Macri, el negacionista, o cómo culpar a otros del fracaso de tu propio gobierno

El expresidente argentino Mauricio Macri reapareció para hacer lo que mejor les sale a la mayoría de los políticos: evadir la autocrítica y culpar a otros de los malos resultados de su propio gobierno.

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14/10/2020 -

Por Cecilia González
Escritora y periodista.

Como no podía ser de otra manera, Macri ofreció su primera entrevista desde que dejó la presidencia a un medio y a un periodista amigo. Porque, a diferencia de su sucesor Alberto Fernández, que habla con la prensa opositora y oficialista, el expresidente prefiere no arriesgarse a preguntas incómodas. Qué necesidad, teniendo a su disposición tantas y tantos comunicadores famosos que lo quieren, extrañan y protegen.

Su regreso mediático formó parte de su estrategia para capitalizar la enésima y masiva marcha opositora al gobierno peronista que se realizó el lunes y en la que, además de rechazar cualquier política oficialista, abundaron mensajes confusos que vinculan pandemia-cuarentena-antiperonismo-anticomunismo-Venezuela-antivacunas y, sobre todo, discursos de odio.

Las recurrentes protestas implican un dilema. La oposición macrista las usa para crear la leyenda épica de que ya ganaron la calle, de que las movilizaciones populares ya no son más exclusivas del peronismo. Pero pasa que lo hacen justo cuando hay una pandemia y las organizaciones, militantes y simpatizantes del gobierno prefieren acatar la recomendación de evitar aglomeraciones para prevenir el coronavirus que salir a marchar, así sea a costa de su propia frustración.


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Ello le ayuda al macrismo a construir una ficción que el expresidente ya había anticipado en una carta que publicó el mes pasado y en la que, con gran desdén a la larga historia de luchas sociales en Argentina (que no han sido solo peronistas), se apropió de las protestas callejeras.

"En la Argentina emergió algo nuevo. Ciudadanos movilizados y atentos que han ganado las calles... la conciencia cívica se expresa", afirmó el expresidente con una mezcla de ignorancia y sentimiento de superioridad que valida solo las movilizaciones que le son funcionales, en las que participa parte de su propio público.

El relato

A 10 meses de haber terminado su gobierno, Macri dejó en claro que su principal antagonista política sigue siendo la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

La acusó de tener secuestrado al peronismo, de querer manipular a la Justicia para evadir las causas penales que hay en su contra, de ser la que verdaderamente gobierna y de actuar de manera tan "irracional" como el ídolo Diego Armando Maradona, con quien también está peleado.

El expresidente condenó la cuarentena decretada por Alberto Fernández y celebró las "marchas pacíficas del pueblo argentino" en contra del gobierno, algo que él mismo viene azuzando hace meses.

Nada dijo que los frecuentes ataques que reciben periodistas en esas movilizaciones, de las personas que proponen la horca para Fernández de Kirchner y reconocen que solo quieren verla en prisión; de los que insultan, gritan, desprecian y agreden al oponente. No condenó los discursos de odio que enturbian el debate público.


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La nota tuvo sus paradojas, ya que se transmitió en el canal de noticias del Grupo Clarín, el multimedios más importante del país que está en guerra contra el kirchnerismo desde hace más de una década y que ayer, de manera insólita, promovió desde su diario principal que la gente protestara también en casa de la vicepresidenta, a pesar de los crecientes temores de que se vivan episodios de violencia política. Sin mencionar de manera explícita esta decisión editorial, el periodista y el expresidente coincidieron en que los domicilios particulares de los políticos no son lugar para manifestarse.

Fue la única concesión, porque el resto de la entrevista Macri no escatimó críticas al gobierno, incluso a partir de desinformaciones como la supuesta salida masiva de presos o la "cuarentena eterna" que, en realidad, no existieron.

