La captura de Nicolás Maduro y su esposa es sólo el comienzo de la operación. Ahora viene la parte más difícil. ¿Quién tomará las riendas? ¿Qué rol tendrá Estados Unidos en la transición? ¿Qué pasará con la riqueza petrolera? Muchos interrogantes y pocas respuestas.
Por Carlos Malamud, en diario Clarín
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales ha supuesto la caída del dictador, aunque el fin del régimen sigue siendo incierto. Donald Trump, en su rueda de prensa, no terminó de aclarar las cosas, al denigrar a María Corina Machado (“no tiene ni el apoyo ni el respeto del país”) y, simultáneamente, negociar con la vicepresidenta Delcy Rodríguez.
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Buena parte de la sociedad venezolana y la oposición política, dentro y fuera del país, recibieron con alegría la detención, algo totalmente comprensible tras 25 años de sufrimiento. La falta de una salida clara hizo que se agarraran a un clavo ardiendo como fue el despliegue militar en el Caribe. Será importante ver si la agenda democrática de la oposición coincide con la agenda hemisférica MAGA, el nuevo corolario de la Doctrina Monroe y sus intereses petroleros.
De momento, por paradójico que parezca, se ha ejecutado la parte más sencilla del plan. El traslado de la flota naval se hizo sin contratiempos ni oposición interior o exterior y la planificada operación comando fue exitosa. Sin embargo, ahora empieza lo más difícil, la alta montaña para los ciclistas, ante una transición dirigida y controlada por y desde Estados Unidos.
Entre las complicaciones futuras: qué papel jugará el Congreso, sobre todo si para garantizar la transición se decide desplegar tropas. Cuando en 1989 se invadió Panamá se movilizaron 26.000 efectivos, pero Venezuela es varias veces mayor, con una geografía compleja y diversos grupos armados activos y no fáciles de doblegar.
Todos tienen vínculos con el narcotráfico, como los colectivos chavistas, el Tren de Aragua, el colombiano ELN y las disidencias de las FARC. Y si comienza una nueva era, muchos militares perderán su trabajo y sus non sanctos ingresos, lo que generará mucha “mano de obra desocupada”, con su secuela de violencia e inestabilidad.
Las dudas sobre la transición
Habrá que saber cuánta fuerza se empleará en la operación “transición”, quién la implementará (Delcy o María Corina), qué papel jugará el departamento de Estado y, sobre todo, cuánto dinero piensa invertir Trump para el triunfo de la empresa. Según sus palabras, ésta no repercutirá en los bolsillos del contribuyente norteamericano ya que será el subsuelo venezolano, y su petróleo, quien la financie. Pero, para que el maná negro arribe y el dinero fluya en cantidades apreciables habrá que esperar un tiempo más que prudencial.
La historia recién empieza y la caída de Maduro es un eslabón suficiente pero no necesario. El camino estará repleto de curvas e inconvenientes, mas el pueblo venezolano ha recibido el cambio con fe y esperanza y hará todo lo posible para que el experimento prospere.
Aún es pronto para echar las campanas al vuelo por más que la imagen de Maduro difundida por Trump, su trofeo de caza y un aviso a navegantes, muestre a un hombre totalmente derrotado. Pero, más allá de estas consideraciones, lo cierto es que finalmente llegó la hora de los venezolanos.