Opinión y Actualidad

Crítica de "El cuervo"

Bill Skarsgård y FKA Twigs protagonizan, con indudable magnetismo, la nueva versión del relato fantástico que convirtió en mito a Brandon Lee y que dirige Rupert Sanders.

29/08/2024

Por Ricardo Rosado
Para Fotogramas

Alejada tanto del cómic de James O’Barr que lo empezó todo, como de la película de Alex Proyas que convirtió a Brandon Lee en un mito a golpe de infortunio, esta nueva 'El cuervo' presenta a sus jóvenes protagonistas como unos tatuados delincuentes callejeros que, sentenciados por el mundo del que han decidido rodearse, son salvajemente asesinados. Incapaces de descansar bajo tierra, convertirán su sanguinolento final en un romance gótico en el que él deberá volver a la vida para recuperar la de ella a golpe de 'vendetta'. Atractivo inesperado. Incluso obviando los deshilachados vericuetos de la revisión del relato original, el resultado es tan desbaratado como uno podría esperar de un proyecto que lleva casi una década cambiando de manos. Sin embargo, y de un modo inesperado, como guiado por un místico córvido decidido a hacernos sentir como en casa una vez más, el proyecto ha encontrado cierta gracia en la desgracia.

Apoyándose en su desnortado artificio, el film defiende como valor propio la apática inercia de Bill Skarsgård y la 'centennial' indiferencia de FKA twigs, dos elementos que en cualquier otro título jugarían a la contra y que aquí, combinados con su indudable presencia frente a la cámara y lo deliciosamente hortera del diseño de producción, funcionan con innegable magnetismo.

Director temerario. A Rupert Sanders nunca le ha gustado ponérselo fácil. Sabiéndose responsable de la ruptura 'millennial' más importante de la pasada década tras dirigir a Kristen Stewart en 'Blancanieves y la leyenda del cazador' (2012), y habiéndose atrevido a tocar un pilar del anime transformando a Scarlett Johansson en la mayor Kusanagi con 'Ghost in the Shell: El alma de la máquina' (2017), ha decidido ponerse en el punto de mira de los que no superaron el grunge en los 90 con un regreso que nunca podría igualar una película generacional con The Cure, Rage Against the Machine y Nine Inch Nails versionando a Joy Division en su banda sonora. Simulando que Post Malone es lo más parecido a un heredero espiritual contemporáneo de todo aquello, Sanders (o su acertada desgana) hace de este nuevo cuento de poéticamente trágicos vindicadores un ejercicio que se sabe intrascendente y que, subrayándose incapaz de cosechar grandilocuentes piropos, se deja llevar por su forzada existencia para hacernos imaginarnos incorregiblemente marginales. en un mundo que nunca nos entenderá.