Las protestas por el costo de vida, el acceso a la vivienda y la educación derivaron en incendios, saqueos y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Francia reportó casi mil detenidos, mientras miles de personas se movilizaron en distintos puntos del continente.
Europa atraviesa un nuevo fin de semana de tensión social, con manifestaciones multitudinarias, enfrentamientos entre grupos de personas y fuerzas de seguridad, incendios y detenciones en diferentes países. Este sábado 24 de octubre, las protestas volvieron a concentrarse en ciudades de Francia, Italia, Albania, España y Bélgica, mientras en Portugal y otras partes del continente miles de ciudadanos salieron a las calles para exigir respuestas ante problemas que afectan su vida cotidiana.
HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE DIARIO PANORAMA Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO
Aunque las movilizaciones comparten algunas preocupaciones, no responden a una única organización ni a un movimiento coordinado a escala continental. Los reclamos varían según cada país, pero se repiten las críticas al encarecimiento de la vida, las dificultades para acceder a una vivienda, la falta de recursos en los sistemas educativos, la situación de las pensiones y el rechazo a determinadas políticas gubernamentales.
Un relevamiento de las protestas realizadas entre el 15 de septiembre y el 23 de octubre identificó al menos 177 movilizaciones en 12 países europeos. La mayoría fueron pacíficas, aunque 49 terminaron con detenciones y al menos 30 registraron policías heridos. Los episodios de violencia más importantes se concentraron en Francia, Italia y Albania.
Francia fue uno de los principales focos de tensión de la jornada. Las movilizaciones convocadas contra el encarecimiento de la vida, la desigualdad y los problemas del sistema educativo se extendieron por diferentes localidades y terminaron con enfrentamientos en varios puntos del país.

El Ministerio del Interior estimó que 410.000 personas participaron de las manifestaciones a nivel nacional, mientras que la Confederación General del Trabajo (CGT) calculó una asistencia cercana a las 800.000 personas. En París, las autoridades contabilizaron alrededor de 110.000 participantes, frente a los 250.000 que estimó la central sindical.
Las marchas transcurrieron mayoritariamente en calma durante buena parte del día, pero la situación se complicó al finalizar algunas concentraciones. En la capital, grupos de manifestantes encapuchados arrojaron objetos y fuegos artificiales contra la Policía, que respondió con gases lacrimógenos, granadas de estruendo y cañones de agua.
Los enfrentamientos también se extendieron a Marsella, Lyon, Burdeos, Grenoble, Clermont-Ferrand, Lille, Rennes, Nantes, Toulouse y Estrasburgo, entre otras ciudades. En Marsella se informó sobre incendios de contenedores utilizados para bloquear calles, lanzamiento de piedras y botellas contra las fuerzas de seguridad y daños en comercios.
El dispositivo de seguridad fue reforzado con unos 70.000 policías y gendarmes en todo el territorio. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, informó que se habían producido casi 1.000 arrestos y advirtió que la cifra podía aumentar a medida que se consolidaran los datos de los operativos.
Las protestas tienen su origen, en buena medida, en las movilizaciones estudiantiles iniciadas semanas atrás por la falta de docentes, las condiciones edilicias de las escuelas y la insuficiencia de recursos para la educación pública. Con el correr de los días se sumaron sindicatos, trabajadores y otros sectores que reclaman medidas frente al aumento de los gastos cotidianos, la pobreza y la desigualdad.
En paralelo, el debate político se intensificó por la respuesta del Gobierno a las protestas. Mientras sectores de izquierda respaldaron las demandas de los manifestantes y cuestionaron el despliegue policial, referentes de la derecha reclamaron medidas más estrictas para garantizar el orden público.
La tensión también se vio agravada por un hecho separado de las manifestaciones: un tiroteo ocurrido el viernes en Trappes, en las afueras de París, dejó un hombre muerto y cinco heridos, entre ellos una niña de 12 años. Según información publicada sobre la investigación, el sospechoso detenido habría declarado que buscaba vengar los saqueos registrados durante las protestas de la semana anterior y que seleccionó a sus víctimas por motivos raciales. La Fiscalía Nacional Antiterrorista abrió una investigación por el ataque.
Italia también vivió una jornada marcada por las movilizaciones y los operativos policiales. Miles de personas salieron a las calles de Milán, Roma, Turín, Nápoles, Bolonia y Florencia para reclamar por el costo de vida, la vivienda, los servicios públicos y las políticas de rearme, además de expresar su rechazo a la participación italiana en conflictos bélicos.

