Apasionante aventura basada en hechos reales y dirigida por Simon Cellan Jones sobre un corredor de resistencia por la selva ecuatoriana y su fiel e inesperado compañero de viaje.
Por Fausto Fernández
Para Fotogramas
Que un chucho callejero se convierta no solo en el mejor amigo de un Mark Wahlberg que parece siempre en el extremo de una película (basada en hechos reales, cómo no) extrema de su compinche Peter Berg, sino en una suerte de conciencia, de catarsis para sus (nada traumáticos) traumas, no es el ejemplo de mayor y extraño compañero de aventuras de esta amable película (basada en hechos reales, por supuesto) para todos los públicos. Quien sí resulta un inesperado e insólito compañero de un film de estas características es su director, un Simon Cellan Jones que venía de la mala leche concentrada, y profética, de la teleserie 'Years and Years', y del antisueño americano de otro hito catódico como 'Boardwalk Empire'.
Que un autor que hasta la fecha había mirado a la sociedad (la estadounidense en particular) a cara de perro, arreando dentelladas críticas cual mastín desaforado, se haya rendido a la mirada (apaleada, eso sí que también es verdad) del can que da título a este film, claro que te sorprende a priori, aunque (valga esto para todos los que seguimos cargando con ciertos prejuicios en la mochila) vista la película finalmente resulta totalmente compatible con un cineasta (televisivo, de ahí cierto embelese respecto a los paisajes de postal por los cuales discurre esta aventura de resistencia extrema) a quien siempre le ha gustado la desmitificación.
Pues sí, 'Arthur' es una epopeya, cercana, tierna y de esas con un final que te enfada al principio pero que al que le acabas pasando la mano por el lomo no sin cierta condescendencia, desmitificadora. En primer lugar lo hace con los dos géneros (me niego a llamarlos subgéneros; los subgéneros no existen) en los que se circunscribe: el de drama sensible con perrete de esos que te miran con ojos llorosos y te desarman con una cucamona, y el de drama de superación personal donde una gesta deportiva es inequívocamente la metáfora de la vida misma y del hombre que trasciende sus cuitas mentales y existenciales en contacto con la naturaleza y el dolor del esfuerzo.
Simon Cellan Jones (y el guionista, Michael Brandt, firmante del también film con pareja antagónica y extraña donde se intercambiaban roles, 'El tren de las 3:10', de James Mangold) dota de naturalidad y resta importancia a lo que narra. Al hacer esto, y no es una sorpresa, es cuando la verdad surge, y cuando la amistad entre hombre y animal se despoja de tópicos, y cuando esa odisea en forma de travesía deportiva selva a través no es ya algo que esperas para ver alzar los brazos a su Filípides de turno, sino que es algo donde la meta no está donde pone meta, y sí antes, durante el camino.
'Arthur', que es el rey Arturo en el original, convierte esa carrera en plena jungla (los obstáculos de nuestra existencia, vacía de significados, urbanita) en una nueva búsqueda del Santo Grial con el cual no sanar al rey, sino sanar al personaje de Wahlberg de su vida sin alicientes obsesionado con la consecución del éxito, y también a ese Arthur que en realidad es Perceval, asimismo herido, asimismo el escudero que devendrá el elegido. Road movie en ocasiones de un abstracto e introspectivo que chocará a quienes esperen un 'Benji' o un 'Boomer' a lo Disney (tampoco es la sádica 'Fiel amigo', hito del joder la infancia a muchos desde la productora del Tito Walt, a pesar de que… vaya, casi se me escapa un spoiler).
'Arthur', con sus (vale, sí) buenos sentimientos, química entre Wahlberg y el can, y una realización que es de aplauso cada vez que prescinde de los otros personajes humanos y cada vez que confunde un tardecer o un amanecer con poesía Discovery Channel, funciona mucho mejor si ves al chucho como inexistente, un amigo imaginario, o una proyección de la psique de ese campeón obsesionado con serlo una y otra vez… lejos del hogar, de los demás. Un antihéroe solitario que, como mandan los cánones, habla consigo mismo, siendo ese uno mismo un chucho. No es el caso, pero, en fin, los críticos queremos a veces que las películas sean como nos gustarían a nosotros, y nos cuesta valorar en lo que en realidad son. 'Arthur' es un viaje apasionante en su sencillez, y en su ternura nada sonrojante.
Para corredores de fondo del drama enternecedor perruno.