El agotamiento persistente no siempre se resuelve con dormir más. La alimentación cumple un rol clave en la energía diaria y en el equilibrio del estado de ánimo.
Por la Lic. Viviana Viviant, en TN
El cansancio, la astenia, el agotamiento o el letargo son sensaciones subjetivas de falta de energía física, mental o de ambas. No es lo mismo hablar de fatiga que de somnolencia: mientras esta última se manifiesta como necesidad de dormir, la fatiga implica una disminución de la energía y la motivación. La apatía y la somnolencia pueden ser síntomas asociados, pero no son sinónimos.
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La fatiga puede ser una respuesta normal al esfuerzo físico, al estrés emocional, al aburrimiento o a la falta de sueño. Sin embargo, cuando no mejora descansando adecuadamente, alimentándose en forma equilibrada o reduciendo el estrés, es fundamental evaluarla médicamente. No es un dato menor: el cansancio persistente es uno de los motivos de consulta más frecuentes.
Hay patrones que orientan sobre su causa. Quienes se levantan descansados pero se fatigan rápidamente con la actividad diaria pueden estar cursando alguna enfermedad, como el hipotiroidismo. En cambio, quienes se despiertan cansados y mantienen ese nivel de fatiga durante todo el día deben prestar especial atención, ya que puede tratarse de un cuadro depresivo.
Qué pasa en el cerebro cuando falta energía
Los avances en neurobiología permitieron comprender que la astenia tiene su origen en cambios funcionales del hipotálamo, un pequeño pero fundamental centro cerebral que regula el estado de ánimo, el apetito, el deseo sexual, el sueño, la liberación hormonal y las defensas del organismo. Junto con la hipófisis, ajusta múltiples funciones para que el cuerpo funcione de manera óptima.
Cuando este sistema se altera, se produce una pérdida de energía y de interés. En un organismo sano, el pico máximo de energía se da entre las 12 y las 15, mientras que el mayor nivel de fatiga aparece entre la medianoche y las 3 am. En personas con astenia, cambios hormonales, por ejemplo, de la tiroides, los ovarios o las glándulas suprarrenales, alteran el reloj biológico, generando una desincronización entre el momento en que el cuerpo produce energía y en el que debería utilizarla.
Causas frecuentes de la fatiga
Entre las causas más habituales se encuentran la anemia, los trastornos del sueño (como insomnio, apnea obstructiva o narcolepsia), el dolor crónico, las alergias con compromiso respiratorio, el hipotiroidismo, el consumo de alcohol, la depresión y ciertos medicamentos. Antihistamínicos, antihipertensivos, ansiolíticos, antidepresivos, esteroides y diuréticos pueden provocar somnolencia o fatiga. Nunca se debe suspender un tratamiento sin consultar al médico.
Existe además el síndrome de fatiga crónica, una condición que se extiende por más de seis meses, afecta al sistema nervioso central y su conexión con el sistema inmune y endocrino y se presenta con mayor frecuencia en mujeres de entre 30 y 50 años.
Dormir las horas necesarias, priorizando la calidad del sueño; alimentarse de manera equilibrada; realizar actividad física moderada en forma regular; aplicar técnicas de manejo del estrés; evitar cambios bruscos en el ciclo sueño-vigilia y reducir el consumo de alcohol y tabaco son pilares fundamentales.
En lo cotidiano, algunos “nutri tips” simples hacen la diferencia: no salir de casa sin desayunar, organizar las comidas cada tres horas, no abusar de la cafeína y evitar las bebidas energizantes, especialmente combinadas con alcohol.
El pilar alimentación: el top ten que suma energía y buen humor
La alimentación es clave para prevenir enfermedades y sostener la energía diaria. Estos son los 10 alimentos que ayudan a combatir el cansancio y mejorar el estado de ánimo:
Avena. Aporta energía sostenida y vitaminas del complejo B. Muy utilizada en deportistas y niños. En personas con sobrepeso, conviene controlar la porción.
Pescado de mar. Aporta hierro de alta calidad y triptófano, que favorece la producción de serotonina. Además, su contenido de omega-3 se asocia con mejoras en el estado de ánimo.
Nueces. Fuente de energía, vitaminas del complejo B y omega-3. En planes de descenso de peso, la porción recomendada es de dos unidades diarias.
Pastas. Ricas en hidratos de carbono. Las versiones integrales permiten una absorción más lenta y evitan picos de glucemia.
Leche. Además de su rol óseo y cardiovascular, aporta triptófano, con efecto positivo sobre el ánimo.
Chocolate amargo. Contiene sustancias estimulantes que levantan el ánimo. La clave está en la cantidad: entre 20 y 30 gramos son suficientes.
Semillas de lino y chía. Ricas en omega-3 y energía. Pueden incorporarse fácilmente en preparaciones dulces o saladas.
Lentejas. Aportan hidratos de carbono e hierro vegetal. Para mejorar su absorción, conviene combinarlas con alimentos ricos en vitamina C.
Banana. Aporta más hidratos de carbono que otras frutas y contiene triptófano. Incluso en planes de descenso de peso puede consumirse una unidad diaria.
Pan integral, de salvado o multicereal. Fuente de energía prolongada y vitaminas del complejo B. Un desayuno completo debería incluir pan o cereales, lácteos y fruta.
(*) Por la licenciada Viviana Viviant, nutricionista especializada en el tratamiento de la obesidad y autora del libro “Portions - Su porción en la medida justa”.