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Opinión y Actualidad

En caída libre, la economía productiva pide un plan

La producción industrial cae y con ella también los puestos de trabajo registrados, los de más calidad.

Hoy 04:45

Por Alcadio Oña, en diario Clarín
La industria manufacturera es una actividad que, en una definición básica y simplificada, transforma materiales y materias primas en productos terminados, por lo general a gran escala: van desde automóviles, alimentos y equipos eléctricos o electrónicos hasta útiles escolares y muebles. Ese sector, que a la vez expresa el grado de desarrollo de los países y fogonea empleo generalmente de calidad, abundante y bien pago, en la Argentina representa o representaba alrededor del 18% del PBI, cerca del 20% de la actividad productiva si se prefiere.

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De eso también hablamos cuando decimos que la industria viene barranca abajo poco menos que desde el arranque de 2024; esto es, acumula casi un año completo en el tobogán sin respiro o un año largo computando los cinco meses en rojo que se han anotado durante 2025. Puesta de otra manera, la suma da que una pieza clave en el crecimiento económico y el propio crecimiento económico empiezan a atrasar peligrosamente.

Y muy peligrosamente, si la comparación se hace aplicando el PBI industrial por habitante: entonces, ese contraste canta 30% en los años 70 contra el 18% de 2025.

En esta secuencia de afirmación y prueba, los últimos datos del Centro de Estudios de la Unión Industrial (CEU-UIA) basados en cifras de la Secretaría de Trabajo cuentan que entre agosto de 2023 y septiembre de 2025 se perdieron 52.285 puestos de trabajo registrados en la industria. Empleos en blanco, con aportes jubilatorios y coberturas laborales y sociales de los que escasean en este territorio donde hoy abunda todo lo contrario; para el caso, trabajo en negro sin coberturas básicas ni vacaciones pagas ni indemnizaciones por despido.

La lista de especies de la misma especie continúa con la construcción, una actividad que se fue desplomando desde el 24,1% al que crecía en noviembre de 2023 hasta el 4,1% que marcó en noviembre del 25: se esfumaron nada menos que 20 puntos porcentuales, que es como decir casi todo el crecimiento nominal previo.

Mucho más que números, traducida a personas de carne y hueso y según informes del Centro de Estudios de la UIA, la diferencia de 20 puntos significa que desaparecieron 88.800 fuentes de trabajo, formales y en blanco nuevamente. O que casi 90.000 personas perdieron empleos y salarios que cuesta mucho recuperar.

Está claro a esta altura de la historia que si los números abruman es porque la realidad abruma. Y por si hace falta decirlo, también está claro que la industria, la construcción y de paso el comercio –el 50% del PBI—piden un plan productivo, o sea, algo más que la empeñosa, reiterada elaboración de paquetes financieros para seguir corriendo el arco de la deuda sin correrlo por completo. Finalmente, con un poco de ingenio, trabajo y decisión es posible hacer convivir ambas cosas, pues si algo no falta en el gobierno libertario son economistas con años de economistas.

Eso sí, tampoco falta el siempre a mano relato alentador, pretencioso y al fin bastante improductivo en los hechos. Ha dicho no hace mucho José Luis Daza, el segundo del ministro Luis Caputo: “El 2026 será el mejor año en décadas. Y no sólo porque será crecimiento con cuentas macroeconómicas equilibradas, lo que lo hace sostenible...”

Más acá en el tiempo, el propio Caputo remató con el mismo libreto: “Se viene un año de una reactivación fuerte. Estamos cambiando un modelo que era un círculo vicioso y ya hicimos la parte más difícil...”.

Todo muy auspicioso. Solo falta que sea cierto y que no todo termine en la consigna de “ajustarse el cinturón” que a veces se le escapa al ministro y repiquetea de página en página en las planillas del Presupuesto Nacional de 2026.

Último dato para este boletín, también de fuente oficial: la intermediación financiera crece al 22,8%.