

Este escenario plantea un raro caso de lo que se conoce como gobierno de cohabitación, donde el presidente y la mayoría parlamentaria no pertenecen a la misma formación política. Como precedente tenemos el caso de Jacques Chirac cuando se vio obligado a nombrar primer ministro al socialista Lionel Jospin en 1997. Sin embargo, en esa ocasión se presenta un cuadro más complejo con una Asamblea Nacional dividida en tres grandes bloques donde ninguno de ellos goza de una mayoría absoluta.

En primer lugar, es necesario recordar que el adelanto electoral anunciado por Emmanuel Macron, tras el fracaso de su formación en las elecciones europeas, supuso un tsunami político a contrarreloj para las formaciones francesas, que apresuradamente se vieron forzadas a presentar candidaturas que se pudiesen interpretar como alternativas dentro de una lógica perezosa de inercias políticas y unos márgenes de acción muy limitados.

La derecha tradicional se mostró dividida entre algunos sectores que se mostraron favorables a aliarse con Agrupación Nacional y los que rechazaban esta idea. Por su parte, Jean-Luc Mélenchon, líder de la Francia Insumisa, llegó a acuerdos apresurados con otras fuerzas que se entienden dentro del espectro político de la izquierda, como el Partido Socialista, Los Verdes y el Partido Comunista, anunciando la creación de una alianza electoral entre estas formaciones a la que nombraron Nuevo Frente Popular. Macron aprovechó esta circunstancia para plantear su proyecto centrista acusando a sus rivales de extremos, e igualando a nivel narrativo, al Nuevo Frente Popular con Agrupación Nacional.

Realmente todos estaban jugando sus cartas, pero una vez pasada la campaña electoral, los gráficos se materializan en la conformación de una Asamblea Nacional que deberá ser capaz de construir un gobierno y legislar para los franceses, donde el actual sistema de alianzas puede agudizar sus ya más que evidentes debilidades.

Agenda del Nuevo Frente Popular

El Nuevo Frente Popular presentó un programa que perfiló su propuesta política en el caso de hacerse con una mayoría que les permitiese conformar gobierno.

Desde una perspectiva interna se destacan propuestas sociales como la anulación de la polémica reforma de las pensiones de Emmanuel Macron, la subida del salario mínimo, y planes en los campos de la educación y sanidad pública, así como de acceso a la vivienda. E igualmente, al largo plazo, se plantean cambios en el sistema político francés, e incluso, de una superación de la V República.

En la esfera internacional, si atendemos a este programa, no se prevén grandes cambios. Lo más destacable sería en relación a la apuesta por el reconocimiento del Estado palestino, una medida similar a la seguida por España y otros países europeos que, no obstante, no va a frenar el genocidio en curso en Gaza.

Sin embargo, para que este programa se dé, es necesario enfrentar la aritmética parlamentaria y las propias divisiones internas dentro del Nuevo Frente Popular.

Así, vemos cómo el Partido Socialista, integrante de este Frente, ha recuperado en estas elecciones a François Hollande, expresidente de la República francesa, y responsable de muchas de las políticas y derivas que se supone que el Nuevo Frente Popular combate. No podemos olvidar que el propio Emmanuel Macron fue militante de esta formación política e incluso llegó a ser ministro de Hollande.

La implementación del modelo neoliberal y la destrucción del Estado social francés no es solo responsabilidad de los siete años de gobierno de Emmanuel Macron, sino que mantiene un recorrido en el que han participado de forma activa otras fuerzas políticas donde destacan tanto los Republicanos como el propio Partido Socialista.

Por otra parte, si hay una figura que se ha destacado como estratega del Nuevo Frente Popular ha sido sin duda el líder de la Francia Insumisa, Jean-Luc Melenchón, sin embargo, es esta formación política la que se puede mostrar más débil dentro de esta alianza. Conformar un gobierno y, sobre todo, aprobar leyes, va a requerir de alianzas con las demás fuerzas políticas, y atendiendo a los precedentes, acuerdos puntuales entre republicanos, el Partido Socialista y la agrupación de Enmanuel Macron, es la lógica matemática e ideológica más viable.

Esta segunda vuelta ha constatado que existe una masa social en Francia cansada tanto de la amenaza de la extrema derecha como de las consecuencias sociales y políticas de los gobiernos neoliberales. La lógica de enfrentar emocionalmente la rabia, por el descontento social, con el miedo, por el auge de la extrema derecha, ha sumado un nuevo elemento: una esperanza de cambio.

Sin embargo, las contradicciones inherentes tanto a nivel interno dentro del Nuevo Frente Popular, como por las necesidades de alianzas generada tras estos resultados en la Asamblea Nacional, puede tornar la esperanza creada en desesperanza, lo que haría resurgir el enfrentamiento entre el miedo y la rabia, unido a un elemento aún más atroz: la resignación.

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