El Presidente respondió a las críticas del historiador Yuval Harari sobre la personalidad jurídica para compañías operadas por inteligencia artificial y aseguró que podrían cumplir mejor la ley que los humanos.
Javier Milei volvió a defender la creación de un marco legal para empresas manejadas por inteligencia artificial y le respondió al historiador Yuval Noah Harari, que había advertido sobre los riesgos de otorgarles personalidad jurídica a agentes autónomos. En una carta oficial fechada este jueves, Milei sostuvo que esas compañías deberían estar sujetas a la ley como cualquier sociedad convencional y dejó una frase de alto impacto político: citó a Isaac Asimov y se preguntó por qué no “probar con el político robot”.
HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE DIARIO PANORAMA Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO
El texto, titulado Personalidad jurídica para empresas de IA: revisando las preocupaciones de Harari, aparece como una respuesta directa al artículo que el autor de Sapiens publicó en el Financial Times contra la propuesta argentina. La discusión se había iniciado días antes, cuando Milei difundió en ese mismo diario una columna en la que presentó a la Argentina como un posible polo global de inteligencia artificial, con baja regulación, incentivos fiscales y una nueva categoría legal para compañías operadas por algoritmos, agentes de IA o robots.
Harari cuestionó esa idea y sostuvo que otorgar personalidad jurídica a empresas no humanas puede abrir una puerta peligrosa hacia el sistema financiero, económico y político. Su planteo central fue que una compañía manejada por IA podría tener activos, contratar empleados, participar del comercio internacional, iniciar demandas judiciales o incluso financiar campañas sin la intervención directa de una persona. También advirtió que sería difícil sancionar a una IA como se sanciona a un ejecutivo humano, porque no puede ser enviada a prisión.
Milei rechazó ese enfoque y afirmó que los temores de Harari son, en realidad, un argumento a favor de darles un encuadre jurídico. Según el Presidente, si las empresas de IA implican más riesgos, entonces es más necesario identificar sus activos, establecer un patrimonio embargable y fijar responsabilidades. “Preferiría ampliamente tener un patrimonio contra el cual poder reclamar si soy engañado por una IA, antes que no tener protección alguna”, planteó en la carta.
El tramo más polémico aparece cuando Milei toma una historia de Yo, robot, de Isaac Asimov, en la que una campaña política queda atravesada por la sospecha de que el candidato principal podría ser un robot. El Presidente remarca que, en ese relato, el robot trabaja las 24 horas, es honesto y no pierde la compostura. Luego agrega: “¿Por qué no probar con el político robot?”. Si bien no lo presenta como una propuesta formal, la frase instala una comparación sensible entre dirigentes humanos e inteligencia artificial.
La explicación de fondo de Milei es que una firma de IA podría tener más incentivos para cumplir la ley que un humano. Su argumento es que, si la empresa quebrara o fuera disuelta por una infracción, eso equivaldría para la IA a una suerte de “muerte”. Por eso, sostiene que una compañía autónoma podría ser más adversa al riesgo que un ejecutivo humano y preferiría mantenerse dentro del marco legal.
El Presidente también buscó desactivar los escenarios más catastróficos. Sostuvo que otorgar personalidad jurídica a una empresa de IA no equivale a habilitar el “Día del Juicio Final” de Terminator, sino a darle un marco de desarrollo comparable al refugio que necesitó James Watt durante la Revolución Industrial. Con esa comparación, Milei intentó ubicar el debate en una tradición de innovaciones resistidas por temor, pero que luego generaron saltos de productividad.
En otro pasaje, Milei cuestionó la analogía de Harari con la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Para el Presidente, ese caso no demuestra el peligro de la personalidad jurídica empresarial, sino el riesgo de que el Estado delegue poderes soberanos, como administración territorial, fuerza militar o derecho a firmar tratados. “Fue el Estado el que causó y permitió el abuso”, sostuvo.