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Opinión y Actualidad

Irán y su resistencia como victoria

La nueva guerra contra Irán no es nueva y no es solo contra Irán. El monstruo, enloquecido por la impunidad y la sangre, no se detendrá por sí mismo. La verdadera dimensión del mal que va por nosotros supera la capacidad de nuestra imaginación. Esperar a llegar a algún acuerdo con él es una locura o una traición.

Hoy 07:08

Por Oleg Yasinsky
Para RT

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La pregunta es una sola: ¿todas las demás víctimas que inevitablemente seguirán a Irán harán algo o esperarán pacientemente su turno para convertirse en polvo y cenizas? Es importante comprender que detrás de los misiles de Estados Unidos e Israel actúa toda una civilización que durante décadas se nos ha impuesto como un referente de valores humanistas. Es precisamente esta civilización la que ha creado una cultura de ignorancia, una simbiosis entre el culto al poder y el desprecio por la vida, con su muy peculiar sentido del humor basado en el mal de los otros, por ejemplo, se ríen cuando alguien tropieza y cae.

Vemos cómo los visitantes de las fiestas de Epstein con sus amigos y socios, ante los ojos del mundo entero, con saña y carcajadas de enfermos mentales, violan un país tras otro, mientras que los demás gobiernos guardan un silencio cómplice, eligiendo la guerra y la vergüenza.

Para las multitudes que, gracias a la democracia digital, están a punto de perder la capacidad de distinguir entre Epstein y Einstein, hablar de memoria histórica o ética es una tarea bastante ingrata. Para mantener a flote la esperanza, necesitamos anclas internas de mucho peso. Por eso el sistema con tanta insistencia intenta sintonizarnos con frecuencias de vulgaridad y estupidez para impedir que nuestra mirada se fije en las verdades prohibidas, capaces de cambiar el mundo.

El panorama actual es el reflejo del sol negro de esta civilización que se inclina hacia el ocaso. Para salvar la diversidad de colores, matices, sombras, notas, letras y figuras, debemos comprender que hay momentos en la historia en los que solo nos quedan dos colores: el blanco y el negro. La vida y la muerte, la luz y la oscuridad, y cualquier ilusión de ubicarnos "fuera de esto" es una trampa.

Occidente tiene la obsesión de mostrar coquetamente a los demás que sus crímenes son relativos, lo que debe suponer que cualquier lucha contra ellos es totalmente opcional. Por eso, la fábrica de su pseudoarte contemporáneo crea modas y tendencias en las que se excluyen por completo cualquier elemento de ética o sentido. La defensa de la justicia y la dignidad ha sido declarada tácitamente como algo anticuado y aburrido, con el fin de liberar las estanterías del megamercado planetario para la oferta renovada de toda una variedad de asesinatos y suicidios.

El 15 de octubre de 2010, Fidel Castro escribió en sus 'Reflexiones': "No albergo la menor duda de que un ataque de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán se tornaría inevitablemente en un conflicto nuclear global". Hoy está cada vez más claro que si Estados Unidos no logra un resultado militar en Irán con armas convencionales, estaría dispuesto a utilizar otras. Por supuesto, su prensa democrática mundial, como hace 80 años, escribirá que se trata de "una medida necesaria para acercar la paz y salvar las vidas de soldados estadounidenses", y el ejército mercenario de los líderes de opinión pública le contaría al mundo sobre ese "enemigo tan vil y peligroso" contra el cual se vieron obligadas a luchar "las fuerzas del bien".

El asesinado ayatolá Jameneí declaró en repetidas ocasiones que la fabricación, almacenamiento y uso de armas nucleares eran 'haram', es decir, algo prohibido por el islam. Estas declaraciones se presentaron como su 'fatwa', o sea, una ley religiosa de obligatorio cumplimiento. Los iraníes se han referido a ella en numerosas ocasiones en las negociaciones internacionales, las que, como vemos, para EE.UU. nunca fueron negociaciones. Es lógico suponer que el nuevo Gobierno iraní, en las nuevas circunstancias, podría cambiar radicalmente su postura al respecto.

