HBO Max estrena el nuevo eslabón del universo de DC, una serie con aires a ‘True Detective’ y con el sello de Damon Lindelof, la mente pensante de 'Perdidos' junto a J. J. Abrams.
Por Ricardo Rosado
Para Fotogramas
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El equilibrio entre plantear una serie de prestigio sin renunciar a la naturaleza pulp de 'Linterna Verde' parece imposible y, sin embargo, durante buena parte de sus ocho episodios 'Linternas' lo consigue ofreciendo ambos registros. El problema surge cuando esa mezcla funciona también como un techo, impidiendo abrazar por completo la gravedad del thriller y la exuberancia del cómic.
La comparación promocional con 'True Detective' nos avisaba de las intenciones de esta aventura en la que hay investigación policial, América profunda, carreteras, granjas, silencios y cierta textura de neowestern, pero donde realmente se vuelve prometedora es en sus reflejos de la imprescindible 'Watchmen' (2019). Más allá de tener a Damon Lindelof trabajando de nuevo sobre material de DC, se vuelve a intentar comprender al superhéroe antes de adaptarlo. Sin embargo, mientras aquella brillante reimaginación del universo de Alan Moore partía de una gran tesis para, capítulo a capítulo, desenterrar las podridas raíces racistas de Estados Unidos, 'Linternas' solo quiere contarnos una buena historieta.
Dos anillos
Aprovechando su condición de producto con mimbres de título de calidad, funciona mejor cuando deja que los temas que sobrevuelan a sus personajes atraviesen a los protagonistas, especialmente a John Stewart, robóticamente disciplinado y educado para convertirse en alguien antes de haber podido decidir quién quería ser. Un estupendo Aaron Pierre aguanta el plano incluso junto a un Kyle Chandler venido arriba que, consciente de la idoneidad de su fichaje, se apropia de la serie regalándonos un Hal Jordan fanfarrón, curtido y todavía convencido de saber más que los demás. Su carisma mantiene vivo el espíritu del cómic incluso cuando apenas hay verde en pantalla, ya que se muestran con cuentagotas elementos salidos del anillo y se limita la presencia de la dimensión cósmica del relato, siempre más implícita que explícita.
En el día más brillante
El primer capítulo, uno de los cuatro en los que se nota la pluma de Lindelof, es donde mejor se entiende la fuerza de su atmósfera. Después llegan momentos de gran televisión y otros tramos más funcionales, sin que deje nunca de ser absorbente. Ese es su mayor triunfo y también su límite, ya que da gusto recorrer el camino, pero al llegar al final cuesta encontrar una idea que permanezca en el espectador.
Para los fans del Hal Jordan más ácido y crepuscular.