Un hombre fue grabado mientras fingía dificultades motrices para acceder antes a la atención. Al salir, abandonó el andador y caminó normalmente.
La difusión de un video viral en el que un hombre simula tener una discapacidad en la entrada del Banco Nación de Río Tercero generó un intenso debate sobre la transparencia y la eficacia de los controles en el acceso a apoyos estatales.
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El registro muestra al individuo desplazándose lentamente con un andador dentro de la sucursal, ubicada en la intersección de avenida San Martín y Garibaldi. Sin embargo, al salir, se lo observa caminando sin dificultad, acompañado por otra persona.
En la grabación, se puede ver que tras abandonar la sucursal, el hombre dejó de aparentar las dificultades motrices que había exhibido minutos antes. Al salir del banco,lo aguardaba otro hombre en la vereda y juntos se alejaron caminando con normalidad.
Esta conducta fue advertida por quienes se encontraban en el lugar y, una vez difundido el video en Instagram y X, la secuencia se viralizó rápidamente, posicionándose entre las tendencias más comentadas de la jornada.
El episodio expuso dudas sobre la legitimidad en el acceso a beneficios por discapacidad y reavivó el debate público acerca de la eficacia de los mecanismos de control. Según los comentarios en redes, la percepción de fraude generó un rechazo social inmediato, motivando interrogantes sobre cómo proteger los recursos destinados a quienes realmente los necesitan.
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Diversos usuarios exigieron respuestas institucionales y sanciones ejemplares para desalentar futuros intentos de engaño.
Reacciones en redes sociales ante el video viral
La viralización de este caso provocó expresiones de enojo y desilusión en la comunidad digital. Entre los mensajes más citados, se destacan frases como: “que bárbaro no puedo ser que se burle de la gente que realmente necesita” y “vergüenza ajena, ojalá la justicia actúe”, dirigidas tanto al protagonista como a la persona que lo acompañaba fuera del banco. Los usuarios también utilizaron la ironía para señalar situaciones similares y cuestionar la complicidad de terceros.
La rápida circulación del video evidenció la sensibilidad social ante el uso fraudulento de ayudas estatales y el creciente escepticismo respecto de la efectividad de los controles vigentes. La indignación colectiva se tradujo en una demanda explícita de mayor rigor en la verificación de los beneficiarios y en la aplicación de sanciones proporcionales a la gravedad del hecho.