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Opinión y Actualidad

Álvaro Santana: “La solidaridad latinoamericana está en crisis”

El académico canario, tal vez quien más sabe sobre la vida y la obra de Gabriel García Márquez, analiza los acontecimientos de la región y la crisis en Venezuela tras la captura del dictador Maduro por parte de los EE.UU.

Hoy 04:53

Por Juan Cruz, en diario Clarín
Profesor titular de sociología en el Whitman College, Washington, Estados Unidos, Álvaro Santana nació en Tenerife, Canarias, no conoció a Gabriel García Márquez pero ahora es quien más sabe (quizá) de la vida y los milagros (literarios) del autor de Cien años de soledad. Ha puesto en marcha (en Bogotá, irá a otras capitales) la mayor exposición sobre la vida y obra de Gabo, ha escrito libros sobre él y ahora está consternado por lo que pasa en la región del mundo que tanto importó al escritor que más admira: América Latina.

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--Imaginemos a Gabo ahora. ¿Qué imágenes crees que le llamarían más la atención?

--Era un latinoamericanista convencido. Perteneció a una generación de escritores que supieron celebrar su identidad regional y nacional (era caribeño y colombiano) y construir una identidad latinoamericana abierta al mundo. Por eso, sus libros se leen como historias caribeñas y colombianas y como historias latinoamericanas y universales. Como sus grandes compañeros en la aventura de unificar las letras de toda región, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Carlos Fuentes y otras tantas voces, Gabo demostró que a partir de un conocimiento detallado de una realidad local se podía conversar todos los pueblos del mundo, como logró en Cien años de soledad.

--¿Cuál es, para ti, el mérito que ha hecho que ese libro siga vigente como si lo hubiera escrito hoy?

--García Márquez decía que era tan solo un “notario” de las cosas que veía o que le contaban desde niño. Por eso, lo que nos cuenta en Cien años de soledad sí “ocurrió”. Uno de los momentos más increíbles de la novela, el ascenso de Remedios la Bella al cielo, era una historia que había escuchado sobre una joven que se fugó con su novio, pero su familia, avergonzada, prefirió contar el cuento de que ella había subido al cielo. Gabo le dio un giro literario en la novela a esta anécdota real. Él insistía en que no había ni una sola línea de esta novela que no tuviera una base real. Ese realismo es clave en la vigencia de la novela. Pero al mezclarlo con situaciones que parecen increíbles Gabo introdujo el componente maravilloso que, gracias al éxito de la novela, se popularizó con el nombre de “realismo mágico”.

--Eres canario. Le escuché a Gabo hablando de las islas como si fueran una prolongación de América Latina.

--Canarias fue durante siglos la puerta de entrada al Nuevo Mundo. Todo lo bueno y lo malo que salió de España y llegó a América Colón pasó antes por Canarias, donde a menudo se experimentó como si las islas fueran un primer laboratorio, desde los cultivos como la caña de azúcar hasta las ideas de la Ilustración europea. Esa relación especial incluye la literatura. Por eso, hay referencias a Canarias en las obras de García Márquez, como en la manera en que describe en El general en su laberinto a Simón Bolívar, que “hablaba con la cadencia y dicción de las islas Canarias”.

--Vives ahora donde estudiaste, pero ya como profesor en Estados Unidos. ¿Cuáles serían hoy las diferencias con otros periodos de ese país?

--Llegué por primera vez a Estados Unidos once días antes del atentado a las Torres Gemelas. Esa tragedia cambió el país para siempre y creo que explica mucha de su realidad actual, dominada por la polarización política y moral y por el miedo al otro y la xenofobia. No vivo con miedo en el país, pero conozco personas cercanas que sí viven atemorizadas con ser detenidas y deportadas. Algunas son estudiantes de mi universidad.

--América Latina ya es una región que vive, de arriba abajo, novedades peligrosas. ¿Qué hecho te ha llamado más la atención?

--Me preocupa que la polarización política y moral y la xenofobia que veo está enfermando el día a día de muchos países de América Latina. Es muy triste escuchar a ciudadanos de un determinado país latinoamericano estigmatizando y comportándose de manera racista hacia ciudadanos de un país hermano que huyen de dictaduras o de la pobreza y tan solo buscan una vida digna. La solidaridad latinoamericana ésta en crisis.