La actual dirección iraní, tras el asesinato de sus predecesores, será más decidida y radical. También resulta evidente que el principal y por ahora único beneficiario de esta guerra sea Netanyahu, cuya carrera política se salva, una vez más, gracias a un nuevo genocidio. Sin duda, aprovechará al máximo esta situación, prendiendo fuego y avivando todos los materiales inflamables de la región.

El principal e indiscutible logro de Trump y Netanyahu es el crecimiento sin precedentes del odio en el mundo contra sus Estados y el gran deseo de la gente de diferentes continentes y credos de ver arder sus bases militares, naves y aviones. Occidente e Israel realizan un acto público de humillación de los musulmanes para avivar las llamas del odio religioso, dando clases al mundo sobre "la amenaza terrorista para la democracia".

Fue por órdenes de Occidente que, hace unos meses, el gobierno de Siria liberó de sus cárceles a decenas de miles de combatientes del ISIS, expertos en cortar cabezas donde y a quienes les ordenen sus amos. Y, hace apenas unas semanas, EE.UU. le entregó al régimen sirio a sus antiguos "aliados" kurdos, que defendieron fielmente los intereses del imperio, siendo a la vez vacas sagradas de las izquierdas no autoritarias. Ahora llegan noticias de que "la CIA suministrará armas a las tropas kurdas para iniciar operaciones militares en el oeste de Irán".

Es bueno recordar que los distintos movimientos kurdos siempre han sido considerados por Israel como un elemento importante de su estrategia periférica, destinada a socavar la estabilidad de sus vecinos. Por eso, las autoridades israelíes siempre se han mostrado tan benévolas con la autonomía de Rojava en Siria y, durante el referéndum de 2017 sobre la independencia del Kurdistán iraquí, declararon abiertamente su "apoyo al derecho de los kurdos a la soberanía". Hoy, los kurdos tienen la oportunidad histórica de encontrarse por primera vez en la misma trinchera que los miembros del ISIS liberados de las prisiones sirias.

Se está creando un nivel de caos generalizado que nadie es capaz de controlar. Esta guerra contra Irán no es una demostración de fuerza, sino de la extrema debilidad de un sistema que ya no es capaz de mantener su poder sobre el mundo por ningún otro método.

Mi admiración por todos aquellos que, desde las estepas de Donbass hasta los cayos cubanos y los desiertos iraníes, renunciando a la cordura, la prudencia, las evaluaciones de correlación de fuerzas y a su propio miedo, muriendo y matando, en palabras del poeta ruso Andréi Dobrynin, "devuelven a los llegados del infierno de vuelta a su infierno". La única fuerza de paz real y eficiente que existe hoy en día en el mundo son sus corazones y sus armas.

No faltan hoy quienes aseguran que no existe manera de luchar contra el imperio en el siglo XXI. Lo curioso es que entre los que lo afirman, muchos se presentan como luchadores y revolucionarios. Irán, con su pueblo y su Gobierno, nos demuestra que siempre es posible decir 'no'.

Las tres civilizaciones ancestrales del Viejo Mundo: la china, la rusa y la iraní, cada una a su manera y desde su realidad están resistiendo. ¿Por qué? ¿No será porque toda la historia de estos pueblos fue pura resistencia ante humillaciones, vejámenes e invasiones, construyendo casi en un nivel genético la unión de las generaciones con su tierra y los huesos de quienes siempre la defendieron?

Hace pocos días, después de los ataques militares de EE.UU. e Israel contra Irán, durante una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en Nueva York, el representante estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, respondió a Amir-Saeid Iravani, embajador iraní: "Debería tener cuidado con sus palabras mientras se encuentra en suelo estadounidense".

Es un secreto a voces: durante varias décadas, todas las grandes instituciones internacionales destinadas a velar por la prosperidad y la justicia mundial tenían sus sedes centrales en capitales occidentales, en países cuyo suelo nunca fue seguro para sus contradictores. A los representantes de gobiernos indeseables simplemente se les negaba la visa.

Por eso es tan importante este 'no' de Irán, que retumba por todo el planeta como un eco de dignidad y esperanza. Un 'no' que anima, despierta y cura la depresión y el cinismo. Cada día de resistencia de Irán le recuerda a la humanidad su derecho sagrado a decir no, que un día brotará con un '' de amor, hermandad y un mundo más humano y digno para todos.

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