Las protestas se desarrollaron bajo un fuerte dispositivo de seguridad, luego de los disturbios registrados el fin de semana anterior, cuando grupos de manifestantes protagonizaron saqueos y destrozos en comercios.
Este sábado se produjeron enfrentamientos en Roma, Turín y Bolonia, con lanzamiento de objetos, piedras y fuegos artificiales. En Milán, en cambio, la movilización transcurrió en su mayor parte de forma pacífica, aunque el centro de la ciudad permaneció fuertemente vigilado.
Uno de los episodios más llamativos ocurrió en Roma, donde un grupo de manifestantes intentó ingresar por la fuerza al Coliseo, en medio del movimiento de turistas y de un importante operativo policial. Los agentes intervinieron para controlar la situación y evitar nuevos incidentes en el monumento histórico.
La Policía italiana informó que realizó nueve arrestos y trasladó temporalmente a dependencias policiales a 371 personas durante los operativos desplegados en ocho ciudades. Entre quienes fueron llevados a comisarías había 110 menores de edad.
En Milán, además, las autoridades detuvieron a una persona señalada como presuntamente vinculada con la organización de nuevas protestas a través de redes sociales. La investigación se produjo en medio de los esfuerzos del Gobierno de Giorgia Meloni por impedir que se repitieran los saqueos y episodios de violencia de la semana anterior.
Las movilizaciones italianas reflejan una combinación de preocupaciones sociales y políticas: desde las dificultades para pagar alquileres y cubrir los gastos cotidianos hasta las críticas a la distribución del presupuesto público y a las prioridades del Gobierno en materia de defensa.
En Albania, miles de personas volvieron a movilizarse en Tirana contra el Gobierno del primer ministro Edi Rama. Las protestas, impulsadas principalmente por estudiantes y sectores de la oposición, derivaron nuevamente en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

Los manifestantes cuestionan las políticas educativas, la falta de oportunidades laborales y presuntos hechos de corrupción. También reclaman la renuncia del jefe de Gobierno, a quien acusan de no responder a las demandas sociales y de proteger intereses políticos y económicos. Estas acusaciones forman parte de los reclamos de los manifestantes y no constituyen, por sí mismas, hechos judicialmente probados.
Durante la jornada, algunos grupos arrojaron piedras, fuegos artificiales y otros objetos contra los agentes. También se reportaron incendios y daños en edificios públicos, entre ellos instalaciones vinculadas con los ministerios de Medio Ambiente y Agricultura y la Municipalidad de Tirana.
Las fuerzas antidisturbios utilizaron gases lacrimógenos, cañones de agua y balas de goma para dispersar a la multitud. Las autoridades informaron que más de 300 manifestantes y efectivos de seguridad habían resultado heridos en el marco de las protestas recientes, además de que decenas de personas fueron detenidas.
El conflicto se arrastra desde hace semanas. El movimiento había comenzado con cuestionamientos a un proyecto de desarrollo turístico en una zona costera y posteriormente incorporó las demandas estudiantiles y las denuncias contra el Gobierno.
La persistencia de los enfrentamientos convirtió a Tirana en uno de los principales focos de inestabilidad de la región balcánica durante este período, con movilizaciones que ya no se limitan al ámbito educativo y que abarcan un cuestionamiento más amplio a la gestión política.
España registró dos escenarios diferentes durante este sábado. En Madrid, alrededor de 25.000 personas marcharon para defender el sistema público de pensiones, mientras que en Barcelona una concentración juvenil terminó con destrozos, incendios y enfrentamientos con la Policía catalana.

En la capital española, pensionistas y organizaciones sindicales reclamaron que las jubilaciones se actualicen de acuerdo con la inflación, que las prestaciones mínimas alcancen niveles suficientes para afrontar los gastos básicos y que se reduzca la brecha entre las pensiones de hombres y mujeres. También expresaron su rechazo a cualquier medida que pueda poner en riesgo el carácter público del sistema previsional.
La movilización recorrió sectores céntricos de Madrid y se desarrolló en un contexto de debate político sobre la sostenibilidad del sistema y el poder adquisitivo de los jubilados.
La situación fue distinta en Barcelona. Una concentración juvenil difundida a través de las redes sociales reunió a un grupo de estudiantes en la plaza de Catalunya, pero terminó derivando en incidentes.
Durante los disturbios se registraron saqueos de comercios, quema de contenedores, daños en el mobiliario urbano y enfrentamientos con los Mossos d'Esquadra, que desplegaron unidades antidisturbios para dispersar a los grupos.
Los incidentes obligaron a restringir los accesos a la plaza y a varias calles del centro. Algunos establecimientos comerciales bajaron sus persianas para evitar daños, mientras que los agentes intervinieron para despejar la zona. Los reportes de la jornada informaron sobre detenciones y destrozos en escaparates, marquesinas y otros elementos urbanos.
La convocatoria, difundida con consignas contra el sistema y vinculada con el clima de protestas juveniles observado en Francia, evidenció cómo parte del malestar estudiantil también encuentra expresión en las calles españolas. Sin embargo, los reclamos previsionales de Madrid y los episodios violentos de Barcelona correspondieron a movilizaciones distintas y no deben confundirse entre sí.
En Bélgica, las protestas volvieron a generar tensión en Bruselas, donde cientos de manifestantes, en su mayoría jóvenes, se concentraron para reclamar más recursos para la educación y cuestionar las reformas del Gobierno federal.

