La victoria del Bicho ante Barcelona dejó polémicas fuera de la cancha: ingreso al vestuario arbitral, reclamos cruzados y un fuerte cruce con César Farías.
La noche copera en el Estadio Monumental Isidro Romero Carbo tuvo de todo. Argentinos Juniors ganó 1-0 ante Barcelona Sporting Club y dio un paso clave rumbo a la fase de grupos de la Copa Libertadores, pero el foco se corrió rápidamente a los incidentes extrafutbolísticos que marcaron una jornada caliente en Guayaquil.
Antes del partido, un alto dirigente del Bicho y Sergio Batista ingresaron al vestuario arbitral, un sector de acceso restringido. Según trascendió, el objetivo fue entregarle una estatuilla de Diego Maradona a la terna encabezada por el chileno Fernando Vejar. Aunque la acción tendría aval reglamentario y sería una práctica habitual, desde el club ecuatoriano exigieron que el obsequio fuera devuelto y expresaron su malestar.
En lo estrictamente deportivo, el equipo dirigido por Nicolás Diez se impuso con un gol agónico de Diego Porcel y logró sostener la ventaja pese a la expulsión de Francisco Álvarez. Sin embargo, cuando parecía que las aguas se calmaban, la tensión volvió a explotar en los pasillos del estadio.
Un utilero del conjunto argentino fue al vestuario local para intercambiar camisetas prometidas entre jugadores, pero fue interceptado por el entrenador César Farías, quien, según testigos, lo increpó y quiso agredirlo al grito de “Festejás en mi casa”. El episodio no pasó a mayores, aunque incluyó empujones y palabras subidas de tono.
El cruce se dio en un contexto ya cargado por la polémica inscripción de Matías Lugo. Desde Barcelona habían acusado demoras administrativas en el envío del transfer internacional, mientras que el presidente del Bicho, Cristian Malaspina, negó cualquier maniobra intencional y defendió la postura institucional. Así, el primer capítulo de la serie dejó mucho más que fútbol y anticipa una revancha cargada de tensión.