El ala política del Gobierno tiene la ilusión de que la Ciudad Luz ilumine un acuerdo que les urge cerrar con los gobernadores a los que el Presidente subirá al avión presidencial.
Por Claudio Jacquelin
Para La Nación
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El viaje que Javier Milei iniciará este martes a París, con una extensa comitiva, para presidir la semana argentina en la capital de Francia, tiene varios objetivos económicos y de relaciones internacionales, pero hay uno de política interna que desvela e ilusiona por igual al Gobierno.
El ala política del mileísmo, encarnada por Karina Milei y Diego Santilli, tiene la ilusión de que la Ciudad Luz ilumine, finalmente, un acuerdo que les urge cerrar con varios de los 12 gobernadores a los que el Presidente subirá al avión presidencial.
Avanzar en la eliminación o, al menos, la suspensión de las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) es una necesidad con carácter de urgencia. Si lo logran, el ministro coordinador, como experto enófilo, promete brindis con buen champagne francés. Algunos ya aceptaron el convite, pero el número aún es insuficiente.
“Esperamos que durante el viaje terminemos de abrochar todo para avanzar con la reforma electoral, porque si se sigue demorando se va a complicar mucho o va a ser imposible que podamos concretarla. La realidad económica y los desafíos que tenemos durante todo octubre y principios de noviembre podrían dejarla en vía muerta si no se cierra ahora. El Colo [Santilli] confía en que se podría hacer. Habrá que ver si su optimismo se hace realidad”, explica uno de los integrantes de la mesa política del Gobierno que también será parte del viaje.
En la Casa Rosada saben que hay un problema de confianza en la relación con los gobernadores. El Gobierno ha incumplido varios compromisos, sobre todo vinculados con la transferencia arbitraria de fondos y la realización de obras, pero también relacionados con la marcha del programa económico, que ahora está impactando negativa y fuertemente en los ingresos fiscales de las provincias por la caída de la actividad, a lo que se suma la destrucción de empleos formales, que pone presión sobre los servicios de salud.
“Al final del día es una cuestión de fe. No hay ningún papel que pueda asegurar que los compromisos electorales que se asuman se cumplan. Por eso, tenemos que no darles más motivos para que desconfíen y firmen ahora para cobrar después”, dicen que suele repetir Eduardo “Lule” Menem, el más íntimo colaborador político de Karina Milei, y su baqueano en los territorios de los caciques provinciales más duchos en el trapicheo con la administración central, desde hace ya mucho tiempo.
El problema es que entre el ala política y el núcleo económico suele haber una cortina de hierro que no custodia celosamente el propio Presidente. Las preocupaciones y planteos de unos chocan contra la intransigencia absoluta del otro.
“Los gobernadores quieren fondos y que no los compliquemos en su territorio con candidaturas que les disputen su poder, ya sea para el cargo de gobernador o en las Legislaturas. Y nosotros queremos que apoyen o faciliten la reelección de Javier, así de simple. Pero eso se va dando sobre la marcha y el primer escalón es que apoyen ahora la eliminación de las PASO. ‘El Colo’ dice que estamos cerca, pero ello son expertos en correr el arco”, dice otro estrecho colaborador de Karina Milei.
Santilli parece tener confianza plena en los efectos del glamour parisino sobre los mandatarios provinciales. El problema es que en la medida en la que al Gobierno lo desfavorecen los números, tanto los de la economía como, en consecuencia, los de las encuestas, los mandatarios provinciales tienen menos incentivos para apurarse a conceder. La urgencia del oficialismo nacional siempre es un aliciente a demorar para los gobernadores. Tiempo es dinero.
