La politóloga derechista se impuso en primera vuelta con más del 48% de los votos y prometió priorizar la seguridad, inspirada en las políticas del presidente salvadoreño.
Como si Nayib Bukele fuera su mentor, la politóloga derechista Laura Fernández, que este domingo ganó las elecciones presidenciales de Costa Rica, hizo una promesa al presidente salvadoreño: la política de seguridad de “mano dura” será la prioridad de su gobierno.
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De 39 años, Fernández, quien obtuvo más del 48% de los votos, ocho puntos más de los que necesitaba para ganar en primera vuelta, Fernández es la heredera política del presidente Rodrigo Chaves, también admirador de Bukele y en cuyo gobierno dirigió dos ministerios.
La autodenominada “candidata de la continuidad” promete terminar una cárcel inspirada en la megaprisión de Bukele para pandilleros, aumentar las penas e imponer estados de excepción en zonas conflictivas, como el que rige en todo El Salvador.
Bukele fue, de hecho, el primer mandatario en felicitar, vía telefónica, a la “presidenta electa”. “Le deseo el mayor de los éxitos”, escribió en X.
“Puede estar seguro de que (...) la seguridad seguirá siendo una de las más altas prioridades”, dijo la ahora presidenta electa a Bukele en un video de propaganda electoral cuando éste abogó por la continuidad de los proyectos de Chaves.
Sus opositores la tachan de “oportunista” por adoptar el llamado “modelo Bukele”, muy popular porque logró reducir significativamente la violencia en su país, pero señalado por grupos humanitarios de abusos, detenciones arbitrarias y hasta torturas bajo el régimen de excepción.
Sin embargo, en su discurso de victoria, en el que sorpresivamente no aludió a la violencia criminal en la que basó su campaña, la futura mandataria sostuvo que “nunca” permitirá el “autoritarismo”. Se declaró una “demócrata convencida” y “defensora de la libertad”, aunque atacó duramente a la prensa, como suele hacerlo su mentor, Rodrigo Chaves, una figura popular y polarizante que está enfrentado a los demás poderes del Estado.
“El cambio será profundo e irreversible”, advirtió sin dar detalles, y agregó que cambiarán “ciertas reglas del juego político”.
Su rival más cercano fue el economista socialdemócrata Álvaro Ramos, que terminó la jornada electoral lejos de la ganadora, con un 33% de los votos.
Fernández, quien asumirá el 8 de mayo, será la segunda mujer que gobierne Costa Rica, uno de los países más estables de la región, tras el mandato de Laura Chinchilla, quien también ganó en primera vuelta en 2010.
“Las mayorías electorales, por más avasalladoras que resulten, no son patente de corso para silenciar a las minorías ni para sofocar las voces disidentes”, advirtió Chinchilla, una de sus críticas más férreas, quien pidió a la oposición cumplir su papel de contrapeso en el Congreso.
“Una mala copia”
Fernández, que dice relajarse cocinando, siempre lideró las encuestas bajo el paraguas de Chaves, a quien sus rivales califican de “populista” y cuyo discurso confrontativo y sarcástico goza de aprobación.
Nacida en Puntarenas, puerto del Pacífico golpeado por el narcotráfico, Fernández es tan incondicional a Chaves que sus rivales afirman que él será el poder detrás del trono. Ella no descarta incorporarlo en su gobierno.
Según las proyecciones del Congreso, la oficialista lograría una treintena de 57 escaños, una mayoría que no le alcanza en principio para hacer una reforma constitucional ni cambios en el poder judicial, al que el gobierno culpa del aumento de la violencia criminal en el que ha sido considerado por décadas uno de los países más seguros del continente.
Tampoco para reformar la norma que obliga a Chaves a esperar dos periodos de cuatro años para volver a postularse. Sin embargo, no se descartan alianzas en el Congreso que lo permitan.
Chaves es sarcástico y su discípula adoptó el estilo. “Su tono es grosero y populista, una mala copia del presidente”, la describió Chinchilla.
Especialista en políticas públicas, en campaña incendió a sus adversarios cuando manifestó que no quería “pelear con cerdos para no terminar embarraliada (llena de barro)”.