Un delicado y cruel relato sobre la pérdida de la inocencia, los ídolos de barro y el despertar a la edad adulta, con una protagonista extraordinaria.
Por Juan Pando
Para Fotogramas
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Esta es una de esas películas en las que entrar en muchos pormenores desvela la trama. Baste pues adelantar lo que no es. No es una película sobre la música y el espíritu de superación del tipo de 'El coro' (F. Girard, 2014) o 'Los chicos del coro' (C. Barratir, 2004). Bueno, sí es eso, pero algo más. Es un drama sobre la inocencia, la ilusión sin límites de la juventud, los ídolos de barro, la envidia entre hermanas y la competitividad sin reglas. El choque del paso de la infancia al cruel desengaño de descubrir que el mundo no es un cuento rosa. Y algo más. Su protagonista, Katerina Falbrová, que está magnífica, va reflejando en el rostro su breve y dolorosa evolución a la edad adulta.
Inspirada en un tema con el que el público checo está familiarizado, puede, sin embargo, despistar un poco al espectador no avisado, que no acaba de comprender hacia dónde se dirige el relato. La sutileza de la realización, la aparente frialdad del carácter nórdico y la elegancia con la que se abordan algunas secuencias restan emoción y fuerza dramática a lo que se quiere destacar. El desolador plano final da la medida del trabajo espléndido de la protagonista.
Para aficionados a conmoverse con dramas exquisitos con sorpresa.