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José “Pato” Luna, el clásico goleador de Mitre

En un mano a mano imperdible repasamos la trayectoria de uno de los grandes goleadores de nuestro fútbol y máximo artillero del clásico entre Central Córdoba y el Aurinegro.

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04/06/2020 -

.Al ingresar a su querida cancha de Mitre para realizar la nota, sus ojos se llenaron de nostalgia y brillaron como él lo hizo cada vez que enfrentaba a un arquero.

Se llama José Osvaldo Luna, pero todos lo conocen como “Pato”. Su nombre es sinónimo de Mitre y gol.

Fue uno de los grandes delanteros que dio nuestra tierra y que hasta el día de hoy ostenta con orgullo el hecho de ser el máximo goleador de la historia de los clásicos entre Mitre y Central Córdoba, con 13 conquistas.

Sus comienzos...

“A partir de los 12 años empecé a venir al club. Hice Inferiores, jugué en la sexta, la quinta y la “cuartita” y después di el salto a Primera. Gracias  Dios jugué tantos años y convertí tantos goles que el hincha te agradece eso hasta el día de hoy”.

Además de ser uno de los goleadores de Mitre sos el máximo artillero de la historia del superclásico ante Central Córdoba…

“Yo estaba para eso, para hacer los goles y mis compañeros hacían lo suyo. Es importante inculcarles a los chicos que algún día jugarán en la Primera de Mitre que la tomen como suya a la camiseta, como a una madre. A mí me costó, siendo uno de los goleadores históricos, no poder traer a mi madre para que me vea. A ella no le gustaba el fútbol y quería que estudiemos, siempre me lo decía, pero yo salía de casa y no iba a la escuela (de Comercio), me venía al club. Un día le digo mami vamos a la cancha jugamos contra Central y vas a estar en la platea, pero se negó y me dijo ‘yo nunca te voy a ver’, y nunca vino a la cancha. Pero mi papá si, era muy hincha de Mitre y futbolero”.

Llegaste a los 12 años y cómo fuiste escalando en Mitre…

“Aquí había un hacedor de jugadores, Ramón Ignacio Santillán (Chocharo), una gran persona. El seleccionaba a dos o tres chicos de la quinta para que pasen a entrenar con la Primera, lo que generaba un gran entusiasmo. Pero cuando estaba por practicar en Primera, el entrenador de ese momento me comunica que tenía un problema en el corazón y que no podía continuar con la pretemporada. Yo le contesto que no podía ser porque no me habían hecho ningún estudio, le consultó a mi mamá, me dice que no tenía ningún problema y después lo confirmamos cuando me llevó al médico. Era el más chico del plantel, quizás estaba sobrando y él utilizó eso como una excusa. Ese año decidí dejar de jugar, hasta que apareció el Bebe Aliende, quien me preguntó porqué no iba a entrenar. Le conté me decisión y me ofreció prestarme a Agua y Energía. Ahí me cobija “Pepe” Bellido, en realidad mi puesto era de número 8, de 5, también podía jugar de 4, y él me dice un día ‘vas a jugar de 9 falso’, que hoy se usa. Él me hizo número 9. Ese año juego en la B, perdemos la final con Villa Unión pero a pesar de eso fue el goleador del torneo con más de 30 goles. Allí surgió el interés de varios clubes, entre ellos Central Córdoba y Sarmiento, por lo que Mitre me declara intransferible y vuelvo al club. Ahí comienza mi carrera en Mitre. El entrenador era don Julio San Lorenzo, que nos gana la final dirigiendo a Villa Unión, pero le pide a los dirigentes que no me vendan. Y me hizo debutar ante Unión Santiago en un partido que perdimos 3 a 2”.

¿Llegaste a resignar plata por tu amor a Mitre?

“Sí, resigné plata y también puse para un viaje. Yo le comento a mi papi y me dice que tenía unas reservas. Luego comenzaron las reservas para los colectivos de las agrupaciones, teníamos que jugar en Marcos Juárez, donde ganamos 2 a 1 y clasificamos. Desde ese momento empezamos a armar el paquete para la serie ante Gimnasia de Jujuy. El primer partido lo íbamos perdiendo de local y lo termino empatando con un gol en el arco que a espaldas a la casa de mi tío Mañu (Luna). Tras el partido me hacen una nota y me preguntan si la serie estaba perdida, y contesté que no, porque nosotros ganábamos más de visitante que de local. Allá pasaron los 90 minutos, el alargue y llegamos a los penales con jugadores acalambrados y muy cansados. Ninguno quería levantar la mano para patear, pero Kuky Barrientos arma la lista y pone primero a René (Bravo), luego Chata (Jugo) y después yo. Fabián Paz atajó tres penales, a mí me tocó convertir el tercero y sellar la clasificación, hasta el día de hoy no sabemos quiénes eran los otros dos pateadores nuestros, pero el héroe ese día fue Fabián”.

