Opinión y Actualidad

Crítica de "Simple como Sylvain"

Monia Chokri nos propone esta comedia romántica de amantes e infidelidades que sigue a una profesora de filosofía y un joven obrero de la construcción.

18/07/2024

Por Pablo Vázquez
Para Fotogramas

En 'El fin del amor', Tamara Tenenbaum reflexionaba sobre el mito del amor romántico y la nueva conceptualización de las relaciones sentimentales, sexuales y familiares tras el revisionismo que ha supuesto la posmodernidad. Sorprende que, tras su, tan engañosa como calculada, pátina de actualidad, la canadiense 'Simple como Sylvain' sea una película que prefiera acomodarse en el ladrillo de que las reglas del juego no solo no han cambiado, en esencia, sino que quedarán así durante mucho tiempo, al margen de los movimientos y avances sociales. Ante las pertinentes preguntas de Tenenbaum, la directora, actriz y guionista Monia Chokri prefiere esbozar una mueca sardónica y apostar por la vaporosidad de las sensaciones. Y por la imposibilidad de dominarlas o dirigirlas. Así de simple, así de inaprensible; como el amor que no se agota y sigue siendo el combustible esencial del artefacto cinematográfico ligero, encantador y sensual por excelencia, la comedia romántica.

La verdadera naturaleza del deseo. Suerte de versión moderna, de sobremesa canicular, de 'El amante de Lady Chatterley' de D. H. Lawrence, que versa, como aquella, de la erotización de la clase trabajadora, y mezcla en dosificadas proporciones el retrato femenino 'empoderador', en este caso poco o nada panfletario, y la comedia de amantes e infidelidades, Chokri reposa gran parte del peso de la película sobre los hombros de Sophia (impecable, estilizada Magalie Lèpine Blondeau), una profesora de, exacto, filosofía que redescubre la pasión cuando conoce a Sylvain, un joven de clase humilde que trabaja como peón de la construcción. La directora salpica la peripecia de oportunas y jugosas reflexiones sobre el romance parafraseando la obra de Platón, Schopenhauer o Spinoza que, lejos de insuflar altivez al conjunto, lo convierten en un divertido crucigrama de poso agridulce, siguiendo un esquema no tan alejado al de la última película de Richard Linklater, otro experto en lides amorosas.

 Dotada de una elegancia artificiosa, con un poco de suplemento dominical y bastante de declinación políticamente correcta del cine de Just Jaeckin, que no erosiona su frescura, de una templanza en la puesta en escena que contrasta con la efusividad de las escenas pasionales (aquí las coordinadoras de intimidad han sudado un poquito), la película de Chokri, pese a ser una obra desigual, halla su mayor virtud en su desarmante sencillez, en su falta de complejos a la hora de narrar la historia de pasión sin barreras sin engolar la voz, sin saturar el drama ni invocar en vano los fantasmas del abuso o el discurso didáctico.

Cercana, en último término, a tantas tragicomedias francesas, discursivas y ensimismadas, que tratan de hallar algoritmos matemáticos, fórmulas infalibles y enunciados metafísicos a partir del romance y sus derivados, de 'Dobles vidas' (Assayas, 2018) a 'Crónica de un amor efímero' (Emmanuel Mouret, 2022), 'Simple como Sylvain' no se avergüenza de sus complejos (burgueses) ni de sus contradicciones (intelectualoides) y cierra el relato con un desenlace con los pies en el suelo que aporta capas a su discurso o a la falta del mismo. Es en su capacidad de zozobrar y contradecirse con orgullo y descaro y, en ocasiones, sin pudor, donde la película tropieza con un seductor encanto. Tan similar al del propio Sylvain, o al de no la no menos encantadora Sophia

Para amantes de las comedias sencillas que juegan con inteligencia a parecer lo contrario.