El Rojo perdió 3 a 0 ante el Lobo mendocino por la séptima fecha del Torneo Clausura.
Independiente volvió a vivir una noche para el olvido. Gimnasia de Mendoza lo golpeó tres veces, dos de ellas con verdaderos golazos, y expuso la fragilidad de un equipo que no logra encontrar respuestas. En el Libertadores de América-Ricardo Enrique Bochini, el conjunto dirigido por Jadson Viera se desmoronó ante un rival ordenado, efectivo y preparado para aprovechar cada una de sus debilidades.
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El técnico brasileño nacionalizado uruguayo lleva apenas dos semanas al frente del equipo y heredó una situación compleja tras la salida de Gustavo Quinteros. Carlos Matheu y Eduardo Tuzzio habían conseguido una victoria por 3-1 ante Lanús durante su interinato y luego el Rojo mostró algunas señales positivas en el empate sin goles frente a Independiente Rivadavia. Sin embargo, todo quedó rápidamente opacado ante el Lobo mendocino.
Independiente nunca logró hacer pie en la mitad de la cancha. Millán y Montiel tuvieron poca incidencia en la generación de juego y tampoco consiguieron colaborar con Marcone en la recuperación. El equipo quedó partido, los laterales Godoy y Zabala sufrieron en defensa y el rival encontró espacios para atacar una y otra vez.
El Rojo intentó generar peligro durante el primer tiempo a través de Gutiérrez y Palais, pero comenzó a derrumbarse después del gol de Esteban Fernández, tras una falla de Godoy. Luego llegaron los dos impresionantes zurdazos de Lencioni desde afuera del área, que terminaron de sentenciar una noche negra para el conjunto de Avellaneda.
La derrota también vuelve a poner en escena los problemas que atraviesa Independiente fuera de la cancha. La crisis futbolística parece ser apenas una consecuencia de un escenario institucional y económico mucho más profundo. La reciente salida de su goleador, Gabriel Ávalos, y la necesidad de recurrir al juvenil Felipe Tempone como centrodelantero reflejan las dificultades que atraviesa un club que espera las elecciones de fin de año con la ilusión de recuperar cierta estabilidad.

Del otro lado, Gimnasia de Mendoza fue todo lo contrario. El equipo dirigido por Darío Franco mostró orden, intensidad y contundencia. Líder de la Zona A, consiguió su tercer triunfo consecutivo y alcanzó nueve goles en sus últimos tres partidos, ratificando su gran presente.
Independiente, en cambio, volvió a quedar expuesto. Las pocas señales de recuperación no alcanzaron para esconder las grietas de un equipo que necesita mucho más que simples retoques para salir adelante. La caída ante Gimnasia de Mendoza fue una nueva muestra de una realidad preocupante: el Rojo sigue sin encontrar el rumbo.