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Opinión y Actualidad

Crítica de "Transformers: el despertar de las bestias"

Steven Caple Jr. dirige "Transformers: el despertar de las bestias", que eleva el nivel de espectáculo de su antecesora, ‘Bumblebee’, rodada por Travis Knight, en 2017.

08/06/2023

Por Pablo Vázquez
Para Fotogramas

En 2007 Michael Bay consiguió su mejor película (con permiso de la excelente ‘Dolor y dinero’) con la adaptación del volátil imaginario de los juguetes de Hasbro. La estela de aquella comedia de acción con su punto spielbergiano (que ejercía de productor ejecutivo, como aquí) sería alargada hasta el agotamiento en una saga de interés decadente, que año tras año proporcionaría a un público cada vez más hastiado artefactos más largos, estériles y ruidosos, mientras Bay no parecía interesado en otra cosa que en pasárselo bomba con sus cacharritos, como el Sammy Fabelman que jugaba a rodar sus primeras obras con maquetas de trenes en la película de, sí, otra vez, Steven Spielberg. Consecuencia lógica que la notable y muy John Hughes ‘Bumblebee’ (Travis Knight, 2017) marcara el punto de giro que el fandom pedía a gritos: la saga dejaba de ser aparatosa y bigger-than-life para volverse doméstica y portátil y recuperar, de paso, el tono humorístico y la ternura del primer título, priorizando las teclas emocionales de sus personajes (cargados de referencias ochenteras en la mochila) a las explosiones orgiásticas. La sonrisa melosa de Hailee Stenfield ponía todo lo demás.

Situada en la década de los noventa y reconocidamente inspirada en la serie televisiva ‘Beast wars’ (1996), ‘Transformers: el despertar de las bestias’ continúa la senda de su antecesora, pero eleva un par de grados el factor espectáculo sin caer en el exceso o la sobreestimulación, como preámbulo de una nueva era en el curso de la saga, con conexión latinoamericana incluida. Lo mejor que se puede decir de ella es que no desmerece al reconfortable espíritu de ‘Bumblebee’: Steven Caple Jr. es un artesano fiable y arquetípico, por lo que sabe emplear sus cartas dosificando los ingredientes de acción y aventuras sin que miremos el reloj o la pantallita del móvil. Esta séptima entrega, con un espíritu clase obrera digno del ‘Robocop 3’ (1993) de Fred Dekker, es la esencia de esa serie B con anabolizantes y corazón de videoclub de barrio que agradará a los amantes de las continuaciones puramente pulp de ‘Pacific Rim’ o ‘Independence Day’ o de la rescatable ‘Battleship: batalla naval’ (P. Berg, 2012), también a partir del metaverso Hasbro. La película de Caple Jr., más que a Spielberg y a Bay, a veces parece querer arrimarse al fantástico de Stuart Gordon (‘Robot Jox’, ‘Space Truckers’, incluso ‘Fortaleza infernal’) o a una producción de Charles Band como la añorada saga ‘Trancers’.

Los guionistas son plenamente conscientes de esta naturaleza derivativa y kitsch, por lo que condimentan el metraje con referencias y chascarrillos a costa de hitos de la cultura popular (de ‘Hard Die’ a Indiana Jones, aunque en este caso casi convendría más evocar ´El misterio de la pirámide de oro´), sin renegar en ningún momento de los episodios anteriores, como demuestra esa broma amable sobre Mark Wahlberg, culminando la fiesta con el anuncio de un crossover tan disparatado como suculento, perfectamente coherente con la esencia de este entretenido eslabón de cine alado, ligero y cumplidor que, por suerte, apenas supera las dos horas.

Para activistas de la otra revolución trans.