El expresidente repitió el discurso que la ultraderecha ha utilizado en el resto del mundo durante la cuarentena para "defender las libertades". La contradicción es patente, porque las personas que salen a manifestarse contra el gobierno no son reprimidas de ninguna forma y gozan de alta exposición mediática. No se les censura, todo lo contrario. Ni las libertades ni la democracia están aquí en riesgo, a pesar de que es un eslogan repetido. Un lugar común sin asidero.

Luego vino la parte de la autocrítica. Más bien, de la no autocrítica porque, al igual que lo hizo durante su gobierno, Macri culpó principalmente a factores externos del desastre económico y social que dejó en el país.

En ese entonces, responsabilizó a la sequía, el kirchnerismo, el populismo, los (inexistentes) 70 años de peronismo, la corrupción, la guerra comercial entre Estados Unidos y China, las crisis de Turquía y Brasil, "la mala costumbre del país de gastar más de lo que tiene" y a los ciudadanos que votaron mayoritariamente por el peronismo en las elecciones primarias de agosto del año pasado.

Ahora, además de volver a culpar a la gente que no votó por él, sorprendió al acusar de manera directa al exlíder parlamentario Emilio Monzó y a su exministro del Interior, Rogelio Frigerio, por haberles delegado una negociación política que, según él, no funcionó y a la larga formó parte de los motivos de la derrota electoral.


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Es la primera vez que explicita los pleitos internos que hay en Juntos por el Cambio, la alianza que encabeza y que es la principal fuerza opositora al peronismo.

Explicaciones

Según Macri, uno de sus errores fue no revelar a los argentinos, en el mismo instante en que comenzó a gobernar, "la cruda realidad" económica que le había dejado Fernández de Kirchner. Suena extraño, porque desde el principio él y su equipo expusieron "la pesada herencia" kirchnerista y filtraron informes negativos del estado en que se encontraba cada ministerio y organismo. Fue uno de sus pretextos para despedir de manera masiva a trabajadores del Estado.

Es más, hasta mostraron fotos y videos de la residencia presidencial sucia y descuidada, como un símbolo más de la supuesta decadencia kirchnerista.

En su análisis, el expresidente aseguró que Argentina ya comenzaba a recuperarse económicamente, que la inflación iba a la baja, que la pobreza ahora sí se iba a reducir, cuando de repente llegaron las elecciones internas que él perdió y entonces todo se derrumbó de nuevo "por el miedo que generó la vuelta del kirchnerismo al poder".

Antes, dijo, un error propio fue que él y su equipo se pusieron a la defensiva después de la reforma previsional que el Congreso votó en diciembre de 2017. "Nos tomaron la plaza con 10 toneladas de piedra", dijo al victimizarse y recordar las históricas manifestaciones de ese día y que fueron enfrentadas con violencia por parte de las fuerzas de Seguridad.

Fueron jornadas plagadas de tensión. Muchos ciudadanos, entre ellos decenas de periodistas, terminaron golpeados, gaseados o detenidos sin justificación alguna. Porque el suyo sí fue un gobierno que reprimió la protesta social.


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No sorprendió que en la entrevista Macri negara su participación en los escándalos de espionaje que investiga la Justicia. Casi ningún político reconoce delitos. O que no aclarara los misteriosos motivos de su viaje a Paraguay en plena cuarentena ni su insensibilidad por irse de vacaciones a Europa, mientras millones de argentinos siguen agobiados por una pandemia mundial.

Pero, más allá de sus balances, de sus palabras, ahí están los resultados concretos de sus cuatro años de gobierno: Macri dejó más pobreza, inflación, deuda y recesión. Su gobierno no será recordado por ningún gran logro, por ningún avance en los derechos sociales.

Su herencia fue una grave crisis económica que, por más justificaciones que quiera dar, lo convirtieron en un presidente que no se pudo reelegir, que perdió en una primera vuelta y que hoy apenas si roza una popularidad del 20% con la que intenta construir un liderazgo opositor.

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