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Julio de 2024
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Emmanuel Macron llama a la formación de una amplia coalición parlamentaria en Francia

El presidente publicó una carta abierta con una convocatoria multipartidaria en su primera declaración tras los comicios del domingo, que frenaron el avance de la extrema derecha.

10/07/2024

No había dicho una palabra desde que se conocieron los resultados de la segunda vuelta de las elecciones legislativas anticipadas, que concluyeron con una Asamblea Nacional dividida en tres bloques entre el Nuevo Frente popular (NFP) de izquierda, el campo presidencial (Juntos) y la Reunión Nacional (RN) de extrema derecha. El presidente Emmanuel Macron abandonó ese silencio este miércoles, antes de partir a la cumbre de la OTAN en Washington, mediante una carta abierta a los franceses publicada en la prensa regional. En la misma, propone a las fuerzas democráticas moderadas “construir compromisos” en una amplia unión para gobernar el país, excluyendo claramente a la extrema derecha de Marine Le Pen, así como a la extrema izquierda de Jean-Luc Melenchon.

“Pido al conjunto de las fuerzas políticas que se reconocen en las instituciones republicanas, el Estado de derecho, el parlamentarismo, una orientación europea y la defensa de la independencia francesa, iniciar un diálogo sincero y leal para construir una mayoría sólida, necesariamente plural, para el país”, escribió el jefe del Estado para quien, “lo que los franceses escogieron en las urnas -el frente republicano para hacer obstáculo a la extrema derecha-, las fuerzas políticas deben concretizarlo con sus actos”.

Recordando a todas las fuerzas políticas que “nadie ganó” en el balotaje del domingo, subraya que “solo [la suma de] las fuerzas republicanas [moderadas] representa la mayoría absoluta” en la Asamblea.

Lanzando un llamado “a la concordia y el apaciguamiento”, el presidente estima que “Francia debe poder dar vida, como lo hacen tantos de nuestros vecinos, a ese espíritu de coalición y superación que siempre defendí”.

Esta no es la primera vez, en efecto, que el presidente francés, consciente de la profunda división del país, llama a las fuerzas moderadas a trabajar juntas, ya sea en una coalición de gobierno -como ocurre frecuentemente en otros países de la Unión Europea (UE)-, como en una “coalición de proyectos”. La gran diferencia con los vecinos de Francia y el gran obstáculo para Macron es la histórica ausencia de una cultura del diálogo político en el país.

Sin embargo, es exactamente una alianza entre macronistas (Juntos), partidos de izquierda moderados -Partido Socialista (PS), Partido Comunista Francés (PCF), Verdes (EELV), pero sin la ultraizquierda de La Francia Insumisa (LFI)- y Los Republicanos (LR) que plebiscitan 40% de los franceses, según un sondeo del instituto Elabe. Una alianza entre macronistas y LR, sin personalidades de izquierda, llega en segunda posición (34%), seguida por un gobierno “exclusivamente de izquierda”, incluidos Los Insumisos (30%).

Por otra parte, un francés de cada dos estima que si las distintas fuerzas del Nuevo Frente Popular se ponen de acuerdo -lo que aún no es el caso- sobre una personalidad para proponer como primer ministro, Macron debería encargarla de formar gobierno. Entre esas personalidades, el mejor ubicado es el primer ministro saliente, Gabriel Attal (38%), el presidente de la Reunión Nacional (RN), Jordan Bardella (35%), y Raphael Glucksmann, presidente del grupo socialista Plaza Pública (31%).

Las reacciones políticas no se hicieron esperar. Marine Le Pen denunció “el circo indigno” del presidente.

“Si comprendo bien, en su misiva, Macron propone obstaculizar a LFI, que él mismo contribuyó a hacer elegir hace tres días, y gracias al cual diputados de su partido fueron elegidos. Este circo se vuelve indigno”, dijo la presidenta de la Reunión Nacional, al aludir a los muchos candidatos de izquierda que, llegados en tercera posición al balotaje, se desistieron en favor de los candidatos macronistas o de derecha moderada, para impedir el triunfo de la extrema derecha.

Violenta reacción también de parte de Jean-Luc Melenchon, quien afirmó en un tuit que Macron “se niega a reconocer el resultado de las urnas” frente al Nuevo Frente Popular.

“Es el regreso del veto real sobre el sufragio universal. [Macron] pretende dar tiempo para formar otra coalición mediante componendas después de las elecciones”, escribió el líder de LFI, que no tiene ningún mandato electivo, aunque fue el primero en proponerse como candidato a primer ministro, aun cuando las otras fuerzas del bloque de izquierda lo hayan desechado desde el inicio de la campaña.

Más sorprendente aun fue la declaración de Laurent Wauquiez, presidente del grupo Los Republicanos (moderados), rebautizado “Derecha Republicana”.

“No participaremos en coaliciones gubernamentales. No creemos que se pueda responder a la crisis de un país mediante una combinación de aparatos”, declaró. Sin sus 67 diputados, sería imposible obtener la gran coalición “mayoritaria” evocada por Macron. La respuesta de Wauquiez es interpretada por los observadores como una forma de presión para obtener ventajas dentro de ese eventual frente republicano.

Es sobre esa base de eventuales acuerdos, afirmó el presidente, que se basará para nombrar al futuro primer ministro. Y porque la Constitución no le fija plazos, Macron no da fechas. Habla en su misiva de “dejar un poco de tiempo a las fuerzas políticas para construir esos compromisos”. Hasta entonces, el gobierno de Attal seguirá ejerciendo sus responsabilidades “y se ocupará de los asuntos corrientes, como lo quiere la tradición republicana”, precisa.

La cuestión es complicada, sin embargo, para los actuales ministros que fueron elegidos o reelegidos como diputados en sus circunscripciones, ya que -hasta que el gobierno saliente no haya dejado oficialmente sus funciones- ninguno tiene derecho a incorporarse a la Asamblea.

Pero la misiva de Macron también estuvo destinada a hacer saber al país -y a la clase política, en particular- que él sigue siendo lo que se denomina en Francia el “maître des horloges” (”el dueño del tiempo”). En resumen: que, pase lo que pase, el jefe del Estado sigue siendo él.