--¿Cómo ves el porvenir de esos países?

--Quiero ser optimista y creer que lo que estamos viviendo no es más que una triste situación coyuntural.

--”Cien años de soledad” fue un título profético. ¿En qué parte de la profecía seguimos?

--Creo que estamos en el momento de la novela cuando la expedición liderada por José Arcadio Buendía está atravesando una selva tan tupida que todo se oscurece a su alrededor y el mundo se vuelve triste. Aguardo el momento en que la expedición, nuestro mundo actual, saldrá de la selva y encontrará la luz y conocerá nuevas maravillas.

--Gabo era un cosmopolita de la lengua española. ¿Cómo se le premió esa preocupación?

--Sobre la mesa de su despacho en la Ciudad de México llegó a tener hasta tres teléfonos. Se rumoreaba que uno de ellos era una línea directa con La Habana. Era un cosmopolita político que hizo muchas cosas en secreto en favor de la paz en Colombia y de la democracia en América Latina. Sin embargo, su preocupación democrática fue criticada por muchos, incluido Vargas Llosa.

--Ha sido imposible dar por finalizado el boom… ¿Qué lo ha marcado como una literatura para siempre?

--El boom es uno de los movimientos culturales más influyentes del siglo XX. Si su influencia perdura se debe a la enorme calidad de las obras escritas por autores en los que cada vez, y con justicia, se reconoce la presencia de numerosas mujeres. Actualmente, vivimos un boom de adaptaciones de obras del boom al cine: Cien años de soledad, Pedro Páramo…

--Sorprende que no se rompieran las lenguas hispanoamericanas. ¿De dónde proviene esa fortaleza?

--Que un español pueda entenderse hablando con un peruano y viceversa o un mexicano con un paraguayo o un descendiente hispanohablante de migrantes en Estados Unidos con un ecuatoriano y así en una suma infinita de combinaciones es una de las maravillas culturales del mundo.

--Vives pendiente de varios países. Ahora, además, tienes casa en Madrid. ¿Qué te dicen ahora este país y esta ciudad?

--Sí, por trabajo y familia, vivo pendiente del día a día en seis países en dos continentes. Al migrar desde Canarias a Estados Unidos nunca hice ese ritual de los canarios que se iban fuera y primero vivían en Madrid. Durante años, Madrid fue para mí una escala de aeropuerto entre Canarias y América. Por los extraños designios del amor, ha sido una colombiana quien consiguió que Madrid sea hoy otro hogar. Pero por desgracia es un lugar donde la política está también polarizada, donde se popularizan discursos xenófobos y donde la creciente desigualdad social está haciendo imposible para miles de personas el acceso a una vivienda digna.

--¿⁠Cómo viviste la noticia de la detención de Maduro?

--En Canarias y con el corazón en un puño. Estaba escribiendo en una cafetería y una mujer, que luego supe que era venezolana, me vio con el ordenador y me preguntó “¿podrías mirar si Estados Unidos está atacando Venezuela?” La vi perplejo, sin hablar. Mientras buscaba en Internet, rogué que estuviese equivocada y que lo del ataque fuera un fake news. Pero el titular de un periódico nos golpeó en la cara: “EE. UU. ataca Venezuela”. Sentí entonces un vacío en el estómago y se me puso la piel de gallina. No creo que la mía haya sido una reacción especial. Para un canario, Venezuela es como una isla más del archipiélago. Desde el siglo XIX, decenas de miles de canarios emigraron a ese país y, desde los comienzos del Chavismo, han sido miles los descendientes de canarios que se han afincado en las islas.

--¿Cómo lo hubiera narrado Gabo?

--Quizás como hizo en El otoño del patriarca. Llegó a Caracas a comienzos de 1958 y vivió en carne propia la caída del dictador Pérez Jiménez. En el Palacio de Miraflores vio una escena que jamás olvidó: un militar temeroso salió de golpe, fusil en mano, de una estancia rumbo al exilio. Esa imagen del militar huyendo capturó tanto su imaginación que le inspiró su libro sobre la soledad del poder. En esas imágenes de un Maduro capturado, y solo Gabo acaso reconocería de nuevo las desventuras de los poderosos ya solos y sin poder.