Las movilizaciones forman parte de una serie de protestas estudiantiles desarrolladas durante las últimas semanas, en las que también se denunciaron aumentos de tasas, recortes presupuestarios y presuntos excesos policiales.
Durante la jornada del sábado, algunos participantes se enfrentaron con los agentes y arrojaron objetos. La Policía utilizó gases lacrimógenos y aerosoles irritantes para dispersar a los grupos. También se registraron intentos de formar barricadas con bicicletas, monopatines eléctricos compartidos, señales viales y otros elementos de la calle.
Las autoridades informaron que nueve personas fueron retenidas temporalmente: cinco por alterar el orden público y otras cuatro por presunta posesión de armas prohibidas o incitación a disturbios.
El operativo fue reforzado ante el temor de que se repitieran los saqueos registrados durante la semana anterior. En distintos sectores comerciales del centro, varios locales cubrieron sus vidrieras con paneles de madera como medida preventiva.
No obstante, los enfrentamientos del sábado fueron considerablemente menores que los registrados en episodios anteriores en Bélgica y que los ocurridos en Francia. En Lieja, otra ciudad donde hubo movilizaciones, la situación permaneció en calma.
En Portugal, el principal eje de las movilizaciones es la crisis habitacional. Miles de personas volvieron a manifestarse en ciudades como Lisboa, Oporto, Aveiro, Braga y Coímbra para exigir medidas que faciliten el acceso a una vivienda y frenen el encarecimiento de los alquileres.

Las organizaciones convocantes reclaman límites a los precios de los arrendamientos, una ampliación significativa del parque de viviendas públicas y restricciones a la compra de inmuebles por parte de fondos de inversión. También exigen retirar cambios legislativos que, según los colectivos, podrían facilitar los desalojos.
El conflicto ya había generado acampadas en Lisboa y Oporto. Aunque algunos asentamientos fueron desalojados por la Policía durante la semana, las movilizaciones continuaron en distintos puntos del país.
A diferencia de los focos de violencia registrados en otras ciudades europeas, la información disponible sobre las protestas portuguesas de este sábado se centró en las marchas, las concentraciones y los reclamos habitacionales, sin describir enfrentamientos de una magnitud comparable a los de Francia, Italia o Albania.
La vivienda se convirtió en uno de los temas transversales de las protestas europeas, especialmente entre los jóvenes y las familias que encuentran dificultades para afrontar alquileres elevados en los principales centros urbanos.
Los acontecimientos de este sábado forman parte de un ciclo más amplio de movilizaciones que atraviesa Europa desde septiembre. Si bien Francia, España, Italia, Portugal y Bélgica concentran una parte importante de las protestas contabilizadas, otros países también registraron conflictos sociales y reclamos políticos.

En Grecia, más de 10.000 personas participaron el 21 de octubre en una huelga docente, según las cifras policiales citadas en los reportes. En Alemania, los sindicatos habían reunido en septiembre a unas 175.000 personas, según los organizadores, para rechazar recortes en las pensiones y la sanidad. También se registraron concentraciones juveniles contra el rearme y el servicio militar.
En Serbia, el movimiento estudiantil anticorrupción continúa activo desde el derrumbe de una estación ferroviaria en Novi Sad, que provocó 16 muertes en noviembre de 2024. El jueves 22 de octubre, alrededor de 150.000 personas se concentraron en Belgrado, según recuentos independientes, en una nueva movilización que precede a las elecciones legislativas previstas para este domingo.
También se informaron convocatorias en otros países europeos, aunque no en todos los casos se registraron enfrentamientos o incidentes de la magnitud observada en Francia, Italia y Albania.
La coincidencia temporal de estas movilizaciones no significa que exista una única protesta organizada para todo el continente. Se trata de conflictos nacionales diferentes que comparten algunas preocupaciones: el deterioro del poder adquisitivo, el acceso a los servicios públicos, las condiciones educativas y habitacionales, la corrupción y el cuestionamiento de determinadas decisiones gubernamentales.
Las protestas podrían continuar durante las próximas semanas. Entre las convocatorias anunciadas figuran una jornada sindical en Francia el 5 de noviembre, una huelga general en España el 11 de noviembre, una movilización estudiantil en Alemania el 17 de noviembre, una huelga de la CGIL en Italia el 20 de noviembre y una manifestación sindical en Portugal el 24 de noviembre.
La evolución de estos conflictos dependerá tanto de la respuesta de los gobiernos como de la capacidad de los movimientos sociales para mantener sus reclamos. Mientras las manifestaciones pacíficas continúan siendo mayoritarias en el conjunto del continente, los episodios de violencia registrados en algunas ciudades elevaron las medidas de seguridad y profundizaron el debate sobre el derecho a protestar, el uso de la fuerza policial y la respuesta política al malestar social.