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Opinión y Actualidad

La relación con Brasil ha sido y seguirá siendo prioritaria para la Argentina

A lo largo de nuestra historia, por lo general, los conflictos se encapsularon, primero, y resolvieron, después. Los sectores dialoguistas en ambos países terminaron predominando sobre los que alentaban la confrontación.

11/07/2024

Por Rosendo Fraga
Para Clarín

La relación con Brasil ha sido, es y será un tema prioritario para la Argentina y no sólo porque lo imponga la geografía. A lo largo de su historia, por lo general, los conflictos se encapsularon, primero, y resolvieron, después. Los sectores dialoguistas en ambos países terminaron predominando sobre los que alentaban la confrontación.

Una situación de conflicto singular se vivió en la segunda parte de la primera década del siglo XX. No tuvo como protagonistas a los presidentes, como está sucediendo ahora, sino más bien a los ministros de Relaciones Exteriores.

En noviembre de 1906, el presidente argentino José Figueroa Alcorta designa como canciller a Estanislao Zeballos. Llegaba al cargo por tercera vez. Y estaba caracterizado por sostener posiciones nacionalistas en la política regional.

Tenía enfrente al Barón de Río Branco, una figura singular y en alguna medida fundacional, para la diplomacia brasileña. Ocupó el cargo durante tres gobiernos sucesivos, entre 1902 y 1912, cuando fallece. A los pocos meses de asumir, ya mantenía correspondencia directa con el entonces presidente argentino Julio A. Roca.

Dos factores hicieron escalar la tensión. Uno fue la decisión del gobierno brasileño de encargar a astilleros británicos dos grandes acorazados de veinte mil toneladas, que eran el sistema de armas más poderoso de la época. Los buques de este tipo que un lustro antes habían adquirido Argentina y Chile eran de trece mil toneladas.

El otro, una disputa por la jurisdicción sobre el Río de la Plata entre Argentina y Uruguay. Esto llevó al canciller argentino a sostener la teoría de la “costa seca”, de acuerdo a la cual todas las aguas eran de jurisdicción argentina. El gobierno uruguayo buscó el respaldo diplomático de Brasil y lo obtuvo.

El gobierno argentino, como respuesta, inició gestiones para adquirir otros dos acorazados para alcanzar la equivalencia naval. Son encargados a astilleros estadounidenses. La prensa nacionalista de Argentina y Brasil incentiva el conflicto y en Washington y Londres había preocupación. Así lo expresaban con discreción a través de sus cancillerías.

El Barón de Río Branco, que siempre seguía con atención y precisión lo que sucedía en Argentina, vio la oportunidad de generar un hecho de distensión. El ex presidente argentino Julio A. Roca, que había finalizado su segundo periodo a fines de 1904, regresaba de un prolongado viaje por Europa.

Su nombre significaba un momento de convergencia entre Buenos Aires y Río de Janeiro, con un intercambio de visitas de los presidentes de entonces, Roca y Campos Salles, a los respectivos países que tuvieron lugar en 1899 y 1900. Fue el primer encuentro de este tipo en la región y el inicio de la “diplomacia presidencial”.

Río Branco decide invitar a Roca a que en su viaje de regreso de Europa -en esos años el viaje intercontinental sólo se podía realizar sólo en barco- visite Río de Janeiro. El ex presidente argentino estuvo casi una semana. Fue agasajado por el gobierno, la intelectualidad, el empresariado brasileño y fuegos artificiales, en eventos a los que concurrieron setenta mil personas. Roca hizo declaraciones públicas en varias oportunidades a favor de la paz entre Argentina y Brasil, mostrando una posición muy diferente a la de Zeballos.

Este hecho vigorizó las críticas contra Zeballos en Argentina, pero al mismo tiempo fortaleció la distancia entre Roca y el presidente Figueroa Alcorta, que eran adversarios políticos. En 1908 las críticas nacionales e internacionales que creaba la beligerancia de Zeballos llevaron al presidente a reemplazarlo. Pero la tensión se mantuvo pese a que las declaraciones belicosas cedieron un tanto.

La carrera armamentista, que tenía un importante costo económico por la compra de los acorazados, continuaba. Brasil había ordenado su tercer buque de este tipo y Argentina analizaba hacer lo mismo. Las dos marinas iban a estar entre las diez más poderosas del mundo, pero a un gran costo económico.

En 1910, la Argentina celebra la fiesta de su primer centenario y no hay delegación oficial brasileña en la misma. Ese año Roque Sáenz Peña es electo nuevo presidente de Argentina, entonces representante diplomático del país en Roma. Nuevamente, el Barón de Río Branco toma una iniciativa: invita, a través del representante diplomático brasileño en la capital italiana, a que en su viaje de retorno a la Argentina, Sáenz Peña visite Río de Janeiro y éste acepta.

En la capital brasileña, el presidente electo se reúne con las máximas autoridades del país. Tiene una conversación decisiva con Río Branco respecto a bajar la tensión y frenar la carrera de armamentos. Sáenz Peña acuerda que una vez en Buenos Aires, enviará un delegado personal en forma reservada para encauzar una negociación con el canciller brasileño. Elige a una persona de su mayor confianza, Ramón J.Cárcano.

El encuentro se realiza en secreto. Ambos proponen suspender el tercer acorazado que habían encargado. Para ambos países, era un hecho central que cambiaba la situación. Se consulta a los dos presidentes y ambos apoyan la propuesta: se hace público el acuerdo.

Frente a las tensiones que vive hoy la relación bilateral, entre Argentina y Brasil, la enseñanza es que un mayor protagonismo de quienes abogan por la diplomacia y la distensión en los dos países es no sólo conveniente, sino también necesaria.