No hay demasiadas palabras para describir lo que fue el empate 2-2 entre Fulham y Liverpool, un encuentro cambiante, cargado de drama y con un final digno de película. En Londres, ambos equipos protagonizaron uno de los mejores partidos del año, con emociones hasta el último segundo.
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El Liverpool comenzó mejor y asumió el control desde el inicio, pero el Fulham golpeó primero. A los 17 minutos, el local abrió el marcador tras una gran jugada colectiva y desde allí complicó a los Reds con un sólido 4-5-1, que obligó a Alexis Mac Allister a retrasarse más de la cuenta y le quitó fluidez al juego visitante.
Todo cambió en el segundo tiempo cuando Arne Slot adelantó al argentino. Con Mac Allister como eje, el Liverpool empezó a crecer: el volante de la Selección Argentina manejó los ataques, distribuyó juego y también llegó al área. Incluso, minutos antes del empate, estrelló un cabezazo en el travesaño. Poco después, Wirtz puso el 1-1 y parecía que la visita tomaba el control.
Sin embargo, fiel a su irregularidad, el Liverpool volvió a ceder terreno y el Fulham recuperó protagonismo, coincidiendo con una menor influencia de Mac Allister en el medio. El partido ya era impredecible y así lo confirmó el cierre: a los 94 minutos, cuando los Reds estaban contra las cuerdas, Gakpo marcó el 2-1 y desató el festejo visitante.
Pero todavía quedaba una escena más. Tras sacar del medio, el Fulham fue al ataque y Harrison Reed, que había ingresado a los 92’, sacó un bombazo desde más de 30 metros que se clavó en el ángulo izquierdo de Alisson, para sellar el 2-2 definitivo y firmar uno de los goles de la fecha.
El resultado dejó sabor a poco para ambos. El Liverpool no pudo afirmarse en el cuarto puesto, en zona de Champions League, y aunque estiró su racha a nueve partidos sin perder, sigue mostrando irregularidad. El Fulham, en tanto, desperdició una gran chance de acercarse a los puestos de copas. Los únicos que no se lamentan son los neutrales, que disfrutaron de un partidazo memorable.