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Opinión y Actualidad

El Gobierno avanza en un nuevo esquema de profesionalización del Estado

Busca repensar la planta permanente, la carrera administrativa, y la reorganización de estructuras y procesos dentro del sector público

Hoy 06:59

Por Maximiliano Marqués, en el diario La Nación


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Luego de la reforma laboral que busca modernizar el ecosistema del trabajo privado en la Argentina, el Gobierno comenzó a encarar la fase dos para transformar el empleo, pero esta vez, en el Estado. Luego de la motosierra —la fase uno—, llegó la hora para la gestión libertaria de crear una burocracia profesional sin influencia de la política. 

El Ministerio de Desregulación que dirige Federico Surzenegger trabaja en un nuevo esquema orientado a profesionalizar el funcionamiento del Estado. El objetivo, adelantaron a LA NACION, es consolidar un plantel de trabajadores estables con reglas laborales claras.

La  iniciativa no parte de cero: en la administración pública ya existen  antecedentes, como el Servicio Exterior de la Nación, el cuerpo de  Administradores Gubernamentales y los economistas de Gobierno. Sin  embargo, esas experiencias —contaron a este medio— se concentraron en  segmentos especializados, mientras que el plan actual apunta a las 280.120 personas que conforman la dotación total

La propuesta se inscribe en una agenda más amplia canalizada en el Consejo de Mayo, donde se debaten iniciativas como la inviolabilidad de la propiedad privada, la ley de libertad educativa y acuerdos con las provincias vinculados al desarrollo de los recursos naturales.

El secretario de Transformación del Estado y Función Pública, Maximiliano Fariña, explicó a LA NACION que la etapa actual apunta a consolidar un plantel técnico estable como segundo desafío de la estrategia oficial, tras un primer tramo centrado en la reducción de personal. 

Estamos trabajando en la profesionalización del Sistema Nacional de Empleo Público (Sinep), con el objetivo de repensar la planta permanente actual y su carrera administrativa”, contó.

La  pregunta, señaló, es “¿cómo logramos dar un Estado que sea profesional y  que no dependa de la política?”. Advirtió, además, que se trata de “un  proceso largo” que requerirá cambios normativos. “No vamos a impulsar ningún cuerpo nuevo ni un régimen paralelo, sino que vamos a trabajar sobre los recursos existentes”, explicaron.

Desde  el ministerio advirtieron que, con el correr de los años, se acumularon  modificaciones parciales y disposiciones superpuestas que hoy requieren  un reordenamiento integral. Predominó una interpretación que consideran equivocada del principio constitucional de estabilidad en el empleo público, entendido como una imposibilidad casi absoluta de desvincular personal de la planta permanente, salvo ante faltas graves. 

Según explicaron, ese criterio desdibujó la exigencia básica de cumplimiento de funciones y de horarios. “La estabilidad no implica ausencia de obligaciones”, resumieron.  En esa línea, remarcaron que cuando un agente no desempeña sus tareas o  incumple sus responsabilidades, pueden activarse los mecanismos  previstos y avanzar en su desvinculación conforme a las reglas vigentes.

Desde la asunción del actual Gobierno se aplicaron herramientas ya contempladas, como el pase a disponibilidad para quienes no tienen funciones asignadas, señalaron  en la cartera comandada por Sturzenegger. Bajo ese esquema, el  trabajador permanece hasta un año con posibilidad de relocalización; de  no concretarse, se procede a la desvinculación. 

El funcionario aclaró que fueron más de 1000 los casos alcanzados por  esta medida y que, si bien en la Justicia se registraron algunos  episodios puntuales en los que el procedimiento no fue convalidado, en  la mayoría de las situaciones los fallos resultaron favorables a la  posición oficial.

En los gremios estatales, según dijeron a LA NACION, desconfían de los planes del Gobierno, sobre todo luego de la aplicación de la motosierra.

Detalles iniciales

Para comenzar a avanzar la iniciativa, dijeron, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aprobó una cooperación técnica no reembolsable por US$230.000,  que apunta a respaldar el proceso de modernización del Estado, con eje  en la mejora del funcionamiento interno de los organismos públicos. La  asistencia se concentrará en revisar estructuras, simplificar circuitos  administrativos y optimizar el uso de sistemas de información. También  prevé acompañamiento en políticas de gestión de personal, con la meta de  fortalecer capacidades y ordenar prácticas que impactan en la calidad  de la administración.

Además, según adelantaron, el programa dará soporte a la agenda de transformación estatal y mejora regulatoria.  Entre los lineamientos se incluyen la depuración de marcos legales, la  reducción de trabas burocráticas y el impulso de esquemas que promuevan  mayor competencia. El apoyo técnico también alcanzará al sistema de  compras públicas y a iniciativas orientadas a facilitar el comercio  exterior.