Así, luego de los tropiezos que la realidad económica local le provocó a Milei hace cinco días durante el más ríspido de sus viajes a Nueva York, ahora va por una especia de revancha, aunque no será sencillo, más allá de la agenda amigable que la cancillería y el embajador argentino en París, Ian Selecki, buscaron organizar. Para eso contaron con la ayuda del representante francés en la Argentina, el diligente Romain Nadal, y de las empresas francesas con intereses en el país, que no son pocas y atraviesan situaciones tan heterogéneas como la realidad que depara a todos la política económica mileísta. Hay perdedores y ganadores y los franceses saben que el Gobierno no es un árbitro neutral, aunque simule serlo.
El Papa en la mira
De todas maneras, no solo la Semana Argentina hizo que buena parte de la atención del Gobierno se posara por adelantado en la capital francesa. La visita del papa León XIV a Francia fue observada, a pesar de las muchas diferencias entre los países y sus realidades, como si fuera una prueba de laboratorio para tratar prever y anticipar situaciones y respuestas con vistas al viaje que realizará Robert Prevost a la Argentina, a partir del 8 y hasta el 11 de noviembre próximos.
La visita papal es motivo de mucha ansiedad tanto como de palpable preocupación, que genera múltiples gestiones de la Casa Rosada. El núcleo del mensaje de León XIV es profundamente antagónico con la cosmovisión y la prédica libertaria que Milei pregona como un profeta fanático. Son iglesias situadas en veredas opuestas.
Aunque comparten algunos fieles, que alternan su fervor según las circunstancias, no es este el momento de mayor intensidad en la adhesión al culto mileísta de los menos fanatizados y mucho menos de lo que lo votaron por descarte. El impacto que en ellos pueden tener las expresiones diferenciadoras del Papa está en el centro de todas las inquietudes.
La reunión de millones de argentinos que promete la visita de un papa por primera vez después de 39 años será única en un contexto de muy escasas concentraciones masivas y mucho menos de una transversalidad casi total.
El clima reinante de individuación de los últimos años, que construyó un nuevo sentido común en la Argentina y facilitó la penetración y aceptación de la prédica libertaria de Milei, podría verse seriamente desafiado ahora. Conceptos demonizados y de los que ha abusado el populismo peronista, como la justicia social, pueden adquirir ahora otro sentido.
La movilización masiva, además, podría darle amplificación a un contradiscurso que deconstruya ese bisoño sentido común individualista y lo ponga en cuestión, como advierten varios cientistas sociales, a los que muy pocos funcionarios están dispuestos a escuchar.
La convergencia de una demanda hoy huérfana de representación y liderazgos puede darle sustento a la construcción de una oferta electoral destinada a desafiar el statu quo que hoy representan el mileísmo y el perokirchnerismo, encarnados hasta ahora en el Presidente y en el gobernador bonaerense, Axel Kicillof.
El riesgo se acentúa cuando la marcha de la economía y la prolongación de los esfuerzos colectivos sin fecha cierta de finalización están mellando la adhesión a Milei y alimentando preguntas y respuestas incómodas no solo en quienes nunca creyeron a pie juntillas en su modelo, pero se mostraron tolerantes (y aislados en su agnosticismo), sino también en muchos que se sumaron a la nueva fe, pero no ven los milagros que les prometieron.
Por eso, el ala con alguna sensibilidad socio-política del Gobierno, en cabeza de la hermanísima Karina, con la asistencia del canciller Pablo Quirno y, muy especialmente, de la silente ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, vienen tejiendo cuidadosamente un entramado para minimizar impactos negativos y mitigar daños colaterales.
Curiosamente, una de las áreas más cuestionados de la gestión libertaria, como es la diplomacia, a raíz de su visión monofocal del mundo, está siendo más exigida que nunca. El mundo se hizo más ancho y ajeno que las autopistas, sin colectoras, que conducen a los gobiernos de Estados Unidos e Israel. Y podría serlo más si de las próximas elecciones en esas dos naciones salieran derrotados Donald Trump y Benjamín Netanyahu, a quienes Milei sometió a la política exterior argentina, antes que construir una alianza entre países.
