Un gen vinculado hasta ahora a la pigmentación de la piel podría explicar la actitud de los progenitores hacia sus crías en los roedores, aunque sus hallazgos no son todavía extrapolables a los humanos.
Investigadores del Instituto de Neurociencia de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, han encontrado un gen que actúa en los ratones como 'interruptor' cerebral para el comportamiento paternal afectivo.
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El resultado de su investigación sobre las bases neurológicas de la paternidad en roedores ha sido publicado este miércoles en la revista Nature.
Hay unas seis mil especies de mamíferos y, de ellas, el 95 % dependen casi exclusivamente de sus padres para la crianza. Pero estos muestran un amplio abanico de comportamientos, desde los más cariñosos hasta los más abiertamente hostiles. Los neurocientíficos Forrest Rogers y Catherine Peña, junto a un equipo de otros cinco investigadores, se propusieron averiguar por qué.
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Tomaron como ejemplo al ratón rayado africano, que presenta diversas reacciones hacia sus crías tras convertirse en progenitores. El equipo registró la actividad neuronal de estos roedores en diversas situaciones, con o sin crías. Y encontraron picos de actividad en una zona específica del cerebro cuando los machos se encontraban con un ratón joven. Una actividad correlacionada con la actitud hacia ellos: a mayor actividad neuronal en esa área preóptica medial, mayor actitud de ayuda.
Una actividad cerebral conocida en las madres
Los científicos ya sabían que las nuevas madres de otras especies de roedores (como topillos, hámsteres o ratas) también sufren cambios en esa región del cerebro, lo que sugiere que esa zona está 'recableada' de manera similar tanto en las madres como en los ratones rayados paternos. "Pero en el caso de los machos, no es el embarazo ni la paternidad lo que transforma sus cerebros", explica Rogers, coautor del estudio.
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"Los solteros pueden ser tan capaces de cuidar como los padres experimentados", afirma. No era solo por la actividad en esa zona específica del cerebro: los ratones padres más cariñosos también mostraron niveles más bajos de un gen llamado 'agouti', relacionado en estudios previos con el metabolismo y la pigmentación de la piel. "Descubrir este papel previamente desconocido en el cerebro para la conducta parental fue emocionante", dijo Rogers.
Los machos solitarios, por ejemplo, presentaban niveles menores de este gen que los que vivían en grupo. Los mejores cuidadores desempeñan un papel activo en el cuidado de las crías; las lamen y asean para mantenerlas limpias, o las acurrucan bajo su vientre para mantenerlas calientes y a salvo de las inclemencias del tiempo, pero los peores ignoran a las crías indefensas o incluso las atacan.
Terapia genética para modificar el comportamiento
Para entender mejor cómo afecta ese gen en la crianza de los hijos, los investigadores utilizaron terapia genética para aumentar artificialmente los niveles de 'agouti' en el cerebro, tratando así de imitar la biología natural de un padre negligente, y comprobaron así que cuando los machos se reencontraron con sus crías después del tratamiento, mostraron menos interés en ellas que antes, y algunos incluso se volvieron agresivos.
También al revés, porque con algunos roedores probaron un tratamiento 'natural' y trasladaron a algunos machos desde un régimen de vida comunitario a uno solitario y descubrieron que sus niveles de ese gen disminuyeron y que los animales mostraron entonces más interés en las crías."Nuestros hallazgos apuntan a 'agouti' como un mecanismo evolutivo potencial que permite a los animales integrar información ambiental, como la competencia social o la densidad de población, y ajustar el equilibrio entre la autoconservación y la inversión en la descendencia", explica Peña, coautora del estudio.
Los investigadores han destacado en su investigación que el gen 'agouti' también se encuentra en los humanos, pero queda por estudiar su impacto en la actitud hacia los hijos. "La crianza de los hijos es un rasgo complejo. No sugerimos que se pueda tomar una pastilla para ser un mejor padre o madre, ni que las dificultades con la crianza reflejen alguna deficiencia molecular", afirmó Peña.