Experiencias en la docencia. El rol docente en las artes y la comunicación. La importancia de la formación profesional. El descubrimiento de la vocación.
Por Pablo Argañarás, Lic. en Cine y Televisión
Desde el año 2001 que ejerzo la docencia en el área de la comunicación y las artes audiovisuales. Pasaron más de 20 años ya desde que ingresé por primera vez a un curso lleno de gente. Un pánico escénico como nunca antes lo había tenido. Lo más cercano había sido en situación de exámenes finales en mi carrera universitaria. Pero esto era otra cosa. Tenía alumnos, debía de enseñar, su formación dependía de mí, o al menos, eso creía en aquella época.
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Recuerdo que fue un desafío. Un hermoso reto en mi carrera profesional. En la actualidad abrazo la docencia y puedo decir que me siento pleno dando clases. Pero en aquel momento tenía una auto exigencia importante. Creía que debía saberlo todo, algo utópico. Suponía que debía ser el mejor docente, algo que hoy ni lo barajo, la competencia es con uno mismo, ser mejor día a día, mejor profesional y persona.
Un compañero me ayudó mucho en ese proceso de adaptarme a la carrera docente. El preceptor Juan Carlos Peralta, un gran amigo hasta la fecha. Me flexibilizó. Estaba muy rígido en el rol docente. Estaba convencido que debía ser una cosa así como un "sheriff implacable de la docencia". No entendía de grises. De a poco fui comprendiendo de las diversas realidades que hay en una misma aula, tantas como alumnos. Paulatinamente el "prece Juanca me fue ubicando en la palmera".
Otro tema fue hacerles entender a los directivos la enseñanza de lo audiovisual. Hasta el día de hoy hay colegas que piensan que se puede enseñar las artes audiovisuales en el espacio de un curso. Imposible. Enseñar la sintaxis audiovisual requiere de espacios y tiempos diferentes a otras disciplinas. Hay personas más abiertas que otras que comprenden esto. Hay colegas que aceptan su desconocimiento sobre estas áreas del saber y me piden que les explique de estas metodologías de la enseñanza. Y hay de los otros, aquellos que montados en el cargo jerárquico creen saber todo y pecan de soberbia, ignorancia, falta de tino y sentido común. Pretenden que se enseñe a filmar con tiza y borrador. Es como pretender que se enseñe danza desde un dictado de un texto. Pero así están las cosas. "Hay de todo en la viña del Señor", como reza el refrán.
Lo mejor del rol docente son los alumnos, los chicos. Empatizar con ellos, aprender de ellos y con ellos. Hacerles interesante la disciplina. Motivarlos. Empoderarlos. Darles autoestima. Enseñar con el ejemplo. Y como quien no quiere la cosa, aparte de audiovisual, compartir con ellos la visión de vida. Enseñarles buenas costumbres, modales, buenas formas y buenas "mañas". Comentarles de la vida más allá de la academia.
Tengo el gusto de ser actualmente colega y amigo de ex alumnos. Poder haber contribuido un "cachito" a hacerlos descubrir su vocación. Guiarlos en el camino de esta carrera. Y verlos volar, siempre... y está muy bien que vuelen con sus propias alas y abandonen el nido. De vez en cuanto, vuelven de visita a comentarme sus experiencias. Las buenas y de las otras. Y así sigo aprendiendo, no solo de mis experiencias, sino de las de ellos.
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Creo fervientemente en la educación y en la formación. En prepararse y estudiar para ser mejores profesionales y personas. En saber marcar un rumbo y dejar que los alumnos crezcan, se desarrollen y partan. En busca de su cielo, de sus horizontes y de sus anhelos. Siempre es lindo ver crecer a los pichones, ver desarrollar sus plumas y fortalecer sus alas. Por ahí me entristece quedar solo en el nido luego de su partida. Pero siempre regresan, al tiempo vuelven y me cuentan sus mundos y vuelos. En esos momentos pienso que valió la pena el rol docente. Cuando uno fortalece las alas de los alumnos, fortalece el vuelo a futuro de la bandada.