Tanto importa la presencia de León XIV que la secretaria general de la Presidencia suspendió por un momento su aversión a hablar con la prensa para abrazar la visita y tratar de neutralizar a los críticos y opositores que se sienten en sintonía con el mensaje de fuerte contenido social que expresa el jefe de la Iglesia Católica, en un momento complejo para el Gobierno.
Karina Milei salió a la luz para tratar de despolitizar la visita y acotarla a una misión pastoral: “El Papa es de todos los argentinos, no es de un partido político ni de un color político. […] Es para todos los argentinos y el presidente Milei es el presidente de todos los argentinos”, dijo sin demasiada sutileza.
A nadie escapa que la prédica de Prevost no solo llama al consenso, a “desarmar las palabras”, a incluir y no excluir y a atender a los más vulnerables, tópicos poco frecuentados por el mileísmo. También suma contundentes advertencias, por ejemplo, sobre los efectos negativos del avance sin controles de la tecnología, en particular de la Inteligencia Artificial, y sus efectos sobre la humanidad, como hizo hace más de 100 años su antecesor homónimo León ante las consecuencias negativas de la segunda revolución industrial. Nada que contraste más con el desregulacionismo absoluto que defiende y propugna Milei.
Gestiones febriles
Por eso, las negociaciones para evitar que la visita papal ilumine demasiado los lados oscuros del programa libertario no dejan detalles por abordar.
“Trabajamos y nos esta yendo bien para atenuar la influencia del arzobispo Jorge García Cuerva, que es más crítico, y fortalecimos el vínculo con el presidente del Episcopado, Marcelo Colombo, que es más moderado. Así logramos que el Papa no fuera a la villa 31 ni se hiciera un encuentro abierto con los sectores del trabajo, las empresas y los movimientos sociales, sino que conseguimos que se acotara a una reunión cerrada en la que se leerá un documento, que antes se enviará al Vaticano y al que esperamos acceder para evitar sorpresas”, explicó a LA NACION uno de los colaboradores de Karina Milei que es parte de las negociones.
De todas maneras, saben en el Gobierno que lo que diga y genere con sus palabras el Papa escapará a sus tentativas de control. Algunos funcionarios con más rodaje miran con cierto escepticismo esos intentos y temen que pueda volvérseles en contra, sobre todo por las pretensiones de meter una cuña entre los obispos argentinos, en particular entre Colombo y García Cuerva.
“Recién llegados a la alta política versus la institución más antigua y exitosa del mundo es un partido sin equivalencias, que si no se lo administra demasiado bien a la larga puede costar muy caro. A la Iglesia le sobra experiencia, tiempo y capilaridad social sólida. Todo lo que nos falta a nosotros, más cuando ya entramos en el año electoral”, reconoce un alto funcionario que sigue con tanto interés y preocupación la visita y sus consecuencias, como las negociaciones político-electorales y los efectos en el voto de la marcha de la economía.
Esas inquietudes son bastante similares a las que expresaron, con muchos menos detalles, varios de los interlocutores que asistieron en Nueva York a las reuniones que encabezó Milei la semana pasada. La confianza expresada por el Presidente en el futuro de su gobierno y en los resultados electorales de 2027 lejos estuvo de tranquilizarlos.
La falta de consistencia de muchas de sus respuestas y “la deshonestidad intelectual con la que Milei y Toto [Caputo] manipularon algunas cifras nos dejó un gusto amargo. El problema es que no nos quedó claro si tratan de disimular, exagerando logros y aspectos positivos para mantener las expectativas o si hay una actitud negadora y, además de mentirnos a nosotros, se mienten a ellos mismos”, dijo el titular de un fondo de inversión con importantes activos en el país.
Otro viaje presidencial asoma ahora como una oportunidad para lograr resultados comerciales, diplomáticos y, sobre todo, políticos, tanto como un examen de alta exigencia para el Gobierno. Milei necesita con urgencia que París sea una fiesta y bien valga una misa.