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Central Córdoba te buscó, ¿hubieses ido a jugar?...

“Jorge Gómez Paz fue el médico que me operó sin cobrarme nada, algo que siempre le agradecí. Era presidente de Central Córdoba y él me dijo si quería ir, pero yo le contesté doctor por usted encantado, pero en este momento no están dadas las pautas para que yo vaya”.

Los goles a Central que más recuerdas…

“El primer clásico que juego fue en el año 1983. Ganábamos uno a cero con un gol mío de penal, empata el Pollo Roldán y hago el segundo para el triunfo. Era mi primer clásico, salir de casa tan nervioso, y venir y convertir dos goles fue una locura para mí. Ahí empieza mi paternidad en los clásicos. Teníamos un técnico tan particular como don Julio San Lorenzo, el venía de Buenos Aires con otro roce. Yo no quería salir del vestuario para que me hagan una nota, así que el me ‘retó’ por eso y tuve que salir y dar la nota. No sé como habrá salido, pero hacer una nota con Rogelio (Llapur) era lo máximo”.

¿Ese primer clásico te dio confianza para jugar los siguientes?

“Yo soy muy hincha de Mitre y perder un clásico me dolía hasta las lágrimas. La hinchada te pedía que vengas y conviertas. Tuve la suerte de hacerle muchos goles a Central y el hincha hoy por hoy te lo agradece. Hasta en la actualidad hay hinchas de ellos que me dicen ‘nos tenías de hijo’ y esa es la inmensa alegría que tiene uno, que la gente te reconozca y sobre todo la de Central”.

¿Qué te genera verlo a Mitre en la Primera Nacional? ¿Sentís nostalgia?

“Hubiese sido lindo llegar, pero a la vez creo que económicamente no estábamos para afrontar un torneo de esa magnitud. Todo se hacía a pulmón. En esa época los gobiernos no ayudan como ahora ni teníamos un presidente del nivel que tenemos en este momento. Pero me hubiese gustado para saber donde estábamos parados con jugadores de Santiago”.

Qué recordás de tus pasos por otros clubes…

“Fui de refuerzo a Unión Santiago, armamos un grupo muy bueno en un equipo que venía de ser campeón. Perdimos una final con Gimnasia de Jujuy. Después fui a Sarmiento en el año 96, también se armó un gran grupo con el Capo Noriega y terminamos perdiendo la final por el ascenso ante Almirante Brown de Arrecifes. También jugué en Central Argentino y Platense de Añatuya. En Unión Santiago era suplente, el recambio número 1. Un día debíamos enfrentar a Mitre y me cita Tato Medina y le dije que no iba a enfrentar a Mitre, de ninguna manera y logré convencerlo. En Sarmiento se dio una situación parecida a la hora de enfrentar a Mitre. El Capo Noriega me convoca y le digo que no quería jugar. El me explicó que no tenía opción y tuve que jugar. Cuando empezó el partido la tocaba para atrás (risas), jugando contra mi voluntad. Hasta que llega un remate de Lescano, tapa Tombolato y me deja servido el rebote. No podía tirarla arriba porque se iban a dar cuenta y tuve que hacerle gol a Mitre sabiendo que después tenía que volver. No lo grité y me fui caminando".

Cuando decidiste colgar los botines…

“Fue en el año 1997, fue una final ante Güemes en la cancha de Unión Santiago. Si ganamos está todo bien y si perdemos también dije, porque ya había cumplido mi ciclo. Ganamos la final y dejé de jugar, el fútbol es así, muy lindo, hay que saber disfrutarlo”.

Que significa Mitre en tu vida…

“Los Luna llevamos esto aquí dentro de la cancha. Un día conversando con mi señora le dije que lo más grande sería que me vele en Mitre y tires las cenizas en el club, porque siempre voy a estar ligado a Mitre. Es mi lugar”.

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