Qué existe hoy

El proceso de profesionalización del Estado argentino tiene uno de sus antecedentes más consolidados en el Servicio Exterior de la Nación. Desde la creación del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), en 1963, el ingreso a la carrera diplomática se realiza mediante concursos públicos y un esquema formal de formación inicial.

Ese  diseño se consolidó con la Ley del Servicio Exterior de la Nación,  sancionada en 1975 y aún vigente, que asignó al ISEN la selección y  capacitación de los funcionarios del servicio exterior. En la  actualidad, el ingreso continúa realizándose por concurso y  un programa de formación de dos años. Durante 2024 no se realizó  convocatoria, mientras que en 2025 el proceso fue reabierto con un cupo  de 20 postulantes.

Un antecedente posterior es el Cuerpo de Administradores Gubernamentales (AG),  creado en 1987 con el objetivo de conformar un plantel técnico  destinado a tareas de gestión, planificación y conducción de políticas  públicas. El régimen prevé un perfil multidisciplinario, movilidad entre  distintas áreas del Estado y un compromiso de permanencia, con el  propósito de garantizar una visión transversal de la administración  pública. En la actualidad, el cuerpo está integrado por 67  administradores y mantiene dependencia jerárquica de la Secretaría de  Transformación del Estado y Función Pública. Desde su creación, fue  concebido como una estructura técnica permanente, orientada a aportar  capacidades estables más allá de los cambios de gobierno.

Otro  precedente de profesionalización fue la carrera de economistas de  gobierno, creada en 1994 en el ámbito del Ministerio de Economía junto  con el Instituto Superior de los Economistas de Gobierno (ISEG).  El esquema apuntaba a formar economistas con orientación a la gestión  pública, a partir de un sistema de selección, formación de posgrado y  compromiso de permanencia en el Estado.

La experiencia, conocida informalmente como la “escuelita de Cavallo”,  buscó replicar para el área económica un modelo de selección y  formación inspirado en el ISEN. El instituto fue disuelto en 2000, lo  que interrumpió el sistema formal de ingreso, aunque algunos economistas  capacitados bajo ese régimen continúan en el sector público.

Los gremios y los expertos

Rodolfo Aguiar, de ATE nacional,  cuestionó la política oficial al afirmar que “este Gobierno no puede  hablar de profesionalización en la administración pública porque desde  que asumió se ha empecinado en destruirla”. Señaló la suspensión del Fopecap y advirtió que se retuvieron más de $11.800 millones destinados a capacitación,  además del “desmantelamiento del Instituto Nacional de Administración  Pública (INAP)”. También sostuvo que “si piensan que profesionalizar es  modificar el convenio colectivo sin la participación de los sindicatos,  no lo van a lograr” y reclamó explicaciones sobre salarios y  estabilidad. Ante la consulta de este medio, UPCN, el otro gremio  estatal, no opinó.

Maximiliano Campos Ríos, director de la Maestría en Administración Pública (FCE-UBA),  sostuvo que “profesionalizar el sector público implica ingreso por  concurso, capacitación de excelencia y remuneración acorde”, y advirtió:  “No podemos cambiar a toda la alta dirección pública cada cuatro años”.  

También señaló que “hay que ordenar las asimetrías que implica tener más de 50 convenios colectivos de trabajo”. Sobre el teletrabajo, sostuvo que dejó “valiosas lecciones”, aunque defendió un esquema mixto. Además, cuestionó los nombramientos por excepción y por 180 días, porque “fragiliza y partidiza el segmento directivo”.

La reforma del sector público en la Argentina, planteó Celina Cantú, directora de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad Austral, debe enmarcarse en “una visión de Estado moderno y eficiente”, donde “la prioridad no sea únicamente la reducción de costos, sino la construcción de capacidades estatales sólidas y sostenibles”.  Señaló que los países con mejores resultados comparten  “profesionalización de los recursos humanos y estructuras  administrativas estables”. Esto exige “definir roles y competencias  técnicas y de gestión” y fortalecer “una carrera pública que preserve el  conocimiento acumulado y atraiga talento”.

La motosierra

La primera fase del proceso fue la motosierra: Según datos del Indec, entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025 la nómina se redujo en 61.729 puestos, lo que implicó una baja del 7,2% en el último año. La dotación total fue de 280.120 personas en 2025.

Muchas  de las reformas que hoy se ponen en marcha fueron diseñadas antes de la  actual gestión, en el marco del programa de gobierno de la entonces  candidata presidencial Patricia Bullrich, a partir de un trabajo técnico  desarrollado durante al menos dos años por Sturzenegger. Tras el cambio  de escenario político, esos lineamientos fueron incorporados como  insumo en la agenda de reformas del gobierno de Javier Milei.