Vicisitudes de la vida de un argentino en el extranjero. Las implicancias del destierro moderno. La búsqueda de nuevos horizontes y las consecuencias de ello.
Por Pablo Argañarás, Lic. en Cine y Televisión
Argentina es un país con idas y vueltas, altibajos propios de un estado que posee un carácter inestable. Cada cierta cantidad de años seguramente surge una crisis. Y con cada crisis escucho desde adolescente la misma frase: "la salida es Ezeiza, no tiene solución este país". Lamento decirles que yo fui uno de aquellos quien pensó y sintió eso. Y fiel a mi estilo de hacer lo que siento me embarqué y me fui.
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Solo quienes vivieron el destierro pueden dimensionarlo. Y lo digo así porque hablo de irte a vivir fuera del país. A trabajar e intentar insertarte en la lógica del país elegido, no irte de meras vacaciones. Las vacaciones siempre son lindas. Generalmente se pasea con dinero y el país anfitrión, por ende, te tratará cómo se trata a los turistas con efectivo fresco. Irte con la idea de quedarte y no regresar es otro cantar...
Lamento decir para quienes poseen la utopía de creer que la salida es Ezeiza que esto es un engaño. Quizás una mentira autoimpuesta para no hacernos cargo de una patria que posee todo. Para evitar hacer en nuestro país lo que muchas veces los que se van afuera no cuentan que realmente hacen. En ningún país nadie espera a los que emigran. Menos aún para abrirles las puertas de manera generosa y desinteresada. El que se va y sale por Ezeiza debe saber que seguramente irá a realizar un trabajo que nadie del lugar a dónde se dirige quiere efectuar. Son "las leyes generales", obviamente sujetas a excepciones, muy poquitas, pero que las hay. La mayoría de los "sudacas" corremos con la misma suerte. Yo la experimente dos veces.
La primera vez a mis 20 años me fui a Miami a "probar suerte". Mi único contacto que tenía era un tío abuelo afincado allí hacía muchos años. Nada fue ni remotamente parecido a lo que se vivía aquí en Argentina por aquel entonces. Luego España fue otro lugar elegido para volver a intentarlo. Y fue, para mí asombro, aún peor. La xenofobia del europeo roza lo desagradable. En Argentina tratamos mejor a los animales que lo que los españoles a nosotros, los "sudacas". Gracias a mi familia que siempre tuvo una estabilidad aquí en Santiago del Estero pude regresar e insertarme laboralmente. Tampoco me fue fácil, pero eso es parte de otra historia.
Nadie con una pizca de posibilidades en su país sería capaz de abandonarlo y vivir lo que se debe vivir afuera para subsistir. El destrato, los malos tratos, el rancio racismo, el asco al latinoamericano. El desprecio a los vocablos nuestros, a nuestras costumbres y maneras de ser y de vivir. Para el yanqui o el europeo medio somos la escoria de la humanidad, al igual que los africanos. Los asiáticos les caen más en gracia, tal vez por su exotismo.
La prensa no muestra nada al respecto. Siempre son "odas al primer mundo". A "lo civilizado". Y tampoco los que se quedan en esos sitios dicen "la verdad de la milanesa". Ningún paisano asumirá y contará la verdad de lo que tuvo que pasar o pasa para quedarse allí. Y lo entiendo, da vergüenza contar cosas que muchas veces se acceden a hacer afuera de tu país. Casi siempre conocemos algún amigo o familiar "exitoso" viviendo fuera. Leemos en los diarios y vemos en la televisión los casos de gente triunfante que quizás sean el uno por ciento de los casos.
Yo quizás tuve la chance de volver. Y decidí que si debía limpiar baños de tugurios de mala muerte, ser patovica de boliches de ruta, o servir mesas y ser bachero en tabernas asquerosas, prefería hacerlo en mi país. Y no hacerlo en Estados Unidos o Europa mintiendo que era un empresario exitoso. Lamentablemente los argentinos que sobreviven afuera se convierten en grandes mentirosos. Despotrican a diestra y siniestra de Argentina pero son "la lacra" de un lugar que no los quiere tener entre ellos. Entonces prefieren "hablar pestes" de su lugar de origen como un extraño mecanismo de autoconvencerse de que "en el primer mundo" se está mejor.
...Y escuché mil veces que fulano gana tantos dólares o euros y trabaja de cadete... Sí, pero no piensan que allí se vive en esas monedas. Que el sistema de salud y la educación son privados. Que la cultura es otra. Que siempre serás mal visto, cómo el forastero. A lo sumo serás un bufón simpático en caso de caer bien. Jamás serás uno de ellos. Siempre serás el sudaca que emana olor a roña para su forma de ver el mundo.
La salida no es Ezeiza, al menos para mí no lo es. Y entiendo también que muchos de quienes leen estas líneas tienen familiares y amigos mintiéndoles las bondades del "mundo civilizado". Lamentablemente el exilio tiene un carácter de tortura que solo quien lo vivió o lo experimenta es capaz de comprenderlo.
La salida no es Ezeiza, es "ponerle el lomo" todos, cada uno desde el lugar que le toque y convertir nuestro país bendito en uno mejor para las generaciones venideras. Afuera, afuera solamente seremos parias...
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