El hijo de Romina Yan contó por primera vez en profundidad cómo fue su vida tras la muerte de su madre y relató episodios de violencia física y psicológica que, según aseguró, sufrió durante su infancia. También destacó el rol de su abuelo Gustavo Yankelevich, a quien señaló como la persona que lo escuchó, lo acompañó y le permitió comenzar una nueva vida.
Valentín Yankelevich, hijo de Romina Yan y nieto de Cris Morena y Gustavo Yankelevich, decidió contar por primera vez en profundidad una parte de su historia familiar que mantuvo en silencio durante años. A sus 23 años, el joven relató cómo atravesó su infancia después de la muerte de su madre y aseguró haber sufrido violencia física y psicológica por parte de su padre, Darío Giordano.
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"A eso vine, a contar mi historia", explicó al comenzar la entrevista. Según contó, durante años decidió no hablar públicamente debido a un proceso judicial y, especialmente, para proteger a su hermana menor, Azul.
Valentín tenía apenas 7 años cuando murió Romina Yan, el 28 de septiembre de 2010. Recordó aquel día como uno de los momentos más dolorosos de su vida y describió a su madre como una mujer muy presente y afectuosa con sus hijos.
"Era todo lindo, todo color de rosa. Ella era una gran mamá, muy, muy, muy presente", recordó.

Sin embargo, aseguró que después de la muerte de Romina la situación familiar comenzó a cambiar y que, cuando tenía alrededor de 9 o 10 años, comenzaron los episodios de violencia.
"Cuando yo tenía 10 años, 9 años, empecé a sufrir violencia física y psicológica de parte de Darío. Mi hermano también. Era un dolor incomprensible. Realmente era un infierno vivir en esa casa", afirmó.
"Yo sabía que volvía y se desataba el infierno"
Durante la entrevista, Valentín relató distintos episodios que, según aseguró, eran habituales. Habló de golpes, gritos, insultos y situaciones de maltrato psicológico.
"A mí nunca me gustó estudiar. Ahora, las ocho horas que yo pasaba en el colegio eran las mejores ocho horas del día porque no volvía a mi casa. Yo sabía que volvía y se desataba el infierno", sostuvo.
También aseguró que tanto él como su hermano Franco atravesaron situaciones similares, aunque aclaró que estaba relatando exclusivamente su propia experiencia.

Según contó, inicialmente intentaron buscar ayuda dentro de la familia. Les hablaron a sus abuelos paternos, pero, de acuerdo con su relato, no se sintieron escuchados.
La situación cambió cuando comenzaron a hablar con su abuelo Gustavo Yankelevich, quien los llevaba a almorzar por separado y pudo advertir que algo grave estaba ocurriendo.
"Nosotros le empezamos a pedir que no queríamos vivir más en esa casa, que queríamos vivir con él y nos escuchó. Él fue la primera persona que nos escuchó", recordó.
El día que decidió irse de su casa
Valentín contó que, junto a su hermano Franco, tomó la decisión de denunciar la situación y que el proceso terminó judicializándose.
El día que realizaron la denuncia, ambos fueron directamente desde el colegio. El joven aseguró que nunca volvieron a la casa donde vivían con su padre.
"Ese mismo día nunca más volvimos a nuestra casa", afirmó.
Tenían apenas 12 años y, según relató, solo llevaban algo de ropa en sus mochilas. El resto debieron comprarlo para comenzar una nueva vida junto a su abuelo.

"Era lo único que quería, irme", recordó.
El proceso judicial se extendió durante varios años y finalmente, según contó, la tenencia quedó en manos de Gustavo Yankelevich.
"Mi abuelo me salvó la vida"
Al hablar de aquella etapa, Valentín destacó especialmente el acompañamiento que recibió de su abuelo.
"Mi abuelo Gustavo me salvó la vida. Él me devolvió la vida", aseguró.
Según explicó, más allá de haberlo ayudado a salir de aquella situación, Yankelevich le brindó algo que consideraba fundamental después de haber perdido a su madre: amor y contención.
"Nos dio lo único que necesitábamos que era amor. Amor y contención. Nada más. Eso es lo que nos dio mi abuelo", expresó.
El joven sostuvo que ese acompañamiento le permitió recuperar las ganas de vivir y volver a proyectar su futuro.
"Yo venía de no querer vivir a empezar a soñar. Eso me dio mi abuelo, la vida. Mi abuelo me dio la vida", afirmó.
Valentín también contó que recibió acompañamiento psicológico durante el proceso y que continúa trabajando aspectos vinculados con aquella experiencia.
Su vínculo con su padre
Consultado sobre por qué no llama “papá” a Darío Giordano, fue contundente: "No le digo papá porque él no cumplió ese rol".
También aseguró que actualmente no mantiene relación con él y que nunca sintió una disculpa sincera por lo ocurrido.
"Si él se hubiese hecho cargo de las cosas que hizo y hubiese pedido perdón capaz yo tendría una relación con él", sostuvo.
Según su relato, después de la denuncia también habría existido un proceso de revinculación impulsado judicialmente, pero aseguró que no estaba preparado para encontrarse con su padre y que sentía miedo.
El automovilismo y una nueva vida
Con el paso de los años, Valentín encontró en el automovilismo una de sus principales pasiones. Contó que su vínculo con los autos comenzó cuando era muy pequeño y que fue nuevamente su abuelo quien lo impulsó a retomar ese sueño.
"Me enseñó a manejar de muy chico", recordó.
A los 5 años recibió un cuatriciclo y comenzó a acercarse a la velocidad y las competencias. Con el tiempo dejó esa actividad, pero años después Gustavo Yankelevich le preguntó si quería volver a correr.
"Sentía que el tren ya había pasado. Le digo ‘pero ya soy grande’. ‘No, si querés lo hacemos’. A partir de ahí arrancó lo mejor de este último tiempo que fue arrancar a correr", relató.
Actualmente, Valentín es piloto de TC2000 y asegura que se toma su carrera deportiva con absoluta seriedad.
También habló de Romina Yan
A más de una década de la muerte de su madre, Valentín aseguró que todavía siente una fuerte presencia de Romina en su vida.
"La siento presente constantemente", manifestó.
También contó que muchas personas se acercan a él durante las carreras para hablarle de su madre, algo que interpreta como una manera de mantener ese vínculo.
"Yo eso lo tomo como que es mi mamá que me manda a la gente y yo la siento ahí conmigo", expresó.
Finalmente, explicó por qué decidió hacer pública ahora su historia: quería liberarse de una carga que llevaba desde niño y, al mismo tiempo, ayudar a otras personas que puedan atravesar situaciones similares.
"Los niños hablen porque alguien los va a escuchar. Como a mí me escuchó mi abuelo Gustavo, alguien los va a escuchar siempre", sostuvo.
Y dejó un mensaje especialmente dirigido a los adultos: "Escuchen a los chicos".
Para Valentín, poder mirar hacia atrás y reconocer todo lo que logró después de aquellos años también representa una forma de sanar: "De ese nene que no quería vivir a donde estoy hoy, con tener ganas de vivir ya es una victoria".